Poesía

GALERÍAS

 

 

No querría, no querría

huir de mi laberinto,

del laberinto de los míos,

de mis compañeros

donde supuran los mosquitos de la corrupción

mientras mis compañeros se resignan a la muerte

día a día,

la muerte que se extiende a lo largo de la vida

como la eternidad.

No querría, no querría contar

mi laberinto,

yo que soy libre, libre

entre tres muros

y el cuarto es una galería que se extiende

como la eternidad.

 

LAS MURALLAS

 

 

Debajo de las murallas hay otras murallas

que ocultan otras murallas:

Ur y Jericó, Nínive y Nimrud.

Y sobre las ruinas,

donde se han desvanecido los suspiros de los enamorados

y el crujir de dientes de los desnudos esclavos,

hay unas colinas, habitadas por hormigas y por grillos,

que reverdecen por primavera.

A ellas acude el pastor de la aldea

para entregar su torso desnudo al rocío de la mañana.

Pisa una cabeza

ante la que se doblaban millones de rodillas

y perfumaban las manos de las bellas.

¡Ay de mí!

Oculta las penas de tu corazón cantando.

Tu hijo ha descendido al valle

para recorrer las ruinas

donde las bellas, cubiertas de polvo,

pasean por las murallas

que ocultan otras murallas

y otras murallas.

Entra en los patios de las ciudades desiertas

y sólo encuentra extensos muros

perforados por vanos ciegos.

El ruinoso suelo de mármol se extiende

bajo los ecos de las voces de los cantores.

¡Ay de mí, noche!

Los cantores se han ocultado detrás de las colinas

donde viven las hormigas y los grillos,

los reyes de mármol esperan sin esperanza

y el estiércol de los asnos cubre la historia de los imperios,

el recuerdo de las conquistas

y el derramamiento de sangre.

Oculta el deseo.

Oculta tu deseo y el de todos los descendientes bajo sus pies.

La lujuria de los años ataca sus carnes

y los lanza contra los derruidos muros.

Se reúnen los hermosos labios

en copas de loza

y gotean el jugo de las arterias y la yugular

para dibujar con ellas la pasión de la noche

sobre páginas de piedra.

LLENÉ UNA COPA CON MIS PALABRAS (De cualquier poeta a cualquier lector)

 

 

Llené una copa con mis palabras,

las destilé, las hice fermentar, las dejé envejecer

y las escancié generosamente

en las bocas de quienes las deseaban para expresarse.

Y dijeron amor y la mejor broma,

y el deseo se tornó en palabras

que salían de gargantas de oro, de gargantas de plata,

en las que tarareaban las palabras

y hacían albórbolas en las bodas de nuestras aldeas...

Llené una copa con mis palabras,

QIBYA

 

 

Balas

en la noche de luna llena

surcaron las colinas y los caminos.

Balas

chocaron contra los muros

y golpearon las puertas y las ventanas.

Iban dirigidas a los corazones y a las entrañas.

Balas

por detrás de las piedras,

a través de los desfiladeros,

por detrás de los sacos de arena.

Balas.

Se esparcen por las piedras arrayanes de sangre

y se pegan adornos de sangre en las paredes.

Balas

y gelignita

arrojan los cuerpos a las hienas.

Sembramos el trigo pero no lo recogimos,

TRES MUROS PARA LA SALA DE TORTURA

Autor: 

Al alba

Yo resistiré...

Mientras haya en el muro una página en blanco

y no se derritan los dedos de mi mano.

Aquí, alguien pulsa

un mensaje a través del muro.

Nuestros hilos se han convertido en nuestras venas,

las venas de estos muros.

Toda nuestra sangre se derrama

en las venas de estos muros...

Un mensaje a través del muro:

Ellos han cerrado una celda,

han matado a un prisionero,

han abierto otra celda

y han llevado a un prisionero...

 

A mediodía

Ellos me han puesto delante el papel,

me han puesto delante el lápiz,

me han puesto en la mano la llave de mi casa.

El papel que han querido manchar

ha dicho: ¡Resiste!

El lápiz cuya frente han querido mancillar en el barro

ha dicho: ¡Resiste!

La llave de la casa ha dicho:

En nombre de cada piedra

de tu humilde casa ¡Resiste!

Un golpe en el muro

es el mensaje de una mano rota

que dice: ¡Resiste!

Y la lluvia cae

golpeando el techo de la sala de tortura.

EN LAS OLAS

Autor: 

 

Aquella noche

Las caras se desvanecieron en torno nuestro

Y todo desapareció

Menos el brillo azul de

Tus ojos y la llamada

En aquel brillante azul

Donde mi corazón

Navegó cual barco

Guiado por las olas.

Las olas nos condujeron

A un mar sin playas,

Sin límites

Y sin resistencia

A que las olas contaran

La eterna historia de la vida

Resumida

En una mirada.

Y la tierra se inundó con

El impulso de la marea, el viento y la lluvia.

 

LAS ENSEÑANZAS DE HURIYYA

 

Un día pensé en partir. Un jilguero

se posó en mi mano y se durmió.

Me bastaba con acariciar el pámpano de una

parra, deprisa,

para que ella supiera que mi copa estaba llena,

acostarme temprano

para que ella viera mi sueño y prolongara su noche para

velarlo,

que una de mis cartas llegara

para que ella supiera que mi dirección había cambiado

en el seno de las cárceles y que

mis días revoloteaban en torno a ella

y ante ella.

 

II

 

Mi madre cuenta mis veinte dedos de lejos.

Me peina con un mechón de su cabello dorado.

Busca en mi ropa interior a las mujeres desconocidas

y zurce mis calcetines rotos.

No he crecido en sus manos como deseábamos, ella y yo.

Nos separamos en la pendiente de mármol.

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