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Omar Khayyam

Mensaje de error

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¡Oh rueda del destino!: la destrucción procede de tu odio implacable. La tiranía es para ti un acto predilecto, que cometes desde el comienzo de los siglos. Y tú también ¡oh tierra!, si lográsemos explorar en tu seno, cuántos tesoros inapreciables encontraríamos en ti... El correr de mi existencia se agotará en pocos días. Pasará como el viento del desierto. Así, mientras me quede un soplo de vida, habrá dos días que no me inquietarán jamás: aquel que no ha llegado; aquel que ya pasó. Este rubí precioso procede de una mina aparte. Nuestras diferentes conclusiones sobre esta materia son erróneas, porque el enigma del verdadero amor se explica en un lenguaje aparte.

En este mundo, donde cada soplo que respiramos nos

trae una nueva tristeza, es mejor no respirar jamás un

instante sin una copa de vino en la mano.

Cuando el soplo de la aurora se haga sentir, levántate y, una y

otra vez, vacía la copa, porque por largo tiempo la aurora respirará

cuando nosotros no respiremos más.

"Desembarázate de lo que excita tu temor, pues esto te hace culpable y entonces cualquier camino que quieras coger será bueno. El divo teme al que es indiferente a la posesión del dinero y rápidamente huye lejos de él. Por la apreciación de un grano de oro que te está prohibido, hasta llegarás a dividir con diligencia un cabello. En la religión el oro es como un asno cojo; no tiene valor, aunque tenga peso. Cuando llega de improviso, os gobierna y, cuando ataca a la piedad, os deja estupefactos. Aquel que ha seguido la ruta del oro se ha perdido y lo han tirado en el pozo atado de pies y manos. Evita, como José, este profundo pozo; pero en todo caso, retén tu aliento, pues en este pozo se respira un aire completamente extraordinario"...

Confórmate en este mundo con pocos amigos. No busques prolongar la simpatía que alguien te inspiró. Antes de estrechar la mano de un hombre, piensa si ella no te golpeará un día.  

Antaño, este jarrón era un pobre amante que gemía ante la indiferencia de una mujer. El asa del borde, era el brazo que ceñía el cuello de su bienamada.

Cuán mísero el corazón que no sabe amar, que no puede embriagarse de amor! Si no amas ¿cómo podrás comprender la luz enceguecedora del sol y la suave claridad lunar?

Toda mi juventud retoña hoy. ¡Escancia vino! No importa cual... ¡No soy delicado! ¡En verdad, al mejor lo encontraré amargo como a la vida!

Sabes que careces de poder sobre tu destino. ¿Por qué la incertidumbre del mañana ha de causarte inquietud? Si eres sabio, goza del momento actual. ¿El porvenir? ¿Qué puede traerte el porvenir?...

223 La diversidad de cultos divide al género humano en sesenta y dos naciones, más o menos.

En medio de todos esos dogmas, yo he escogido el de tu amor.

¿Qué significan estas palabras: impiedad, islamismo, culto, pecado?

Mi verdadero fin eres tú.

¡Lejos de mí todos esos vanos pretextos!

 

224 Cuenta mis virtudes una por una y mis defectos, perdónalos por docenas.

Cada pecado cometido, perdónalo por el amor de Dios.

No atices el fuego del odio con el soplo de las pasiones.

Perdóname en memoria de la tumba del Profeta de Dios.

 

225 En verdad, el vino en la copa es un espíritu límpido; en el cuerpo de la botella, es un alma transparente.

Ninguna persona antipática es digna de mi sociedad...

¡Cómo son bellas estas ramas que crecen al bordo del arroyo!

Se diría que han nacido sobre los labios de una angélica beldad.

No pongas, desdeñosamente, tus pies sobre ellas,

porque provienen del germen del polvo de una faz coloreada con tinte de tulipán.

Cada corazón que Dios ha iluminado con la luz del cariño, 

sea que frecuente la mezquita a la sinagoga, ha inscrito su nombre en el libro del amor

y se ha liberado del temor del infierno y de la esperanza del paraíso.

Un sorbo de vino vale más que el reino de Kavous; 

es preferible al trono de Kabad y al imperio de Thous.

Los suspiros que mantienen preso al amante son

preferibles a los gemidos de los devotos hipócritas

Aunque el pecado me haya vuelto feo

y desgraciado no estoy sin esperanza, como los idólatras que se apoyan

sobre los dioses de sus templos.

La mañana en que esté muriendo como consecuencia de la ebriedad de la víspera,

pediré vino, y llamaré a mi amante, porque ¿qué me importan el paraíso y el infierno?...

Un santo personaje, que encontraba su felicidad en Dios, se había entregado durante cuarenta años a la adoración. Había huido del mundo y se había sustentado de los secretos de Dios detrás del telón. Dios estaba íntimamente unido a él y esto le bastaba; si hubiera dejado de existir, le habría sido indiferente, puesto que Dios no habría dejado de existir. El sufí poseía un recinto en medio del cual había un árbol. Ahora bien, un pájaro había hecho su nido en este árbol. El canto de este pájaro era dulce, sus acentos eran agradables; había cien secretos en cada una de sus notas. Este servidor de Dios encontró un encanto en el suave canto de este pájaro, así como en los alrededores. Pero Dios hizo una revelación sobre este tema al profeta de aquel tiempo, que era un hombre de acción, en estos términos: "Di a este sufí que es asombroso que después de haber hecho día y noche todas sus prácticas de piedad, que después de haber ardido tantos años de amor por mí, haya acabado por venderme por un pájaro. Es cierto que este pájaro es admirable de perfección; pero al fin es el canto de un pájaro el que te ha cogido en su red. Yo, por el contrario, te he comprado y te he enseñado y tú me has vendido indignamente. ¿Te he vendido, pues, la compra? ¿He aprendido de ti la fidelidad? No te vendas gratuitamente por tan poca cosa; yo soy tu amigo, no dejes de ser el mío".

El vasto mundo: un grano de polvo en el espacio

Toda la ciencia de los hombres: palabras.

Los pueblos, los animales y las flores de los siete climas: sombras.

El resultado de tu perpetua meditación: nada ...

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