Ensayos literarios

De la creación como teofanía

Autor: 

La imaginación creadora como teofanía, o el “Dios del que es creado todo ser” Es necesario, ante todo, recordar los actos de la cosmogonía eterna concebida por el genio de Ibn 'Arabi. Un Ser divino, solo en su esencia incondicionada, del que no conocemos más que una cosa: la tristeza de la soledad primordial que le hace aspirar a revelarse en los seres que le manifiestan a sí mismo en la medida en que él se manifiesta a ellos. Ésa es la Revelación que nosotros percibimos y eso es lo que debemos meditar para saber quiénes somos. El leitmotiv no es, pues, el deslumbramiento de una Omnipotencia autárquica, sino una nostalgia profunda: 

“Yo era un Tesoro oculto y quise ser conocido. Por eso he producido a las criaturas a fin de conocerme en ellas”. Esta fase está representada por la tristeza de los Nombres divinos, angustiándose en el desconocimiento porque nadie los nombra, y es esta tristeza lo que viene a distender la Espiración divina (tanaffos) que es Compadecimiento (Rahma) y existenciación (ijád), y que en el mundo del Misterio es Compasión del Ser divino con y por sí mismo, es decir, por sus propios Nombres. Dicho de otra forma, origen y principio son una determinación del amor, que implica un movimiento de ardiente deseo (harakat shawqiya) en aquel que está enamorado. A este ardiente deseo aporta el Suspiro divino su distension.

La imaginación creadora en Ibn Arabí

Autor: 

“La Imaginación como elemento mágico y mediador entre el pensamiento y el ser, encarnación del pensamiento en la imagen y presencia de la imagen en el ser, es una concepción de extraordinaria importancia que juega un destacado papel en la filosofía del Renacimiento y que volvemos a encontrar en el Romanticismo.” (1) Esta observación, tomada de uno de los más destacados exegetas de Boehme y Paracelso, nos proporciona la mejor introducción a la segunda parte de este libro. Retendremos de ella, en primer lugar, la idea de Imaginación como producción mágica de una imagen, el tipo mismo de la acción mágica, incluso de toda acción como tal, pero especialmente de toda acción creadora; y, en segundo lugar, la idea de imagen como cuerpo (cuerpo mágico, cuerpo mental), en el que se encarnan el pensamiento y la voluntad del alma.(2) La Imaginación como potencia mágica creadora que, dando nacimiento al mundo sensible, produce el Espíritu en formas y en colores, y el mundo como magia divina “imaginada”, por la divinidad “imágica”: éste es el contenido de una antigua doctrina, tipificada en la yuxtaposición de las palabras ImagoMagia, que Novalis reencontraba a través de Fichte.(3) Pero se impone una advertencia previa: esta Imaginatio no debe en modo alguno confundirse con la fantasía. Como ya observaba Paracelso, a diferencia de la Imaginatio vera, la fantasía (phantasey) es un juego del pensamiento, sin fundamento en la Naturaleza; nada más que “la piedra angular de los locos”.

La poesía árabe

La referencia principal y obligada de la literatura árabe remonta a la época llamada jahiliyya (de juhl جهل: ignorancia), es decir la época anterior al islam. No es la época de oro de la civilización islamo-árabe que sirve de referencia, ni es el Bagdad de Dar al Hikma (“Casa de la Sabiduria” edificada por Al-Ma’mun) sino una prehistoria imposible de imaginar.  

Sorab Sepehri

Autor: 

Sohrāb Sepehrí nació en el año 1307h.s./1928 d.C. en Kā' ān, una ciudad del centro de Irán.

Su padre era artesano y artista, pintaba y hacía instrumentos musicales que después tocaba. Desde muy niño Sepehrí, sentía una gran pasión por la pintura que se extendió a lo largo de su vida; ...

Foruqi Bastami

Autor: 

Mirzā Abbās hijo de Musa, poeta de la época Qayar, nació en el año 1213 h. /1798 d.C. Su padre murió cuando tenía 16 años y tras este suceso, se marchó con su madre a Sarí, al norte de Irán, donde comenzó a aprender a leer y escribir. Debido al gran interés que tenía en la poesía, leyó todos los divanes de los poetas anteriores y escribió muchos poemas...

 

LA LITERATURA DARÍ

Autor: 

La poesía persa "Dari" nació en el siglo IX con poetas como Mohammad Ibn-e Vasif (~ 250h. / 863 d. C.), Firuz Mashreqi (283 h.), Abusalik Gorgāni (265 h. / 878 d. C.) etc... Un siglo más tarde, el persa ya se había convertido en una lengua formada, madura y melodiosa.

Los poemas de Rudaki Samarqandí, el famoso poeta del periodo Samaní (siglo X) considerado como el padre de la poesía persa, son de esta época. Unos años después de la muerte de Rudaki, comenzó la tradición épica persa que tenía sus fuentes en el Avesta y otros textos escritos en persa medio. La gran epopeya nacional persa es el Shāh Nāmeh de Abu'l Qasem Ferdosí (935-1020 d.C.)...

Estudios sobre la influencia de la literatura árabe en la poesía española moderna (Segunda Parte)

Otro poeta de la generación del 27, Rafael Alberti, divisó la influencia árabe en la poesía española contemporánea, desde 1932. En una conferencia en Berlín, dice Alberti:"...Asimismo comprobará que entre los poetas incluidos, oscilantes de los cuarenta a  los  veinticinco  año,  existen  diferencias  profundas,  pero  que  en  algunos  de  ellos  el manadero de lo popular les sigue mojando de agua clara su obra. Observará que todos los poetas del sur guardan, quizá en aquella parte suya más difícil, una rara semejanza con sus antepasados  los  arábigo-andaluces  de  los  siglos  IX,  X  y  XI,  poetas  no  traducidos  al castellano  hasta  hace  muy  poco,  dos  años  escasos,  ignorados  así  por  sus  descendientes. Quisiera leer, sin comentario, por falta de tiempo, una casida de Ostmán El Masháfi, visir de Alhaquén II y de Hixem II, (muerto en el año 982)...

Estudios sobre la influencia de la literatura árabe en la poesía española moderna (Primera Parte)

Parece que la idea de la influencia de la literatura árabe en la generación del 27 es muy temprana, pues ya en 1930 un literato español avisó sobre esta influencia; además, algunos de los mismos poetas de esta generación reconocieron que habían leído poesía árabe, como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Dámaso Alonso y Luis Cernuda.

1930: Miguel Pérez Ferrero:

 Quizá el primer investigador que avisó sobre la influencia de la literatura árabe en la generación del 27, sea Miguel Pérez Ferrero, en 1930. El 14 de agosto, había publicado en el Heraldo una reseña de Poemas arábigo andaluces, de Emilio García Gómez. En su artículo, Pérez Ferrero, que conocía bien la poesía de Lorca, había sugerido que entre ella (y la de Alberti) y los poemas traducidos por García Gómez había una evidente filiación.

 Escribió Miguel Pérez Ferrer:

“Y para desvanecer el misterio, ese misterio de evocación, el presente libro de un erudito, de Emilio García Gómez, “

Poemas arábigo andaluces.

 He de advertir, sin embargo, por si no hubiera yo sido lo suficientemente hábil para despejarlo de antemano, que no he tratado –ni tanto- identidades entre pasados y presentes fastos de poesía. Sólo me atengo a señalar lo que yo veo como itinerario.

-  Unos  días  después  de  la  revuelta  de  los  ultraístas,  nuestro  escenario  poético ofrecía como reacción, pero también como asimilación razonada, una fórmula de nueva lírica de nuevo sentimiento que, de mano de un poeta andaluz, García Lorca, se adentraba- dardo seguro- en España, desde el corazón de Granada al de Madrid.

-  Acaso faltaba para que la evocación se completase el otro poeta que con fuerza inusitada había de surgir. Acaso faltaba el que llegó, Rafael Alberti, distinto, pero complementario. Complementarios ambos poetas entre sí.

-  Abensaid- nos dice García Gómez- expresa la actitud perenne de Andalucía árabe: ...

Mística islámica y poesía surrealista - La escritura

Autor: 

Me indicó (…) que por su disposición natural no le hablaba a nadie más que por símbolos. Ibn Arabí

Si no te sitúas lejos de la descripción, quedarás atrapado por ella. Al-Niffari

Conforme más rica es la visión, más pobre resulta la expresión. Al-Niffari

La locución teopática (xath)*

El sufismo estableció una escritura dictada por la experiencia subjetiva en el seno de una cultura dirigida por un saber de carácter religioso, institucional y público. Pero dicha escritura se quedó al margen de la historia cultural árabe: es una escritura sin lugar. Es como si sus autores no hubieran vivido en un lugar, sino en sus textos. O como si el texto fuese su patria y su realidad, y el sufí se moviese en el interior de ese texto creando con él, y en él, el mundo con el que sueña, y las palabras fuesen para él los refugios, horizontes y símbolos de los senderos de ese mundo...

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