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Poesía

Respuesta de un sufí

Un hombre distinguido dijo a un sufí: "¡Oh hermano mío! ¿Cómo pasas tú tu tiempo?" -"Yo vivo -le respondió--, en unos baños; allí tengo los labios secos y la ropa mojada y no me atrevo a cortar pan para comer, por temor a tener el cuello cortado."

Si por un instante buscas el bienestar en este mundo, es necesario que te duermas o que repitas lo que has visto en sueños. Sin embargo, ponte alerta cuando busques la felicidad, a fin de llegar valientemente del lado del puente Sirat. La satisfacción no está visible en el camino del mundo, pues no se encuentra en él en absoluto. Mientras que el alma concupiscente exista como un ardiente fuego, el corazón no estará contento y, si recorres el mundo por un asunto personal, nadie atestiguará de su satisfacción.

Un hombre distinguido dijo a un sufí: "¡Oh hermano mío! ¿Cómo pasas tú tu tiempo?" -"Yo vivo -le respondió--, en unos baños; allí tengo los labios secos y la ropa mojada y no me atrevo a cortar pan para comer, por temor a tener el cuello cortado."

Si por un instante buscas el bienestar en este mundo, es necesario que te duermas o que repitas lo que has visto en sueños. Sin embargo, ponte alerta cuando busques la felicidad, a fin de llegar valientemente del lado del puente Sirat. La satisfacción no está visible en el camino del mundo, pues no se encuentra en él en absoluto. Mientras que el alma concupiscente exista como un ardiente fuego, el corazón no estará contento y, si recorres el mundo por un asunto personal, nadie atestiguará de su satisfacción.

Un esclavo agradecido

Un rey, benévolo por naturaleza, dio un día una fruta a uno de sus esclavos. Este se puso a comer esta fruta con placer diciendo que nunca había probado una fruta más deliciosa. Estas palabras le dieron el deseo al rey de probarla también y le pidió al esclavo la mitad de esta fruta que él encontraba tan excelente. Este le dio, pues, al rey esta mitad y, cuando el monarca la hubo probado, encontró amarga esta fruta. Frunció las cejas y expresó su asombro de que su esclavo hubiera encontrado dulce semejante amargura. Pero este esclavo, que había entrado en la vía del espiritualismo, le respondió: "Señor,he recibido de tus manos tantos regalos, que no podría rechazar el amargo fruto que me das. Si a cada instante me llega un tesoro de tus manos, ¿por qué me afligiría sólo por una amargura? Puesto que me has colmado de tus beneficios, ¿por qué me alejaría de ti una amargura?"

Cuento del alumno y el maestro

Cierto pupilo era de temple jovial y voz dulce; su maestro, vulnerable como todo ser

humano, sentía atracción por su belleza. Los castigos y escarmientos que propinaba a los

otros infantes no se los aplicaba a él, y cuando se lo encontraba a solas le decía:

 

Oh rostro celestial, siento por ti tal embeleso

que acabo por olvidarme de mí;

no puedo cerrar los ojos cuando te veo

aun cuando una flecha viera venir hacia mí.

El loco de amor por Dios

Había en una esquina un pobre loco y delante de él estaba un célebre rey de Egipto. Este último le dijo: "Veo en ti una especie de habilidad: es la de gozar del reposo". El loco respondió: "¿Cómo encontraría reposo si no puedo librarme de las pulgas ni de las moscas? Durante todo el día me atormentan las moscas y durante la noche las pulgas me impiden dormir. Un pequeño mosquito que entró en la oreja de Nemrod perturbó el cerebro de este insensato. Quizá yo sea el Nemrod de este tiempo pues tengo en herencia, de parte de mi amigo, las moscas, los mosquitos y las pulgas".

Querella de dos sufíes

Dos individuos cubiertos por el hábito de la penitencia se disputaron y se injuriaron ante el tribunal. El juez los envió a un rincón diciéndoles: "No es conveniente que dos sufíes se disputen. Habéis colocado en vuestro pecho la chaqueta de la resignación, ¿por qué se os ha metido en la cabeza el querellaros? Si sois gente de combate y de venganza, tirad lejos de vosotros ese vestido. Si, por el contrario, sois dignos de este vestido, renunciad a esta loca discusión. Yo que soy juez y no hombre del sentido espiritual, experimento una verdadera vergüenza a causa del hábito que lleváis. Más vale que os contentéis con permanecer en la diferencia de opinión que disputaros llevando un hábito."

El difunto criminal

Un indigente murió en estado de crimen y, cuando lo llevaban a enterrar, un devoto que pasaba se apartó diciendo que no había de rezar por tal hombre; pero a la noche siguiente vio en sueños a este desgraciado en el cielo, con el rostro tan brillante como el sol. En su admiración le dijo: "¿Cómo has obtenido, hijo mío, un lugar tan elevado, tú que has vivido siempre en el crimen y que estás manchado de la cabeza a los pies?" Él le respondió: "Dios me ha hecho misericordia a causa de tu falta de compasión hacia mí, a mí cuya conducta ha sido tan desordenada". Ve la sabiduría de Dios en el juego de su amor por los hombres. El rechaza o concede su misericordia. En su sabiduría, envía por ejemplo, en una noche tan negra como el cuervo, a un niño con una lámpara; después envía un rápido viento y le dice: "Levántate y ve a apagar esta lámpara." Después coge a este niño en el camino y le dice que por qué ha apagado la lámpara. Si reprende así a este niño, es a fin de no dirigirle, en el día de las cuentas, más que benévolos reproches...

El verde campo del firmamento

Vi el verde campo del firmamento y la hoz de la luna.

Recordé mis cultivos y el tiempo de segar.

Dije: oh fortuna, re has dormido, y el sol alienta.

Dijo: a pesar de todo, de lo primordial no desesperes.

Di al cielo: no presumas de tal grandeza, que en el amor

un grano de cebada dan por la luna, y por las Pléyades, dos.

Si vas al cielo, como el Mesías, puro y despojado,

de tu lámpara llegarán al sol un centenar de rayos.

No confíes en la estrella nocturna, que este ladrón

la corona de Kavus y el cinto de Cosroes

robó.

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