Poesía

El teólogo en la agonía

Un sabio teólogo estaba agonizando y dijo: " ¡Ah! si yo hubiera sabido antes cómo -es más alto grado de honor el escuchar que el hablar, ¿habría perdido mi vida discurriendo? Aunque un discurso fuera tan excelente como el oro, más vale no decirlo". La acción es lo propio de los hombres dignos de su misión. ¿No vale más entregarse al amor divino en lugar de hablar? Si tuvieras, como los hombres espirituales, un tierno amor por la religión, encontrarías cierto lo que digo. Puesto que tu corazón es extraño al amor, todo lo que digo te parece fabuloso. Adormécete con abandono como el hombre que rechaza las prácticas exteriores de la religión y te recitaré mis agradables relatos. Si Attar te los ha hecho que te hayan encantado, el sueño te vendrá agradablemente. Duerme, pues, cómodamente: he derramado bastante aceite sobre la arena; he atado bastantes perlas al cuello de los cerdos. Bastante a menudo he preparado esta mesa y sin embargo me he levantado hambriento de ella. Bastante a menudo he amonestado a mi alma y no me ha obedecido; le he dado medicamentos y no le han hecho efecto.

Círculos

La luna es de lo más feliz

Cuando está llena.

Y el sol siempre se ve

Como una moneda de oro sin estrenar.

Que acaba de ser pulida

Y puesta a volar

Por un Beso juguetón de Dios.

Y hay tanta diversidad de frutas

Que cuelgan llenitas y redondas

De ramas que asemejan las manos de  un escultor.

Anécdota sobre Nizam Ul Mulk

Cuando Nizam ul-Mulk estaba en la agonía, dijo: " ¡Oh Dios mío! me voy entre las manos del viento".

     ¡Oh creador y Señor mío! te ruego por los méritos de aquel que yo sé, haber dicho tus palabras, de aquel cuya ley he

aceptado, que he mantenido y amado. Me he dedicado a comprar tu favor y nunca te he vendido por nadie; he buscado con

diligencia

El joyero

Si un hombre ingenuo y desesperado

Trajese al único joyero del pueblo,

Una piedra preciosa Deseando venderla,

Los ojos del joyero Comenzarían a juguetear,

Como lo hace la mayoría de los ojos en el mundo cuando te miran. 

El rostro del joyero se mostraría sereno.

Él no querrá revelar el verdadero valor de la joya,

Sino que intentará mantener al hombre cautivo en su miedo y avaricia

Mientras calcula

El precio de la operación.

Pero un solo momento conmigo, querido mío,

Te mostrará Que no existe nada,

Nada Que Hafiz quiera de ti.

Cuando estás sentado frente a un maestro como yo, Incluso si eres un desastre,

Mis ojos cantan con Emoción-

Ellos pueden ver tu Valor Divino.

A la luz de la luna

La luna está radiante, luciérnaga brilla, el sueño pocas veces se interrumpe, sin embargo, la aflicción por este suerte descuidada interrumpe el sueño en mis ojos cansados.

El amanecer se yergue apesadumbrado conmigo, la mañana me urge a anunciar su arribo.

Oh, qué pena, una espina interior me detiene en mi ruta.

Brota una delicada rosa, que planté con mis manos y regué con mi vida, sus espinas se rompen dentro de mí.

Busco torpemente alrededor para abrir una puerta esperando inútilmente encontrar a alguien, un conglomerado de paredes y puertas se derrumba sobre mi cabeza.

La luna está radiante, la luciérnaga brilla, las llagas marcan un camino distante.

De pie ante la aldea un hombre singular, una mochila sobre su espalda, la mano sobre la aldaba, murmura: "La preocupación por esta suerte hace perder el sueño a mis ojos cansados".

El Sultán Mahmud y el ídolo de somnat

El ejército de Mahmud encontró en Somnat el ídolo llamado "Lat". Los hindúes se apresuraron a ofrecerle, para salvarlo, diez veces su peso en oro; pero Mahmud rechazó firme mente el venderlo e hizo encender un gran fuego para quemarlo. Uno de sus oficiales se permitió decirle: "No conviene destruir este ídolo, más vale aceptar lo que proponen y coger el oro que ofrecen". -"Yo temo -respondió Mahmud-, que el día de las cuentas supremas el Creador diga, ante el universo reunido: Escuchad lo que han hecho Azar y Mahmud: el primero ha esculpido ídolos y el segundo los ha vendido'."

Cuentan que cuando Mahmud hizo prender fuego al ídolo de los adoradores de fuego, salieron del interior de la estatua cien manns de piedras preciosas y Mahmud obtuvo así gratuitamente lo que era deseado. Mahmud dijo entonces: "Lat merecía este trato y Dios me ha recompensado mi acción"...

Páginas