Mustafa Al-Salvadori

Mano de madre

Habrá un plenilunio de sol,

un eclipse de mar

y un arco iris de doce colores

en una noche de amores:

tenebrosidad normal.

 

Los adolescentes cometas

parecerán

aliento de dragón

y se podrán divisar

desde los jubilosos domos

de esta ciudad.

 

La gárrula ópera

de las motocicletas

tenores y sopranos

de las aceras

serán por vez primera

presas de la calma

en un desierto en flor:

Un teatro en primavera...

Memoria

Ahí va

en su palafrén blanco

las preces con tono franco

se hacen miel

y endulzan la inmensidad.

 

El Corán

lo traduce en romance

y un te frena el avance

mas las glosas vienen

en tempestad.

 

Ahí va

en su palafrén blanco

yo siempre soñaba

en ser su discípulo:

sólo quería saber...

Los demás

No se debe andar

el camino sin brújula en la noche,

pero lo ando,

voy para mi aldea.

 

Ando,

vengo de Beirut.

 

Ando,

voy c

            a

                y

                   e

                        n

                            d

                                 o

                                      No sé si viviré...

Qom back!

Las convergentes sendas

que ligaban nuestras  vidas

colapsaron por un acaso

en la quietud impávida

de un ocaso en aquella avenida.

 

Los ortodoxos incendios

de pasión café con leche

se volvieron tristes y magros

fuegos mestizos

disimulados

con la sábana de la guerrilla.

 

Y cabalgando el indiferente

y bizco jamelgo

de patas recauchutadas

Amina desertó de mí...

Adiós a los juegos de niños

Aquel bélico día

en que teníamos cinco años

nos divertíamos con el mundo

y sus montañas de turquesa

repletas de potros salvajes importados.

 

Nosotros al pie de esas montañas

jugábamos a las batallas

mientras las dinastías

construían castillos de barbarie.

 

Y vimos nubes de pólvora

embajadoras

de los cara de malos;

sus incoloros caballos

persiguieron a los nuestros

(potros salvajes importados)

y los ojos

se nos llenaron de escarcha:

perdieron el equilibrio...

La cantante

Este es el gran show

en el estacionamiento

del Tigris y el Eufrates;

 

el sol es más atroz

que un taciturno tigre

con el alma enamorada;

 

las voces hablan inglés

y piden feroces una balada,

un cántico y un rock.

 

Los vendedores de helado

ya arrastran

sus obscenos

carros verduscos;

las aeronaves impetuosas,

vehementes

afinan

sus afiladas guitarras,

los buques

su desmesurada percusión...

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