Borges, el Islam y la búsqueda del otro

La universalidad de Borges

Haciendo honor a la tradición borgeana de tomar la realidad como fuente de imaginación libre, nos atribuimos la libertad de hablar sobre su obra y el Islam.

Oriente es parte de nuestra cultura universal. Para corroborarlo analicemos el texto "El escritor argentino y la tradición" donde Borges considera forzado buscar una identidad, y sostiene como irrefutable el desprestigio del color local, "El culto argentino del color local es un reciente culto europeo que los nacionalistas deberían rechazar por foráneo"[1]. El escritor, debe ser un orgulloso heredero grato de la cultura universal,

 "Por eso digo que no debemos temer y que debemos pensar que nuestro patrimonio es el universo; ensayar todos los temas, y no podemos concretarnos a lo argentino para ser argentinos: porque o ser argentino es una fatalidad y en ese caso lo seremos de cualquier modo, o ser argentino es una mera afectación, una máscara."

Borges expresa la idea de universalidad en una observación de Gibbon sobre el Corán:

  "He encontrado días pasados una curiosa confirmación de que lo verdaderamente nativo suele y puede prescindir del color local; encontré esta confirmación en la Historia de la declinación y caída del Imperio Romano de Gibbon. Gibbon observa que en el libro árabe por excelencia, en el Alcorán, no hay camellos; yo creo que si hubiera alguna duda sobre la autenticidad del Alcorán, bastaría esta ausencia de camellos para probar que es árabe. Fue escrito por Mahoma, y Mahoma, como árabe, no tenía por qué saber que los camellos eran especialmente árabes; eran para él parte de la realidad, no tenía por qué distinguirlos; en cambio, un falsario, un turista, un nacionalista árabe, lo primero que hubiera hecho es prodigar camellos, caravanas de camellos en cada página; pero Mahoma, como árabe, estaba tranquilo: sabía que podía ser árabe sin camellos. Creo que los argentinos podemos parecernos a Mahoma, podemos creer en la posibilidad de ser argentinos sin abundar en color local."[2]

Incluso en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius Borges ubica geográficamente a Tlön en Irak, y luego agrega, "o alguna región del Oriente Medio."

   "Qué es el Oriente? Si lo definimos de un modo geográfico nos encontramos con algo bastante curioso, y es que parte del Oriente sería el Occidente o lo que para los griegos y romanos fue el Occidente, ya que se entiende que el Norte de África es el Oriente. Desde luego, Egipto es oriente también, y las tierras de Israel, el Asia menor y Bactrania, Persia, la India, todos esos países que se extienden más allá y que tienen poco en común entre ellos. Así, por ejemplo, Trataria, la China, el Japón, todo eso es el Oriente para nosotros. Al decir Oriente creo que todos pensamos, en principio, en el Oriente islámico, y por extensión en el Oriente del norte de la India." [3]

Estas palabras a cerca de pensar el Oriente como Oriente islámico es una fabulosa forma poética de referirse a Arabia.

ARIOSTO Y LOS ÁRABES

(…)

Quién sabe si de Persia o del Parnaso

Vino aquel sueño del corcel alado

Que por el aire el hechicero armado

Urge y que se hunde en el desierto ocaso.

(…)

Europa se perdió, pero otros dones

Dio el vasto sueño a la famosa gente

Que habita los desiertos del Oriente

Y la noche cargada de leones.

 

De un rey que entrega, al despuntar el día,

Su reina de una noche a la implacable

Cimitarra, nos cuenta el deleitable

Libro que el tiempo hechiza, todavía.

(…)

Esto soñó la sarracena gente

Que sigue las banderas de Agramante;

Esto, que vagos rostros con turbante

Soñaron, se adueñó del Occidente.[4]

(…)

 

Oriente como fuente imaginativa

A diferencia del Budismo, tratado y explicado por Borges,[5] el Islam es transmitido por Borges como entrelazado a Arabia. De este modo no realiza una disertación de la religión islámica. Recordemos que El Corán y Las mil y una noches componen la literatura más popular de Oriente. Borges toma estos escritos como fuente de inspiración. Así percibimos dos reflejos en su literatura: la distancia de Borges hacia la verdad absoluta de una religión monoteísta, y la admiración y cercanía hacia Arabia.

Arabia representa la sensación de perderse en otro mundo. Un mundo en donde cosas mágicas pueden suceder. Similar al innominado "disco" de un solo lado del Libro de Arena, o a esa rosa inexorable, o al Zahir, (que en árabe significa notorio, visible).

La creencia en el Zahir es islámica y data del siglo XVIII. [6]

"En tal sentido es uno de los noventa y nueve nombres de Dios; la plebe, en tierras musulmanas, lo dice de "los seres o cosas que tienen la terrible virtud de ser inolvidables y cuya imagen acaba por enloquecer a la gente"".[7]

Borges describe esta experiencia en él y en otros,

  "Un comentador del Gulshan I Raz dice que quien ha visto el Zahir pronto verá la Rosa y alega un verso interpolado en el Asrar Nama (Libro de las cosas que se ignoran) de Attar: el Zahir es la sombra de la Rosa y la rasgadura del Velo.""[8]

Como no sentir la magia de Bagdad. Como no sentir gratitud y admiración hacia Shahrazad, quien desde lo oculto arriesga su vida para salvar otras contando historias al Rey, a través de mil y una noches.

  (…)

    "Dicen los árabes que nadie puede

    Leer hasta el fin el Libro de las Noches.

    Las Noches son el Tiempo, el que no duerme.

    Sigue leyendo mientras muere el día

    Y Shahrazad te contará tu historia."[9]

El pueblo árabe era originario de la península arábiga, organizado en tribus sedentarias y nómades, que no formaban una nación ni un Estado. Las características principales de estas tribus de beduinos eran el sentido de hospitalidad, el honor, el valor guerrero, y el aprecio a la poesía y a la elocuencia, facilitando la memoria colectiva.

Igual de importante y definitivo fue el aporte humano de los beduinos en las conquistas que llegaron hasta el Atlántico en occidente, y hasta Asia Menor en Oriente. Los pueblos dominados fueron conocidos como musulmanes.

Mahoma llegó como profeta en el siglo VII d/C para revelarles una organización política-social a través del Corán, el libro sagrado del Islam. La ley, la justicia toma estatuto religioso. Las conquistas de los árabes a partir del siglo VII concluyeron en una expansión por el mundo oriental y occidental. Siendo un puente de intercambio cultural, político, religioso y económico.

En los tiempos en que Arabia conquistó Occidente, el Islam representaba a la civilización y Occidente era la barbarie. Para Mahoma, el Islam no era una simple forma religiosa, sino una forma de gobernar. Por esto la unidad político-judicial y religiosa del Islam cuya ley es el Corán. Civilización o barbarie, dos caras de una misma moneda que acaban siendo alternadas según la óptica del que la mire.

La influencia del Oriente en Borges.

Borges piensa al Islam como el otro, y se sitúa en ese lugar del otro: escribe sobre El Corán, describe Las mil y una noches y Albenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto, escribe la historia de Los dos reyes y los dos laberintos, cuenta la historia de Averroes, "desde afuera", pero en realidad está tomando la forma del "otro". Por otro lado en "La busca de Averroes", Borges relata el intento del filósofo musulmán para interpretar los escritos de Aristóteles. La frustración es inevitable, para Borges, su intento y el de Averroes está destinado al fracaso: conocer al otro. Para Borges el problema de leer textos árabes por ser traducción de traducciones, para Averroes, según Borges, la imposibilidad de entender La tragedia y la comedia que está en la Poética de Aristóteles. Ahí el nodo que Borges enfatiza.[10] La busca de Averroes es la búsqueda de Borges por entender el Islam, y la explicación de la desolada búsqueda de Averroes por entender el legado de la filosofía griega. Borges se ve limitado de entender a ese otro, ya que su propia experiencia de entrar en el orientalismo es a través de textos de Renan, Palacios y Lane.

"Sentí que la obra se burlaba de mí. Sentí que Averroes, queriendo averiguar lo que es un drama sin haber sospechado lo que es un teatro, no era más absurdo que yo, queriendo imaginar a Averroes, sin otro material que unos adarmes de Renan, de Lane y de Asín Palacios." [11]

Pero finalmente es un fracaso con gusto a triunfo, porque Borges imagina, recreando el mundo islámico, igual que Averroes lega a la cultura occidental la obra de Aristóteles, traduciendo los manuscritos perdidos del filósofo griego.

Pensemos en el Aleph y la diversidad fijada en un punto, el de la complejidad, recordemos el panteísmo del filósofo Averroes, y agreguemos que a Borges no le interesan los dioses o Dios, en todo caso los respeta, pero para él se trata de un concepto. Por eso puede escribir y nombrar al Islam, y a un Dios aceptando o conviviendo en la diversidad de Occidente. Dios, de quien Borges diría: "de esas arbitrariedades del pensamiento elevadas a formas ya no sé qué opinar".

El Corán, no necesariamente se debe acercar al ideal del pensamiento para ser respetado y sentido sí como el otro. En el fondo, se trata de respetar lo diverso, lo otro, y enriquecerse.

Oriente y Occidente, una diferencia geográfica, tal vez una metáfora.

 "Estamos conversando en un ilustre dialecto del latín que se llama lengua castellana y ello también es un episodio de esa nostalgia, de ese comercio amoroso y a veces belicoso del Oriente y del Occidente, ya que América fue descubierta por el deseo de llegar a las Indias. Llamamos indios a la gente de Moctezuma, de Atahualpa, de Catriel, precisamente por ese error, porque los españoles creyeron haber llegado a las Indias. Esa mínima conferencia mía también es parte de ese diálogo del Oriente y el Occidente." [12]

(Ver texto completo en archivo PDF)

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