Omar Khayyam

El Sabio

Autor: 

El sabio

El amor que no arrasa no es amor.

¿Brinda acaso un tizón el calor de una hoguera?

Día y noche, toda su vida entera,

el verdadero amante se consume

entre el dolor y el placer.

 

Para el sabio alegría y tristeza,

bondad y maldad son semejantes. Y todo

cuanto comenzó debe acabar. Medita, pues,

si debes alegrarte con la felicidad que llega

o desconsolarte con la pena súbita.

La rueda del destino (Rubaiyat)

Autor: 

¡Oh rueda del destino!: la destrucción procede de tu odio implacable. La tiranía es para ti un acto predilecto, que cometes desde el comienzo de los siglos. Y tú también ¡oh tierra!, si lográsemos explorar en tu seno, cuántos tesoros inapreciables encontraríamos en ti... El correr de mi existencia se agotará en pocos días. Pasará como el viento del desierto. Así, mientras me quede un soplo de vida, habrá dos días que no me inquietarán jamás: aquel que no ha llegado; aquel que ya pasó. Este rubí precioso procede de una mina aparte. Nuestras diferentes conclusiones sobre esta materia son erróneas, porque el enigma del verdadero amor se explica en un lenguaje aparte.

En este mundo

Autor: 

En este mundo, donde cada soplo que respiramos nos

trae una nueva tristeza, es mejor no respirar jamás un

instante sin una copa de vino en la mano.

Cuando el soplo de la aurora se haga sentir, levántate y, una y

otra vez, vacía la copa, porque por largo tiempo la aurora respirará

cuando nosotros no respiremos más.

Rubaiyat (22)

Autor: 

El correr de mi existencia se agotará en pocos días. Pasará como el viento del desierto.

Así, mientras me quede un soplo de vida, habrá dos días que no me inquietarán jamás: aquel que no ha llegado; aquel que ya pasó.

Este rubí precioso procede de una mina aparte.

Nuestras diferentes conclusiones sobre esta materia son erróneas, porque el enigma del verdadero amor se explica en un lenguaje aparte...

Canto de Omar Khayyam (4)

Autor: 

La aurora: felicidad y pureza. Un inmenso rubí cintila en cada copa. Coge dos ramas de sándalo: haz con una de ellas un laúd y deja que la otra te perfume.

Lámparas que se apagan, esperanzas que se encienden: la aurora. Lámparas que se encienden, esperanzas que se apagan: la noche.

Cuando vaciles bajo el peso del dolor, y estén ya secas las fuentes de tu llanto, piensa en el césped que brilla tras la lluvia; cuando el resplandor del día te exaspere, y llegues a desear que una noche sin aurora se abata sobre el mundo, piensa en el despertar de un niño.

Canto de Omar Khayyam ( 3 )

Autor: 

Aspirar a la paz aquí abajo: locura; creer en el eterno reposo: locura. Después de la muerte, tu sueño será breve, y habrás de renacer en un puñado de hierba pisoteada por el viandante o en una flor que el sol marchitará.

No busques la felicidad: la vida es breve como un suspiro. Convertidos en polvo, flotan, en el molino que contemplas, Jamshyd y Kaikobad. El universo es un espejismo; la vida, un sueño.

La vida es un juego monótono en el que sólo puedes ganar dos con el dolor y la muerte. ¡Dichoso aquél que expiró el mismo día de nacimiento! ¡Y más dichoso aún el que no ha nacido!

Canto de Omar Khayyam (1)

Autor: 

¡Qué mezquino el corazón que no sabe amar! Si no estás enamorado, ¿cómo puedes gozar con la deslumbrante luz del sol o la suave claridad de la luna?

¡Oh, tú, cuyo rostro de estatuilla china causa envidia a las rosas silvestres! ¿Sabes que tus ojos aterciopelados han vuelto al rey de Babilonia semejante a un alfil que retrocede ante la reina?

No ves sino las apariencias de las cosas; te das cuenta de tu ignorancia y, sin embargo, no renuncias a amar. Deberías saber que Alá nos ha dado el amor como nos dio ciertas plantas venenosas.

Olvida que deberías haber sido recompensado ayer y no lo fuiste ¡Qué importa, sé feliz! No eches de menos ninguna cosa ni espere nada tampoco. Lo que ha de suceder, escrito está en el libro que hojea, al azar, el viento de la eternidad.

El pir y su compañero de viaje

Autor: 

"Desembarázate de lo que excita tu temor, pues esto te hace culpable y entonces cualquier camino que quieras coger será bueno. El divo teme al que es indiferente a la posesión del dinero y rápidamente huye lejos de él. Por la apreciación de un grano de oro que te está prohibido, hasta llegarás a dividir con diligencia un cabello. En la religión el oro es como un asno cojo; no tiene valor, aunque tenga peso. Cuando llega de improviso, os gobierna y, cuando ataca a la piedad, os deja estupefactos. Aquel que ha seguido la ruta del oro se ha perdido y lo han tirado en el pozo atado de pies y manos. Evita, como José, este profundo pozo; pero en todo caso, retén tu aliento, pues en este pozo se respira un aire completamente extraordinario"...

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