Poesía

La princesa enamorada de su esclavo

Un rey cuyo imperio se extendía por los horizontes tenía una hija hermosa como la luna, que vivía en su palacio. Por su belleza, avergonzaba a las mismas hadas. Su admirable barbilla era semejante al pozo de José; los bucles de sus cabellos herían cien corazones; cada uno de sus cabellos se apoderaba de una vena animada. La luna de su rostro era semejante al paraíso y sus cejas parecían dos arcos. Cuando lanzaba flechas de estos arcos, el intervalo de los dos arcos recitaba él mismo sus alabanzas. Sus ojos, lánguidos como narcisos, echaban las espinas de las pestañas en el camino de muchos sabios. El rostro de esta dama, parecido a Azra en la superficie del sol, desfloraba la luna del firmamento. El ángel Gabriel estaba en constante admiración de las perlas de sus dientes y de los rubíes de sus labios, que eran el alimento del alma. Cuando la sonrisa animaba sus labios, el agua de la vida perecía desecada, pues tanto se alteraba y pedía limosna a estos mismos labios.

Cualquiera que miraba su barbilla caía de cabeza al fondo del pozo que se encontraba allí y, siendo presa de su rostro semejante a la luna, pronto alcanzaba sin cuerda el fondo de este pozo...

El lomo del león

Autor: 

Una persona encuentra a un profeta

Y de algún modo no dice:

“Señor, ayúdeme a ser”.

¿Cómo es que pides bienestar físico,

Y no una existencia verdadera?

¿Eres como un perro que amas tanto los huesos?

¿Eres como una sanguijuela que desea sólo sangre?

¿Por qué estás tan ciego a lo que el alma necesita?

Llora por ti como cuando llora una nube,

Y entonces las ramas refrescan.

El joyero

Si un hombre ingenuo y desesperado

Trajese al único joyero del pueblo,

Una piedra preciosa

Deseando venderla,

Los ojos del joyero

Comenzarían a juguetear,

Como lo hace la mayoría de los ojos en el mundo cuando te miran.

El rostro del joyero se mostraría sereno.

Él no querrá revelar el verdadero valor de la joya,

Sino que intentará mantener al hombre cautivo en su miedo y avaricia

Mientras calcula

El precio de la operación.

Pero un solo momento conmigo, querido mío,

Te mostrará

Que no existe nada,

Nada

Que Hafiz quiera de ti.

Cuando estás sentado frente a un maestro como yo,

Incluso si eres un desastre,

Mis ojos cantan con Emoción

Ellos pueden ver tu Valor Divino.

El verdadero legado

Había dos príncipes en Egipto; uno adquirió ciencia y el otro amasó dineros. En resolución, uno llegó a ser el más sabio de su época, y el otro, faraón. El rico miró con desdén al sabio y le dijo: «Yo he llegado a ser faraón y he aquí que tú sigues en la indigencia». Le respondió: «¡Oh hermano! Yo he sido el más favorecido por la gracia de Dios, pues soy heredero del legado de los profetas, es decir, de la ciencia, y tú heredero del legado del faraón y Hamán, es decir, del reino de Egipto».

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