Poesía

Otra anécdota sobre Schabli

Después de morir Schabli, un hombre de bien lo vio en sueños y le dijo: " ¡Oh afortunado! ¿Cómo te ha tratado Dios?" El respondió: "Aunque yo tuviera en mi cuenta cosas enojosas, como Dios ha visto que yo era enemigo de mí mismo, ha considerado mi abatimiento, mi debilidad y mi desesperación. Ha tenido, pues, piedad y, en su generosidad, me ha perdonado por completo"...

Poema de Beirut

Manzana del mar, narciso de mármol,

mariposa de piedra, Beirut, imagen del alma en el espejo.

Descripción de la primera mujer, perfume de nubes.

Beirut, de fatiga y oro, de Alandalús y Damasco.

Plata, espuma, mandamientos de la tierra en plumas de palomas.

Muerte de una espiga, exilio de una estrella entre mi amada y yo, Beirut.

Jamás he oído a mi sangre pronunciar el nombre de una amante que duerme en mi sangre... duerme...

De una lluvia sobre el mar aprendimos el nombre. Y del sabor del otoño y

las naranjas de los que llegan del Sur, como nuestros antepasados,

venimos a Beirut para venir a Beirut...

Risas

¿Qué es la risa? ¿Qué es la risa?

¡Es Dios despertándose! ¡Oh, es Dios

despertándose!

Es el sol asomando su cabecita

Por detrás de una nube

Que has estado cargando durante tanto

tiempo

Tapando a tus ojos y a tu corazón.

Es la Luz que abre surcos a una

enorme Estructura

Que es tu Verdadero cuerpo- llamado

Verdad.

Es la felicidad que se aplaude a sí

misma y luego levanta vuelo

Para abrazar a todos y a todo en este...

Cuento del moribundo persa

Encontrábame en la aljama de Damasco platicando con un grupo de sabios cuando un

joven entró por la puerta y dijo: «¿Hay alguien aquí que sepa persa?». Me señalaron y yo

le dije: «Que sea para bien». Dijo: «Hay un anciano de ciento cincuenta años agonizando

que dice algo en persa que nosotros no entendemos; si tienes la gentileza de tomarte la

molestia de venir, serás recompensado». Cuando llegué a la cabecera de su lecho, estaba

diciendo:

Dejadme satisfacer mis deseos un instante,

qué pena que se me corta ahora el aliento,

qué pena que en la vida, de su variado alimento

comimos sólo un poco y dijeron: ya es bastante.

Traduje al árabe para los sirios lo que estaba diciendo y se maravillaron de que pese a su

larga vida lamentase tener que abandonar el mundo. Le dije al anciano: «¿Cómo te

sientes?». Respondió: «¿Qué quieres que diga?»...

El león

Autor: 

El Jesús de tu espíritu está ahora dentro de ti

Pídele ayuda, pero no pidas cosas del cuerpo

Como el joven tonto de la historia,

Que insistía que Jesús pusiera cuerpo

A algunos huesos que había encontrado.

No pidas a Moisés las provisiones

Que puedas obtener del Faraón.

No te preocupes mucho del sustento

Tu sustento se proveerá como se debe

Estas constantemente ocupado (en vez de eso)

Escuchando a Dios...

El comienzo

Autor: 

Antes todo, es necesario que conozcas bien el origen de los elementos. Dios creó el mundo de la nada para revelar su poder. Creó la materia de cuatro elementos, los hizo aparecer sin pena y sin trabajo. El primero es el elemento del fuego brillante, que se alza en lo alto, en medio está el aire, después el agua y debajo la tierra oscura.

Primero, el fuego comenzó a propagar sus rayos. Su calor produjo entonces sequía. A continuación, el reposo engendró al aire frío que, a su vez, dio origen a la humedad. Estando ya asignado el lugar de los cuatros elementos, éstos formaron este mundo transitorio. Se interpretaron unos y otros y aparecieron seres de todas las especies...

La batalla contra la bruja

Autor: 

Habiendo finalizado sus devociones, Rostam le colocó a Rajsh su caparazón, montó a caballo, retomó su camino y entró en el país de los magos. Rápidamente hizo una larga marcha y al momento en que la luz del sol desaparecía, vio unos árboles, hierba y agua viva; en fin, un lugar digno para un héroe. Vio una fuente semejante al ojo de un faisán y, una copa, rojo vino como la sangre de la paloma, un cabrito asado, pan colocado encima del, salero y mermeladas dispuestos alrededor...

Cuento sobre la mala conducta

En una ocasión, siendo un joven ignorante, le grité a mi madre. Ella se sentó con el corazón

roto en un rincón y me dijo llorando: «¿Has olvidado cuando eras niño para tratarme de

forma tan grosera?».

Qué bien le dijo a su hijo una anciana de pelo cano

al verlo como un tigre y robusto como un elefante:

«¿Te acuerdas de cuando eras sólo un infante

que estabas indefenso entre mis manos?

No te mostrabas entonces como una fiera,

que ahora eres un león y yo sólo una vieja».

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