Attar Nishaburi

Historia del schaikh San’an (cuarta parte)

Ahora bien, había en la Caaba un amigo del schaikh que, en su ardor, se había lavado las manos de todo. Era clarividente y estaba en el buen camino y nadie conocía al schaikh mejor que él. Por azar, cuando el schaikh salió de la Caaba para su viaje, este amigo no estaba presente y, cuando este último volvió a su vivienda, no encontró al schaikh en su retiro. Preguntó a los discípulos del santo personaje por las noticias de este último y le contaron todo lo que había pasado, a saber, qué pesada rama de árbol le había herido el pecho por la actuación del destino y qué accidente le había ocurrido a causa de la suerte. La cabellera de una joven infiel -le dijeron-, lo ha atado a uno solo de sus cabellos y ha obstruido para él por cien lados el camino del islamismo. Actualmente juega al amor con bucles de cabellos y efélides; ha quemado su hábito y su posición se ha vuelto completamente anormal. Ha retirado por completo la mano de la obediencia a los preceptos de la religión y a esta hora guarda cerdos. Entregado hoy a este loco amor, el cuerpo rodeado de un zunnar, está irresuelto; pero, aunque el schaikh haya jugado su alma en la vía de la religión, no se puede reconocer su infidelidad como empedernida...

El rey indio prisionero de Mahmud

Los indios tenían un viejo rey que fue hecho prisionero por el ejército de Mahmud. Cuando lo condujeron cerca de este último, acabó por hacerse musulmán. Conoció entonces el amor de Dios y la renuncia a los dos mundos. Se sentó solo en una tienda; su corazón se elevó mientras que él se sentaba en el amor. Durante día y noche estuvo en las lágrimas y el ardor, el día más que la noche y la noche más que el día. Como sus gemidos eran profundos, Mahmud acabó por oírlos. Lo llamó cerca de él y le dijo: "Yo te daré cien reinos preferibles al que has perdido. Tú eres rey, no te desconsueles hasta ese punto; en lo sucesivo, deja de llorar y de lamentarte". -" ¡Oh padischah! -respondió el rey hindú-, yo no lloro a propósito de mi reinado ni de mi dignidad; lloro porque si mañana, en el día de la resurrección,...

El schaikh que se rehúsa a beber

Un hombre de ideas elevadas y con los ojos fijos en la vía espiritual no aceptaba de beber nunca de la mano de nadie. Alguien le dijo: " ¡Oh tú que estás en relación con Dios! ¿por qué no quieres aceptar de beber?" -"Es -respondió-, porque veo de pie, delante de mí, a la muerte dispuesta a ampararse lo más rápido posible del brebaje que yo aceptara. Con semejante perspectiva,   la   bebida   que   tomara   sería   veneno   para   mí.   ¿Cómo   podría   ser   agradable   para   mí   una   bebida   en   estas circunstancias? No sólo sería una medicina para mí, sino fuego".

Lo que sólo tiene un instante de estabilidad no vale ni medio denario, aunque fuera el mismo universo. ¿Cómo tener confianza en algo que dura tan poco y que incluso es una pura nada? Si estás animado por una noble ambición, deja de complacerte en el deseo de un momento de placer y, cuando tu estado esté oscurecido por la despreocupación, no te quejes si ésta no dura más que un instante. Tu dolor y tu aflicción son gloriosos y no envilecedores. Los sufrimientos que han soportado los profetas no son nada comparado con la Karbala. Lo que exteriormente te ha parecido un dolor en realidad es un tesoro para el vidente. A cada instante te llegan cien favores; el mundo entero está lleno para ti de beneficios celestiales. Sin embargo, tú no te acuerdas de estos beneficios, no les prestas atención. ¿Dónde está el índice de tu amor? De la cabeza a los pies no eres más que una piel que envuelve a un oscuro cerebro.

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