Un Fin

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Unos asientos de piedra

en la arena.

Aquí... desde hace siglos

ha pasado por encima de ellos la oscuridad,

y han pasado épocas.

¡A cuántos reyes y emperadores vieron entronar

como si el tiempo no fuera a cambiar!

Eran unos asientos orgullosos de la seda

y de las nubes de perfume,

ahora sueñan con cualquier gente,

gritan...

La historia de la abubilla y Salomón, mostrando que cuando acontece el destino, los ojos claros quedan sellados

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Cuando se montó el pabellón de Salomón, las aves fueron a rendirle pleitesía. Se encontraron con que hablaba su lengua y los conocía; uno por uno, con el alma anhelante, pasaron ante él. Todos, habiendo dejado de gorjear, se pusieron a hablar con más claridad que tu propio hermano. Conversar con el propio idioma es un parentesco y una afinidad: el hombre que está con aquellos a los que no puede confiarse se encuentra encadenado. Muchos indios y turcos hablan el mismo idioma y muchos turcos son extraños entre sí. Por ello es muy distinta la lengua del entendimiento mutuo: es mejor tener el mismo corazón que el mismo idioma. Sin lenguaje ni signos surgen cien mil intérpretes en el corazón.

Rey de Persia

Un hombre que ha leído en un libro antiguo que contiene las historias de los héroes, dice que Kiumars fue el que instituyó el trono y la corona y que fue el primer rey. Cuando el sol entró bajo el signo de Capricornio, el mundo se llenó de esplendor, de orden y de luz; el sol brilló bajo el signo de Capricornio, de madera que el mundo se rejuveneció enteramente: entonces, Kiumars se convirtió en el dueño del mundo. Al principio, él estableció su casa en las montañas; su trono y poderío se alzaron en las montañas, y él se vistió, él y sus compañeros, con pieles de tigres. De él proviene cualquier civilización, puesto que el arte de vestirse y alimentarse era nuevo. Él reinó treinta años sobre la tierra. Él era hermoso como un sol en su trono; el brillaba desde lo alto de su trono real, como lo hace una luna de dos semanas por encima de un esbelto ciprés. Los animales feroces y las bestias salvajes que lo vieron ,acudieron hacia él desde todos los lugares del mundo ,y se mantenían inclinados delante de su trono; fue ahí que se revelaron su majestad y su alta fortuna. Ellos acudieron ante él para rendirle homenaje ; fue de él que recibieron las leyes...

Las babuchas de Abu Kasem (Segunda Parte)

A partir de una serie de casualidades, se teje un destino. Cada esfuerzo que la víctima hace para poner fin a su dificultad sólo sirve para agrandar la bola de nieve, hasta que se hincha en una avalancha que sepulta todo bajo su peso. Un burlón perverso embarulla las babuchas, probablemente sin ninguna mejor razón que la de deleitarse con los aprietos del avaro. El azar las vuelve a traer otra vez al pie de la casa desde la cual se las había arrojado al río. El azar las lanza en el medio de las preciosas redomas. El azar llama la atención de un vecino sobre la actividad del avaro en el jardín. El azar hace que el remolino las introduzca en el arcaduz. El azar hace subir al perro al balcón de la casa colindante, y arroja una de las babuchas sobre la cabeza de la mujer embarazada que en ese preciso momento pasaba.

Claros del bosque (segunda parte) - La preexistencia del amor

El despertar privilegiado no ha de tener lugar necesariamente desde el sueño. Puesto que sueño y vigilia no son dos partes de la vida, que ella, la vida, no tiene partes, sino lugares y rostros. Y así del sueño y de ciertos estados de vigilia se puede despertar de este privilegiado modo que es el despertar sin imagen. Despertar sin imagen ante todo de sí mismo, sin imágenes algunas de la realidad, es el privilegio de este instante que puede pasar inasiblemente dejando, eso sí, la huella; una huella inextinguible, mas que no se sabe descifrar, pues que no ha habido conocimiento. Y ni tan siquiera un simple registrar ese haber despertado a este nuestro aquí, a este espacio-tiempo donde la imagen nos asalta. El haber respirado tan solo en una soledad privilegiada a orillas de la fuente de la vida. Un instante de experiencia preciosa de la preexistencia del amor: del amor que nos concierne y que nos mira, que mira hacia nosotros. Un despertar sin imagen, así como debemos de estar cuando todavía no hemos aprendido nuestro nombre, ni nombre alguno. Ya que el nombre está ligado a la normal condición humana, 

Las lágrimas petrificadas

Un hombre que recogía piedras en una montaña de China derramó abundantes lágrimas de sus ojos y a medida que sus lágrimas caían a tierra se transformaban en guijarros. Si guijarros de este tipo estuvieran en posesión de las nubes, lo que llovería hasta la resurrección no sería más que un objeto de suspiros.   La ciencia es lo propio del hombre puro y verídico. Si hay que ir a China para encontrarla, ve a buscarla allí; pues la ciencia, por el mal querer de los despreocupados, se ha vuelto tan dura de manejar como la piedra. ¿Hasta cuándo será desconocida? El mundo, palacio de dolores, es todo oscuridad; pero la ciencia brilla en él como una lámpara que se dad; pero la ciencia brilla en él como una lámpara que muestra el camino. En efecto, lo que guía tu alma en este oscuro lugar, es la joya de la ciencia, de esta ciencia que dilata el corazón. En estas tinieblas, que no tienen comienzo ni fin, te has quedado sin guía ...

Claros del bosque (primera parte)

El claro del bosque es un centro en el que no siempre es posible entrar; desde la linde se le mira y el aparecer de algunas huellas de animales no ayuda a dar ese paso. Es otro reino que un alma habita y guarda. Algún pájaro avisa y llama a ir hasta donde vaya marcando su voz. Y se la obedece; luego no se encuentra nada, nada que no sea un lugar intacto que parece haberse abierto en ese solo instante y que nunca más se dará así. No hay que buscarlo. No hay que buscar. Es la lección inmediata de los claros del bosque: no hay que ir a buscarlos, ni tampoco a buscar nada de ellos. Nada determinado, prefigurado, consabido. Y la analogía del claro con el templo puede desviar la atención. Un templo, mas hecho por sí mismo, por «Él», por «Ella» o por «Ello», aunque el hombre con su labor y con su simple paso lo haya ido abriendo o ensanchando. La humana acción no cuenta, y cuando cuenta da entonces algo de plaza, no de templo. Un centro en toda su plenitud, por esto mismo, porque el humano esfuerzo queda borrado, tal como desde siempre se ha pretendido que suceda en el templo edificado por los hombres a su divinidad, que parezca hecho por ella misma, y las imágenes de los dioses y seres sobrehumanos que sean la impronta de esos seres, en los elementos que se conjugan, que juegan según ese ser divino. ...

El árabe en Persia

Un árabe fue a Persia y se admiró de las costumbres que encontró allí. Este ignorante, cuando visitaba el país, pasó por azar delante de una casa de caridad. Había allí un puñado de gentes desordenadas que se habían jugado los dos mundos y que no decían palabra. Todos sin mujer, sin óbolo, pero con el corazón puro; todos exentos de mancha, a cual más. Cada uno de ellos tenía en la mano una botella de vino turbio que había tenido el cuidado de llenar antes de sentarse. En cuanto el árabe vio a estas gentes, sintió inclinación hacia ellos y su espíritu y su corazón cayeron en el gran camino de su carrera. Cuando los pensionistas lo vieron así perdido de honor, de razón y de espíritu, le dijeron todos: " ¡Entra, oh hombre de nada!" Entró pues de grado o de fuerza. Esto fue así y esto es todo. Se volvió libertino como ellos. Habiéndose embriagado por el efecto de una sola copa de vino, se quedó como borracho y su masculino vigor se vio aniquilado. Tenía muchos objetos de valor, mucho oro y plata que uno de estos pensionistas le cogió al instante.  ...

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