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Poesía

Anécdota sobre José y Zalika

En la época en que Zalika estaba en posesión de su rango y de su dignidad, hizo un día meter a José en la, prisión y dijo a uno de sus esclavos: "Mételo allí ahora mismo y dale cincuenta bastonazos. Despliega tal fuerza sobre el cuerpo de José que yo oiga sus quejas de lejos". Este esclavo no se apresuró a ejecutar su misión, pues vio el rostro de José y su corazón no le permitió actuar. Este excelente hombre había visto una piel de animal y fue en esta piel donde golpeó con energía. 

Oración de Rabiah

Rabiah dijo un día a Dios: " ¡Oh tú que conoces el secreto de las cosas! realiza los deseos mundanos de mis enemigos y da a mis amigos la eternidad de la vida futura; pero, en cuanto a mí, yo estoy libre de las dos cosas. Si yo poseyera este mundo o el futuro, quizás estimaría poco mi intimidad contigo. Pero es solamente de ti, ¡oh Dios mío! de quien tengo necesidad; tú me bastas. Si volviera la mirada hacia los dos mundos o si deseara otra cosa que tú, yo me consideraría infiel".

El schaikh y el perro

Un impuro perro descansaba sobre el pecho de un schaikh, que no retiró el faldón de su vestido. Alguien le dijo: " ¡Oh tú que eres recomendable por tu devoción! ¿Por qué no te preservas de este perro?" -"Este perro -respondió el schaikh-, tiene un exterior impuro; pero, en realidad esta impureza no es evidente en mi interior. Lo que se manifiesta al exterior respecto a él me está escondido en el interior. Puesto que mi interior es como el exterior del perro, ¿cómo tendría aversión hacia él, si se me asemeja? Cuando la menor cosa obstruye tu camino, ¿qué importa que seas detenido por una montaña o por una paja?"

¡Quema ya el hábito, Hafez!

Anoche se acercaba con el rostro en llamas

por ver si otro triste corazón había prendido.

Dar muerte al enamorado y alborotar la ciudad

era el ropaje a su medida cosido.

El alma de los que aman por ruda tenía su rostro,

por ello el fuego del rostro había encendido.

Las tinieblas de su bucle la fe asaltaban, y el de corazón tirano

el rostro como una antorcha ostentaba en su camino.

Tu sombra de ciprés

Sucumbieron tus cabellos en manos de la brisa, de dolor se ha partido en dos mi loco corazón. Tu ojo hechicero a la negrura del alba es semejante, ¡mas ay!, esta copia, ¡cómo ha languidecido! ¿Sabes qué es aquel punto negro que tu bucle enlaza? El punto es de tinta, caído en el círculo del yim. En el paraíso de tu cara, tus negros rizos perfumados son como un pavo real en el jardín de la gracia. Sumido en el deseo de tu rostro, oh Bienamado, mi corazón es la tierra que la mano del viento arroja en el camino. Este terrenal cuerpo elevarse no podrá como polvo ni alejarse de tu alcance, pues ha caído muy grave. Tu sombra de ciprés en mi forma, oh tú, el de hálito de Cristo, reflejo es del espíritu que en los pútridos huesos ha caído.

Sucumbieron tus cabellos en manos de la brisa,
de dolor se ha partido en dos mi loco corazón.
Tu ojo hechicero a la negrura del alba es semejante,
¡más ay!, esta copia, ¡cómo ha languidecido!
¿Sabes qué es aquel punto negro que tu bucle enlaza?
El punto es de tinta, caído en el círculo del yim.
En el paraíso de tu cara, tus negros rizos perfumados
son como un pavo real en el jardín de la gracia.
Sumido en el deseo de tu rostro, oh Bienamado, mi corazón
es la tierra que la mano del viento arroja en el camino...

Mahmud y el sabio

Un hombre de puras intenciones y que estaba en el recto camino, vio una noche en sueños al sultán Mahmud y le dijo: " ¡Oh rey cuya fortuna fue tan feliz! ¿Cuál es tu situación en el reino de la eternidad?" Él le respondió: "Golpea mi cuerpo si quieres, pero no aflijas mí alma; no digas nada y retírate, pues no se debe hablar aquí de realeza.

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