Simbolismo en las Miniaturas Persas (Segunda parte)

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Simbolismo en las Miniaturas Persas (Segunda parte)

 

Al-Ammusuîn

 

 

 

El Generoso Corán nos dice “Hacia cualquier lado al que os volváis, ahí está la Faz de Dios, Dios es infinitamente vasto, infinitamente conocedor”, haciendo alusión a este estado de lucidez de percepción espiritual; en donde el maestro espiritual al trasmutar su esencia logra vivenciar las realidades del alma.

Recordemos como bien lo señala Martin Lings en su libro “Qué es el sufismo”, que “Ser y Ver” son uno. A este respecto citaré a Rumi «Él es el conocedor y lo conocido, el observador y lo observado; ningún ojo excepto el Suyo ha observado este Universo». Como lo expreso maravillosamente Hallây: «He visto a mi Señor con el ojo del Corazón. He dicho: ¿Quién eres? Ha contestado: Tú».

Frente al Tayadî, podemos ver a dos personajes unidos en complicidad, vemos como sus miradas se cruzan, aunque se deja en claro que existe una superioridad de uno con respecto al otro. Esta superioridad se establece tanto por el simbolismo del color, como por su ubicación espacial en la composición. Pero no debemos caer en el error que dicha superioridad se debe a parámetros materiales, muy por el contrario. No olvidemos que la única distinción por la cual se miren los hombres desde el punto de vista islámico es a través de su piedad. El hombre vestido con una túnica anaranjada que está en una posición de inferioridad con respecto al otro, tiene en su cinturón un pañuelo blanco, que es símbolo de la realeza en el arte persa, el guante es el símbolo del poder real, que solo se alcanza y se sustenta a través de la pureza, como una dadiva divina, como lo señala el Dr. Michael Barry. El hombre que detenta la posición de superioridad es un darwîsh, viste una túnica azul indicativo del triunfo del combate espiritual sobre la psiquis inferior ( nafs ammâra ), y una capa de azul claro, que como ya mencionamos designa la puerta de acceso a los reinos suprasensibles. Este hombre abraza y le da la mano al personaje vestido de anaranjado; que detenta los símbolos del poder terrenal, mientras que lo mira fijamente, dándole fuerza y guiándolo hacia el maestro espiritual que se encuentra abstraído en sí mismo, en la contemplación del amado.El color anaranjado de la túnica de este personaje, nos indica que aún no iniciado el viaje (sayr) que lo conducirá con posterioridad a estados espirituales (tifl). Él es el símbolo del hombre terrenal desligado del espíritu, atrapado en la materia simbolizada por la mujer que con gesto burlón mira la escena desde un balcón de un castillo que representa el lujo y el poder que encadenan al hombre al mundo material. Ella es el símbolo de la vida material; que es descrita en forma magistral por Hafez «No hay nadie que no caiga en el amor a sus trenzas. ¿Quién es el que no cae en la adversidad de esa trampa?» y a la cual el gran hombre de la espiritualidad Yenâbe Shaij, denominada la “anciana”. La mujer confía en la atracción y poder que tiene sobre el hombre material y se ríe de la tentativa de esté de liberarse de su prisión a través de la guía espiritual (al-hidaiah al-batimah) ofrecida por el darwîsh. Pues como Hâfez lo expuso: «Es mi cuerpo polvoriento un velo para la faz de mi alma dichoso sea el momento y el día en que ese velo caiga»;el hombre material se encuentra en una ceguera espiritual (dalâl) que le impiden traspasar los velos (hiyab) que lo separan de la realidad (Haqîqa).

El quinto personaje que mira con atención al maestro espiritual, con una mirada que denota amor, recordemos las palabras del sheij Al-Alawi «en la búsqueda de la Verdad con el ojo del corazón». Viste una túnica de color amarillo que lo identifica como un viajero espiritual, que ha alcanzado la fidelidad de la fe, se ha entregado al abandono total del espíritu a través de la fidelidad a Dios. Es un darwîsh cuyas manos están enguantadas de color negro enlazadas entre sí, como guardando pacientemente a beber del vino que yace frente al maestro espiritual; que lo conducirá a la embriaguez mística. La simbología del gesto y color de sus manos, debemos rastrearlas en el Generoso Corán «Conoce lo está manifiesto ante los hombres y lo que les está oculto». Muhammad Asad nos aclara que la traducción literal de esta aleya es «lo que está entre sus manos y lo que está detrás de ellos». Algunos exegetas coránicos como Muyahid y Ata deducen que "lo que está entre sus manos" significa "lo que les ha ocurrido en esta vida", y "lo que está detrás de ellos" sería una alusión a "lo que les ocurrirá en la Otra Vida". Otros como Ad-Dahhak y Al-Kalbi, deducen exactamente lo contrario y dicen que "lo que está entre sus manos" se refiere a la Otra Vida, "porque van hacia Ella", mientras que "lo que está detrás de ellos" significa este mundo "porque lo están dejando atrás". Muhammad Asad, sin embargo, nos hace notar que no hay que perder de vista el sentido obvio de la expresión idiomática ma baina iadaihi ("lo que está expuesto ante él"): es decir, lo que es evidente o conocido, o perceptible; de igual forma, ma jalfahu significa lo que nos es desconocido o que no podemos percibir. Vemos como se manifiesta el estado espiritual de darwîsh, tanto por el color, que indica la pobreza metafísica y el conocimiento de las diversas etapas del viaje místico; como por la simbología de las manos que refuerzan el símbolo del transitado del mundo material (´alam-e tab´) hasta los reinos suprasensibles (almalakut al-a´la).

De nuevo recurro a Hâfez para ilustrar este punto «¡Eh sufí!, ven que las copas son de cristal transparente para que así puedas ver la nitidez del vino ardiente. Pregúntale los misterios del más allá a los ebrios que a ellos no acceden el asceta penitente Hafez es devoto de una copa de vino, ¡oh brisa nocturna!, díselo al insulso sheij, que del vino soy sirviente».

Al fondo de la pintura vemos a través de una ventana la parte inferior de un árbol de curvo tallo, símbolo del esfuerzo del hombre terrenal por elevar su alma; pero su futura ascensión es un misterio, una ordalía aun por dilucidar, por lo cual, no está representado el árbol en su totalidad, a raíz de esto, no podemos ver su copa, pues el viaje aún no se inicia, solo está en potencia, aun no se manifiesta en acción liberadora. El árbol se yergue en el claro de un bosque que es la prefiguración delparaíso, es conveniente recordar que la palabra paraíso proviene del vocable persa “pairi” (jardín) en su forma peri-daeza, que designa a un jardín cerrado. Vemos como en este jardín, que es una prefiguración del paraíso, como una solitaria y anónima mano se asoma hasta la altura de la muñeca, mientras sujeta una planta. Esta mano simboliza la dadiva de Dios y su promesa de misericordia. A este respecto el Generoso Corán nos dice «DI: "¡Oh Dios, Señor de todo el dominio! Tú das el dominio a quien Tú quieres y se lo quitas a quien Tú quieres; Tú exaltas a quien Tú quieres y humillas a quien Tú quieres. En Tu mano está todo el bien. Ciertamente, Tú tienes el poder para disponer cualquier cosa. Por último dentro de la habitación, que en realidad es una asamblea sufí (Jânegâh) podemos ver como las altas paredes están decoradas diversos animales de pálido color azul, donde cada uno de estos animales indica un reino suprasensible particular (al-malakut al-a´la ).

“De mi mano no ha salido una forma (sûrat) cuyo modelo (nâksh) el Maestro de arriba no hubiera pintado primero”

                                                                                              Sa´di

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