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Ensayos literarios

Apreciaciones sobre la caligrafía árabe

La caligrafía arábiga tuvo su origen como comunicación entre los hombres y Dios; y Dios quiso comunicarse con sus fieles escogiendo a un hombre, el Profeta. Muhammad, que proviene de la raíz verbal “h-m-d” (‘alabar’), fue designado como el “Alabador”. Para ello, Allah le envió a Gabriel con su Palabra materializada en el Sagrado Libro del Corán.

La caligrafía es el principal arte islámico, basado en las veintiocho letras del alfabeto árabe, en clara analogía con el mes lunar, simbolismo de la receptividad de la Luna y análogo al Corán, al recibir así la luz y transmitirla a los hombres. También, las cuatro fases de la Luna pueden ser relacionadas simbólicamente con el corazón y el ciclo de purificación de la sangre en sus cuatro cámaras.

Conferencia sobre Las Mil y Una Noches (segunda parte)

En el título de Las mil y una noches hay algo muy importante: la sugestión de un libro infinito. Virtualmente, lo es. Los árabes dicen que nadie puede leer Las mil y una noches hasta el fin. No por razones de tedio: se siente que el libro es infinito. Tengo en casa los diecisiete volúmenes de la versión de Burton. Sé que nunca los habré leído todos pero sé que ahí están las noches esperándome; que mi vida puede ser desdichada pero ahí estarán los diecisiete volúmenes; ahí estará esa especie de eternidad de Las mil y una noches del Oriente.

La Ciudad Perfecta y la Ciudad Ideal, la lectura de Platón en Al Farâbi

Buscar las fuentes de la filosofía islámica es encontrar su gran matriz en la  Grecia Clásica. Muchos historiadores occidentales han planteado por ello que este saber filosófico no pasa de ser un híbrido devenido de la “lectura” o asimilación del pensamiento tanto del periodo clásico griego como de otras corrientes ideológicas del periodo que marca el declive helénico (neoplatonismo, estoicismo, gnosticismo, maniqueísmo y hermetismo) y por resultado es incapaz de crear un pensamiento propio (1). ...

Conferencia sobre Las Mil y Una Noches (primera parte)

Un acontecimiento capital de la historia de las naciones occidentales es el descubrimiento del Oriente. Sería más exacto hablar de una conciencia del Oriente, continua, comparable a la presencia de Persia en la historia griega. Además de esa conciencia del Oriente —algo vasto, inmóvil, magnífico, incomprensible— hay altos momentos y voy a enumerar algunos. Lo que me parece conveniente, si queremos entrar en este tema que yo quiero tanto, que he querido desde la infancia, el tema del Libro de Las mil y una noches , o, como se llamó en la versión inglesa —la primera que leí— The Arabian Nights: Noches árabes.

Las babuchas de Abu Kasem (Segunda Parte)

A partir de una serie de casualidades, se teje un destino. Cada esfuerzo que la víctima hace para poner fin a su dificultad sólo sirve para agrandar la bola de nieve, hasta que se hincha en una avalancha que sepulta todo bajo su peso. Un burlón perverso embarulla las babuchas, probablemente sin ninguna mejor razón que la de deleitarse con los aprietos del avaro. El azar las vuelve a traer otra vez al pie de la casa desde la cual se las había arrojado al río. El azar las lanza en el medio de las preciosas redomas. El azar llama la atención de un vecino sobre la actividad del avaro en el jardín. El azar hace que el remolino las introduzca en el arcaduz. El azar hace subir al perro al balcón de la casa colindante, y arroja una de las babuchas sobre la cabeza de la mujer embarazada que en ese preciso momento pasaba.

Claros del bosque (segunda parte) - La preexistencia del amor

El despertar privilegiado no ha de tener lugar necesariamente desde el sueño. Puesto que sueño y vigilia no son dos partes de la vida, que ella, la vida, no tiene partes, sino lugares y rostros. Y así del sueño y de ciertos estados de vigilia se puede despertar de este privilegiado modo que es el despertar sin imagen. Despertar sin imagen ante todo de sí mismo, sin imágenes algunas de la realidad, es el privilegio de este instante que puede pasar inasiblemente dejando, eso sí, la huella; una huella inextinguible, mas que no se sabe descifrar, pues que no ha habido conocimiento. Y ni tan siquiera un simple registrar ese haber despertado a este nuestro aquí, a este espacio-tiempo donde la imagen nos asalta. El haber respirado tan solo en una soledad privilegiada a orillas de la fuente de la vida. Un instante de experiencia preciosa de la preexistencia del amor: del amor que nos concierne y que nos mira, que mira hacia nosotros. Un despertar sin imagen, así como debemos de estar cuando todavía no hemos aprendido nuestro nombre, ni nombre alguno. Ya que el nombre está ligado a la normal condición humana, 

Claros del bosque (primera parte)

El claro del bosque es un centro en el que no siempre es posible entrar; desde la linde se le mira y el aparecer de algunas huellas de animales no ayuda a dar ese paso. Es otro reino que un alma habita y guarda. Algún pájaro avisa y llama a ir hasta donde vaya marcando su voz. Y se la obedece; luego no se encuentra nada, nada que no sea un lugar intacto que parece haberse abierto en ese solo instante y que nunca más se dará así. No hay que buscarlo. No hay que buscar. Es la lección inmediata de los claros del bosque: no hay que ir a buscarlos, ni tampoco a buscar nada de ellos. Nada determinado, prefigurado, consabido. Y la analogía del claro con el templo puede desviar la atención. Un templo, mas hecho por sí mismo, por «Él», por «Ella» o por «Ello», aunque el hombre con su labor y con su simple paso lo haya ido abriendo o ensanchando. La humana acción no cuenta, y cuando cuenta da entonces algo de plaza, no de templo. Un centro en toda su plenitud, por esto mismo, porque el humano esfuerzo queda borrado, tal como desde siempre se ha pretendido que suceda en el templo edificado por los hombres a su divinidad, que parezca hecho por ella misma, y las imágenes de los dioses y seres sobrehumanos que sean la impronta de esos seres, en los elementos que se conjugan, que juegan según ese ser divino. ...

La Simbología del Grial

Este texto solo pretende dar unos apuntes sobre el tema del Grâal o Grial y la Gnosis que tantos ríos de tinta ha hecho correr a lo largo de los siglos. A parte de las aventuras del infatigable y siempre vapuleado arqueólogo Indiana Jones con su padre, el todavía nada despreciable Sean Connery en la película .La última cruzada., el Grial o Grâal ha suscitado todo tipo de leyendas y corrientes, algunas (las menos) serias y con una base de conocimiento y otras (la mayoría) contando alucinantes relatos y explicaciones de una pseudo-tradicion a la búsqueda sólo de un dinero fácil representado en Best Sellers y parecidos. Me he permitido incluir en este texto citas de personajes de la relevancia de Massignon, Corbin o Guénon (este último tan penosamente reivindicado por ciertos grupos de Esoterismo de salón) a quienes les unía ese mismo hilo conductor que es la auténtica Tradición. Hierognosis, literalmente en griego, conocimiento de lo sagrado, aunque suele significar concretamente gnosis o conocimiento de las jerarquías del Universo. En la obra de Louis Massignon parece referirse al conocimiento de los lugares y objetos sagrados. Los símbolos universales son primordiales para la humanidad y por ello son transculturales. Algunos pueden diferir dependiendo de la interpretación adoptada por una cultura en concreto, sin embargo su carácter teofánico les da una dimensión de trascendencia que une todas las auténticas tradiciones bajo un mismo hilo conductor hacia la Verdad absoluta, aunque solo sean sombras de la misma. ...

El poema "Mantiq Al Tayr" de Attar en Borges

Las  aves  en  la  narrativa  borgeana  vienen  asociados,  generalmente, con su cosmovisión panteísta  resumida en las palabras de Plotino: ―Todo,en  el  cielo  inteligible,  está  en  todas  partes. Cualquier cosa es todas las cosas. El sol es todas las estrellas y cada estrella es todas las estrellas y el sol‖ (O. C. I, p. 418). ―El Simurg es uno de los símbolos del universo, y acaso de Dios, que puede manifestarse en una sola de sus formas posibles , así piensa Jaime Alazraki. Juan Arana plantea el asunto desde otro punto de vista:
El  panteísmo  es  la  doctrina  que  declara  que  Dios  es  inmanente  y  en definitiva idéntico al mundo. En el mundo lo vivimos los hombres y de él formamos parte, de manera que el panteísmo afirma que somos en último término parte de Dios, si no Dios mismo (Arana, 1998: 173).
La  primera  idea  sugerida  por  la  palabra  ―aves es  el  vuelo.  Su capacidad de ascender y  de descender  continuamente  hace referencia a la relación  que  existe  entre  el  cielo  y  la  tierra;  el  mundo  de  arriba  y  el  de abajo,  lo  divino  y  lo  humano.  En la fe cristiana, el Águila prefigura la naturaleza divina y es símbolo de lo teológico.  En la misma línea, Borges sigue  la  tradición  mediante  la  versión  teosófica  del  Simurg  en  el  poema Mantiq Al-Tayr de Farid Al Din Attar. En la lengua persa la palabra Simurg proviene de ―si que quiere decir treinta y ―murg, pájaros.El nombre significa literalmente: treinta pájaros, ...

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