Cuento

Cuento de la Reina de las Serpientes y las Aventuras de Bulukiya

Autor: 

Hubo una vez en los días de antaño y en épocas y eras ha mucho tiempo ya idas un sabio griego llamado Daniel, que tenía alumnos y discípulos y los hombres prudentes de Grecia eran sumisos a su autoridad y confiaban en su saber. Con todo, Alá le había negado un hijo varón. Cierta noche, mientras discurría y se lamentaba a causa de la falta de un hijo que pudiera heredar su sabiduría, se le ocurrió que Alá (¡glorificado y enaltecido sea!) escucha la oración de quienes a El recurren y que no hay ujier a la puerta de su magnificencia y que dispensa sin tasa sus favores a quienes El quiere y a ningún suplicante despide con las manos vacías, antes bien se las colma de favores y mercedes...

La esencia de la historia

La primera vez que amé fue siendo niño. Me divertía con mi tiempo hasta que la muerte apareció en el horizonte. Al comienzo de la juventud conocí el amor eterno, en pos del cual va el efímero enamorado. Me sumergí en el océano de la vida. El enamorado partió y los recuerdos ardieron bajo el sol del mediodía. Un guía me condujo al camino dorado, cubierto de dificultades y que desemboca en objetivos embaucadores. A veces aparece el perfecto caballero y otras se ve partir al enamorado.

Me parece que entre la muerte y yo hay un reproche, pero mi destino está en la esperanza.

FELICIDAD

Volví a la vieja calle, después de una larga ausencia, para asistir a un funeral. No quedaba ninguna huella digna de mención de su imagen dorada. 

El dulce aroma del Profeta

Autor: 

A un lejano pueblo llegó una caravana de camellos. Una de las casas tenía la puerta a medio abrir. Un viajero dijo:

“Bajemos nuestras cosas y protejámonos del duro frío.”

De momento se oyó una voz desde el interior de la casa:

“¡Antes de penetrar dejen sus pertenencia afuera!”

No lleves contigo lo que debe quedar afuera pues te espera un encuentro importante.

El que habló de esta forma era un esclavo mozo de caballos .Poseía nombre de siervo pero en realidad era un sultán. Su dueño, no estaba consciente de lo que tenía cerca y lo miraba como miraba Iblis a Adán. Una vez, este esclavo enfermó y su malestar fue informado al Profeta. Pero su amo no sabía de su estado. Por nueve días este esclavo, nombrado Hilal, estuvo al borde de la muerte sin que nadie lo supiera...

Las lágrimas petrificadas

Un hombre que recogía piedras en una montaña de China derramó abundantes lágrimas de sus ojos y a medida que sus lágrimas caían a tierra se transformaban en guijarros.  Si guijarros de este tipo estuvieran en posesión de las nubes, lo que llovería hasta la resurrección no sería más que un objeto de suspiros.  La ciencia es lo propio del hombre puro y verídico. Si hay que ir a China para encontrarla, ve a buscarla allí; pues la ciencia, por el mal querer de los despreocupados, se ha vuelto tan dura de manejar como la piedra.

Rey de Persia

Autor: 

Un hombre que ha leído en un libro antiguo que contiene las historias de los héroes, dice que Kiumars fue el que instituyó el trono y la corona y que fue el primer rey. Cuando el sol entró bajo el signo de Capricornio, el mundo se llenó de esplendor, de orden y de luz; el sol brilló bajo el signo de Capricornio, de madera que el mundo se rejuveneció enteramente: entonces, Kiumars se convirtió en el dueño del mundo. Al principio, él estableció su casa en las montañas; su trono y poderío se alzaron en las montañas, y él se vistió, él y sus compañeros, con pieles de tigres. De él proviene cualquier civilización, puesto que el arte de vestirse y alimentarse era nuevo. Él reinó treinta años sobre la tierra. Él era hermoso como un sol en su trono; el brillaba desde lo alto de su trono real, como lo hace una luna de dos semanas por encima de un esbelto ciprés. Los animales feroces y las bestias salvajes que lo vieron ,acudieron hacia él desde todos los lugares del mundo ,y se mantenían inclinados delante de su trono; fue ahí que se revelaron su majestad y su alta fortuna. Ellos acudieron ante él para rendirle homenaje ; fue de él que recibieron las leyes...

Rey de Persia

Autor: 

Un hombre que ha leído en un libro antiguo que contiene las historias de los héroes, dice que Kiumars fue el que instituyó el trono y la corona y que fue el primer rey. Cuando el sol entró bajo el signo de Capricornio, el mundo se llenó de esplendor, de orden y de luz; el sol brilló bajo el signo de Capricornio, de madera que el mundo se rejuveneció enteramente: entonces, Kiumars se convirtió en el dueño del mundo. Al principio, él estableció su casa en las montañas; su trono y poderío se alzaron en las montañas, y él se vistió, él y sus compañeros, con pieles de tigres...

Historia del monasterio

Autor: 

 "Sabed que he permanecido mucho tiempo en los Santos Lugares, en compañía de hombres piadosos e ilustres, y vivía muy modesta­mente, sometiéndome a ellos, pues Alah el Altísimo me ha concedido el don de la humildad y la renunciación. Y hasta pensaba pasar el resto de mis días de la misma manera entre la tranquilidad y el cumpli­miento de los deberes piadosos y la paz de una vida sin incidentes. Pero no contaba con el Destino.
"Una noche llegué a orillas del mar, que hasta entonces no había visto nunca, y sentí una fuerza irresistible que me impulsaba a andar por encima del agua. Me lancé a ello resueltamente, y con gran asom­bro mío me sostenía sobre el agua, sin hundirme y sin mojarme si­quiera los pies desnudos. ...

El hombre de vida inexplicable

Autor: 

Había una vez un hombre llamado Moyut. Vivía en una aldea en la que había obtenido un puesto como pequeño funcionario y parecía muy probable que fuese a terminar sus días como inspector de pesas y medidas. Una tarde, cuando estaba caminando por los jardines de un viejo edificio cerca de su casa, el Jádir -misterioso guía de los sufíes- se le apareció vestido con una túnica de brillante verde. Moyut se encontró con el Jádir y el Jádir le dijo:

-Hombre de brillantes perspectivas, deja tu trabajo y encuéntrame junto a la ribera del río dentro de tres días.

El agua del Paraíso

Autor: 

Un beduino seco y miserable, que se llamaba Harith, vivía desde siempre en el desierto. Se desplazaba de un sitio a otro con su mujer Nafisa. Hierba seca para su camello, insectos, de vez en cuando un puñado de dátiles, un poco de leche: una vida dura y amenazada. Harith cazaba las ratas del desierto para apoderarse de su piel y hacía cuerdas con las fibras de las palmeras, que intentaba vender en las caravanas.

Sólo bebía el agua salobre que encontraba en los pozos enfangados.

El rey, el cirujano y el sufí

Autor: 

En la antigüedad, un rey de Tartaria estaba paseando con algunos de sus nobles. Al lado del camino se encontraba un Abdal (un sufí errante), quien exclamó:

-Le daré un buen consejo a quienquiera que me pague cien dinares.

El Rey se detuvo y dijo:

-Abdal, ¿cuál es ese buen consejo que me darás a cambio de cien dinares?

-Señor -respondió el Abdal-, ordena que se me entregue dicha suma y te daré el consejo inmediatamente.

El Rey así lo hizo, esperando escuchar algo extraordinario.

El sufí le dijo: ...

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