Alba

Esto dijo al alba el ave a la rosa recién despertada:

«Sé amable, pues muchas como tú florecen en esta explanada.»

La rosa rió: «Verás que en verdad no mostramos dolor,

Mas nunca un amante con tan duras palabras acosó a su amor.

Si tu deseo es beber vino de rubí de la copa enjoyada

Debes ensartar perlas y corales traspasados por pestañas...

Yo

Autor: 

Yo

La noche pregunta quién soy.
Yo soy su intimidad insomne, profunda y oscura;
yo soy su voz rebelde.
Complazco mi realidad con el silencio e hilvano mi corazón con la duda.
Y sigo aquí triste, volviendo los ojos, mientras los siglos me preguntan
quién soy...

Rogando al Señor que es nuestro Auxiliador, para que nos ayude a mantener el autocontrol en todas las circunstancias y explicando las dañinas y perniciosas consecuencias de la indisciplina

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Imploremos a Dios que nos ayude a controlarnos; quien carece de autocontrol esta privado de la gracia del Señor. El hombre indisciplinado no solo se maltrata a sí mismo, sino que incendia todo el mundo.

Bajaba del cielo una mesa de comida sin problemas y sin compraventa, y algunos del pueblo de Moisés clamaron irrespetuosamente: «¿Dónde están el ajo y las lentejas?»...

El agua del Paraíso

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Un beduino seco y miserable, que se llamaba Harith, vivía desde siempre en el desierto. Se desplazaba de un sitio a otro con su mujer Nafisa. Hierba seca para su camello, insectos, de vez en cuando un puñado de dátiles, un poco de leche: una vida dura y amenazada. Harith cazaba las ratas del desierto para apoderarse de su piel y hacía cuerdas con las fibras de las palmeras, que intentaba vender en las caravanas.

Sólo bebía el agua salobre que encontraba en los pozos enfangados.

La historia del rey que se enamoró de una doncella y la compró.

Autor: 

 

 

Había una vez un rey que detentaba el poder temporal y el espiritual. Un día cabalgaba de caza con sus cortesanos. En el camino real, divisó a una doncella y quedó prendado de ella. Puesto que el pájaro, su alma, revoloteaba en la jaula, pagó dinero y compró a la muchacha. Cuando la hubo adquirido y conseguido su deseo, por destino divino ella enfermó.

          Cierto hombre tenía un burro pero carecía de albarda: cuando la consiguió, un lobo se llevó al asno. Tenía un cántaro, pero no podía conseguir agua: cuando encontró agua, el cántaro se rompió.

          El rey reunió a muchos médicos y les dijo: «La vida de ambos está en vuestras manos. La mía no importa, mas ella es la vida de mi vida. Estoy herido y doliente: ella es mi remedio. Quien sane a la que es mi vida se llevara mi tesoro, mis perlas y mi coral».

          Le contestaron diciendo: «Nos esforzaremos al máximo y uniremos toda nuestra inteligencia. Cada uno de nosotros es un mesías de un mundo: en nuestras manos hay una medicina para cada enfermedad». No dijeron, en su arrogancia, «si Dios quiere»; por ello, Dios les mostró la debilidad del hombre. Me refiero a la omisión de la cláusula por dureza de corazón; no se trata simplemente de pronunciar las palabras, pues ello es una circunstancia superficial. ¡Cuántos no la han mencionado pero su alma estaba en armonía con el espíritu de ella!

          Cuantos más remedios y curas aplicaban, más se acrecentaba la enfermedad, y no se satisfacía la necesidad. La chica enferma adelgazó hasta quedarse como un cabello y los ojos del rey fluían con lágrimas de sangre, como un río.

          Por destino divino, el hidromiel producía bilis y el aceite de almendras aumentaba la sequedad. Al administrar mirobálano, se producía constipación y cesaba la relajación; el agua huía de las llamas, como la nafta.

Tumbas de cristal

Perros invisibles ladran en los subterráneos, en las células, en las trincheras, en los vestíbulos y en los confines
Ladran desde la imaginación entera
Y en la noche cruzan las rejillas y atraviesan los sueños en silencio
Ladrido tras ladrido como relámpagos secos
Un ladrido detrás de las puertas macizas de abajo
Trampas en el pórtico...

El camino hacia el poema; algunas reflexiones

 

1

Ahondar en la vida de las palabras. Una vida de palabras. La prefieres al tres cuartos de esta humanidad que has visto arrastrada en sus insolentes y vigorosas paradojas. Estás corriendo, en el mismo metro cuadrado. Te empuja la voluntad póstuma hacia tu nuevo ser. El presente es un puente, un puente dislocado. Lo cruzas sin saber si aguantará hasta que termines de cruzar o si se desmoronará a medio camino. Y si se hunde, habría que nadar en el corazón del barro con una nariz semejante al silbido del viento, llegar a un aire más puro, encontrar en tu espera algunos ángeles. Sin textos ni revelaciones, rápidamente oficiáis la misa y os bautizáis cada uno como profeta: de este modo se invalidan las profecías, y se convierte lo que permite la lengua en diálogos proféticos. En lo múltiple. En lo total. En lo absoluto, lo absoluto, el gran absoluto.

2

¿Cuál es tu obsesión más querida? ¿Qué experiencia tuya persistió dentro de tu alma a pesar de todos los medicamentos del olvido? ¿Cuál es el impacto al que debes tu autenticidad? ¿Cuál es tu dolor, tu enigma, tu distancia? Estas son las cuestiones que se debe plantear al ser. Si tartamudea o si se queda perplejo, si lo escuchas y si afecta un estilo oratorio y te empieza a hablar de un pasado que no tiene ni siquiera un grano de poesía, entonces se lo dirás: «Te he visto, y nunca más te veré.»

3

El hombre es un árbol. Se planta. Pero como él, también es un movimiento. Su árbol es igual que el árbol del mongol, del que Perse habló, que transmigra llevando un trozo del espacio que ocupa. Transmigran todos llevando todas sus pruebas. Lo que se ubica más allá del alcance de tu espera es lo que te alimenta.

PARTIMOS

Autor: 

 

 

Partimos para distanciarnos del lugar que nos crió y para ver el otro lado de la aurora.
Viajamos buscando la fuente de nuestro nacimiento. Partimos para completar el alfabeto, para cargar nuestro adiós de promesas, para viajar tan lejos como el horizonte, anulando nuestro destino y esparciendo las páginas al viento, antes de permitir que huya, o tal vez no, nuestra historia en otros libros.

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