Attar Nishaburi

Las lágrimas petrificadas

Un hombre que recogía piedras en una montaña de China derramó abundantes lágrimas de sus ojos y a medida que sus lágrimas caían a tierra se transformaban en guijarros. Si guijarros de este tipo estuvieran en posesión de las nubes, lo que llovería hasta la resurrección no sería más que un objeto de suspiros.

La ciencia es lo propio del hombre puro y verídico. Si hay que ir a China para encontrarla, ve a buscarla allí; pues la ciencia, por el mal querer de los despreocupados, se ha vuelto tan dura de manejar como la piedra. ¿Hasta cuándo será desconocida? El mundo, palacio de dolores, es todo oscuridad; pero la ciencia brilla en él como una lámpara que se dad; pero la ciencia brilla en él como una lámpara que muestra el camino. En efecto, lo que guía tu alma en este oscuro lugar, es la joya de la ciencia, de esta ciencia que dilata el corazón.

El tercer valle o valle del conocimiento (ma’rifat)

"Después del valle del que acabo de hablar -continuó la abubilla-, se presenta otro ante tu vista. Es el del conocimiento (marifat), que no tiene ni principio ni fin. No hay nadie que pueda tener una opinión diferente sobre la longitud del camino que hay que hacer a través de este valle. Realmente no hay ningún camino semejante a éste; pero uno es el viajero temporal, otro es viajero espiritual. El alma y el cuerpo, por la perfección o por el debilitamiento, están siempre en progreso o en decadencia...

 

Anécdota sobre José y Zalika

En la época en que Zalika estaba en posesión de su rango y de su dignidad, hizo un día meter a José en la, prisión y dijo a uno de sus esclavos: "Mételo allí ahora mismo y dale cincuenta bastonazos. Despliega tal fuerza sobre el cuerpo de José que yo oiga sus quejas de lejos". Este esclavo no se apresuró a ejecutar su misión, pues vio el rostro de José y su corazón no le permitió actuar. Este excelente hombre había visto una piel de animal y fue en esta piel donde golpeó con energía. 

El schaikh y el perro

Un impuro perro descansaba sobre el pecho de un schaikh, que no retiró el faldón de su vestido. Alguien le dijo: " ¡Oh tú que eres recomendable por tu devoción! ¿Por qué no te preservas de este perro?" -"Este perro -respondió el schaikh-, tiene un exterior impuro; pero, en realidad esta impureza no es evidente en mi interior. Lo que se manifiesta al exterior respecto a él me está escondido en el interior. Puesto que mi interior es como el exterior del perro, ¿cómo tendría aversión hacia él, si se me asemeja? Cuando la menor cosa obstruye tu camino, ¿qué importa que seas detenido por una montaña o por una paja?"

Oración de Rabiah

Rabiah dijo un día a Dios: " ¡Oh tú que conoces el secreto de las cosas! realiza los deseos mundanos de mis enemigos y da a mis amigos la eternidad de la vida futura; pero, en cuanto a mí, yo estoy libre de las dos cosas. Si yo poseyera este mundo o el futuro, quizás estimaría poco mi intimidad contigo. Pero es solamente de ti, ¡oh Dios mío! de quien tengo necesidad; tú me bastas. Si volviera la mirada hacia los dos mundos o si deseara otra cosa que tú, yo me consideraría infiel".

Las lágrimas petrificadas

Un hombre que recogía piedras en una montaña de China derramó abundantes lágrimas de sus ojos y a medida que sus lágrimas caían a tierra se transformaban en guijarros.  Si guijarros de este tipo estuvieran en posesión de las nubes, lo que llovería hasta la resurrección no sería más que un objeto de suspiros.  La ciencia es lo propio del hombre puro y verídico. Si hay que ir a China para encontrarla, ve a buscarla allí; pues la ciencia, por el mal querer de los despreocupados, se ha vuelto tan dura de manejar como la piedra.

Mahmud y el sabio

Un hombre de puras intenciones y que estaba en el recto camino, vio una noche en sueños al sultán Mahmud y le dijo: " ¡Oh rey cuya fortuna fue tan feliz! ¿Cuál es tu situación en el reino de la eternidad?" Él le respondió: "Golpea mi cuerpo si quieres, pero no aflijas mí alma; no digas nada y retírate, pues no se debe hablar aquí de realeza.

El murciélago en busca del sol

Una noche, un murciélago decía: "¿Cómo es posible que yo no pueda mirar de ninguna forma al sol ni un sólo instante? Durante toda mi vida estoy en cien desesperaciones, a fin de poder estar perdido en él un solo instante. Erro con los ojos cerrados durante meses y años y al final llego hasta aquí". Un contemplativo de penetrante vista le dijo: " ¡Oh tú que estás embriagado de orgullo! aún tienes miles de años de camino para llegar al sol. ¿Cómo, tú que te has perdido, podrás recorrer este camino? ¿Llegará a la luna la hormiga que ha permanecido en el pozo?"

 

El cuarto valle o valle de la independencia (istigna)

"Viene después -continuó la abubilla- el valle donde no hay ni pretensión que tener ni sentido espiritual que descubrir. De esta disposición del alma a la independencia se eleva un viento frío cuya violencia devasta en un instante un inmenso espacio. Los siete océanos ya no son entonces más que un charco de agua; los siete planetas, sólo una chispa; los siete cielos, un cadáver; los siete infiernos, hielo roto. Entonces, sin que se pueda adivinar la razón, la hormiga, ¡cosa admirable!, tiene la fuerza de cien elefantes; entonces perecen cien caravanas en el espacio de tiempo que echa la corneja en llenarse el buche.

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