Ensayos literarios

La Alhambra en Haikus

Místicas, ambas, dialógicas, de unión con Dios; que participan del encuentro y la comunión de la criatura con la realidad divina, y en las que nunca se esfuman o disuelven las categorías personales (esposo-esposa; amado-amada, amigo-hermano, padre-hijo) en la inmensidad de un Todo o de un Absoluto Impersonal o Transpersonal. Y en contraste con esas dos tradiciones místicas, tan similares, tan cercanas y entreveradas en nuestra tradición religiosa y literaria (como lo atestiguan los estudios e investigaciones de Asín Palacios, Massignon, Ritter, Luce López-Baralt o Henri Corbin) [2], la presencia -incoada no ya en el entorno referido, sino en el espíritu de la forma poética empleada- de la Mística budista-zen, una mística monista, impersonal -en la que la relación Yo-Tú es inexistente-. Una mística, pues, no del encuentro amoroso, como la cristiana-islámica, sino de la disolución del yo o del ego, y del vacío transpersonal. Una mística, en fin, anonadante y de la cesación de todo, característica del Oriente.

Introducción al pensamiento de Mulla Sadra (Segunda Parte)

Se pueden resumir, si ello ilustra su “método” de reflexión y observación sobra el devenir, sus viajes -ya que esta es la denominación que él mismo atribuyó al itinerario metodológico de su obra capital- en cuatro planos o fases, itinerantes del alma buscadora hacia la Verdad esencial:

  1. Safar mina Âl-Halaqah ilal Haq -viaje desde la Creación hacia la Verdad-en el cual se abordan las bases físicas o naturales de la Existencia, en tanto en cuanto soporte primario para ésta; a fin de hacer posible la diferenciación entre soporte y esencia, de forma que, diferenciándolos, el primero no sea obstáculo para la comprensión de la segunda.
  2. Safar bil Haq ilal haq -viaje por la Verdad hacia Sí misma, en el cual se aborda el conocimiento de la propia Esencia, de sus atributos y las concomitancias de los conceptos elaborados en torno de ella y sus peculiaridades...

El logos oscuro en María Zambrano

Tres  aspectos  esenciales  desde  los  que  contemplar  el  pensamiento  de  Zambrano, siete  citas,  un  lema,  nueve  filósofos,  y  un  mito,  nos  servirán  de  hilo  conductor  para  adentrarnos en las coordenadas místicas, trágicas y filosóficas del que he denominado  como  logos oscuro  de esta pensadora –en obvia primera contraposición  al logos de la clarté cartesiano- en mi libro de ese título:...

Introducción al pensamiento de Mulla Sadra (Primera Parte)

Sin duda alguna la figura del Mulla Sadra forma parte de una selecta reunión de personalidades que han llegado a ser indiscutible patrimonio para la Humanidad toda. Decía el profesor Corbin de él y su pensamiento que eran ‘rotundamente una cima de la Filosofía’.

Mulla Sadra Ad-Din As-Shirazi, nacido en Shirâz en el año 979 H.q./1571-2 y muerto en Basra durante el retorno de su peregrinación a La Meca en el 1050 H.q./1640-1641, fue casi coetáneo de Francisco Suárez [Granada 1548-Lisboa 1617], y como éste ya en su tiempo fue reconocido como cumbre de la Teología escolástica y de la Filosofía de la Fe. Sadra, como de alguna manera hiciera en el campo cristiano Suárez, constituyó un cuerpo doctrinal independiente ya que, ambos superaron los libros metafísicos aristotelianos, y ambos se abrieron a un rico y personal proceso vital más allá del pensamiento, superando intelectualmente los parámetros dogmáticos escolásticos de sus respectivas academias. Nuestro filósofo conformó un sistema de pensamiento irrepetible, a la vez fiel a su tradición e innovador ante los estímulos que hasta su momento la gran Filosofía había puesto sobre el tapete de los debates metafísicos.

El héroe en el Shah Nameh; La ética del héroe (Segunda parte)

Estos valores del héroe en el Shah Nameh son visibles en los canones de caballería oriental que se reflejaron en la caballería medieval en Occidente. Estos canones éticos tuvieron su base en el shiismo iranio, convergencia de la ética mazdea con la islámica. Al respecto dice Henry Corbin:

“Esta palabra (fotowwat, javânmardî) implica a la vez las ideas de juvenilitas y caballería. La palabra persa javânmardî y su equivalente árabe fotowwat designan una forma de vida que se ha manifestada en vastas regiones de la civilización islámica, pero que, en cualquier lugar que se la encuentre, lleva siempre de forma clara la impronta shiíta irania. La fotowwat, de la que puede afirmarse que es la categoría ética por excelencia, otorga un sentido espiritual a toda asociación humana, al hecho mismo del compagnonnage; fue la idea de fotowwat la que inspiró la organización de las corporaciones de oficios u otras análogas que se multiplicaron en el mundo islámico”.

Grandes de la literatura iraní contemporánea; Abdulhossein Zarinkoub

Autor: 

Zarinkoud nació el 19 de marzo de 1923 (27 de isfan de 1301 del calendario iraní) en Borujerd, Irán en el periodo de transición de la monarquía Kayar a la Pahlavi. El clima social y político de la década del 20 en Irán corresponde a un periodo de grandes eventos que tendrían su culminación con la Revolución Islámica de 1979. Un año antes del nacimiento de Zarinkoud, en febrero de 1921, Reza Shah Pahlavi da un golpe de estado con el que se convierte en la personalidad política de más fuerza de Irán. En 1923, año del nacimiento de nuestro autor, el monarca kayarí Ajmad Sah abandonó finalmente  Irán para ir a Europa, pero solo es en octubre de 1925 cuando es depuesto oficialmente por el Majlis (Asamblea consultiva nacional) bajo la presión de Reza Pahlavi; de este modo, la asamblea declaró el fin del gobierno Kayar. En ese momento es nombrado sah Reza Pahlavi como nuevo monarca de Persia iniciando el reinado de la última dinastía persa.

Kavus regresa a Irán y despide a Rostam

Autor: 

Cuando Kavus llegó a Irán, el mundo desapareció bajo el polvo que levantaba su ejército, el ruido se elevaba hasta el sol y hombres y mujeres salieron a su encuentro con gritos de alegría. Ellos decoraron todas las ciudades de Irán y prepararon banquetes, música y canciones. El mundo entero rejuveneció a causa de este joven rey y una luna nueva se alzó en Irán. Sentado sobre su trono, hizo venir a las gentes de las ciudades para distribuirles oro. Un gran ruido se hizo en la puerta de Rostam, el del cuerpo de elefante...

De la creación como teofanía

Autor: 

La imaginación creadora como teofanía, o el “Dios del que es creado todo ser” Es necesario, ante todo, recordar los actos de la cosmogonía eterna concebida por el genio de Ibn 'Arabi. Un Ser divino, solo en su esencia incondicionada, del que no conocemos más que una cosa: la tristeza de la soledad primordial que le hace aspirar a revelarse en los seres que le manifiestan a sí mismo en la medida en que él se manifiesta a ellos. Ésa es la Revelación que nosotros percibimos y eso es lo que debemos meditar para saber quiénes somos. El leitmotiv no es, pues, el deslumbramiento de una Omnipotencia autárquica, sino una nostalgia profunda: 

“Yo era un Tesoro oculto y quise ser conocido. Por eso he producido a las criaturas a fin de conocerme en ellas”. Esta fase está representada por la tristeza de los Nombres divinos, angustiándose en el desconocimiento porque nadie los nombra, y es esta tristeza lo que viene a distender la Espiración divina (tanaffos) que es Compadecimiento (Rahma) y existenciación (ijád), y que en el mundo del Misterio es Compasión del Ser divino con y por sí mismo, es decir, por sus propios Nombres. Dicho de otra forma, origen y principio son una determinación del amor, que implica un movimiento de ardiente deseo (harakat shawqiya) en aquel que está enamorado. A este ardiente deseo aporta el Suspiro divino su distension.

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