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En un oscuro y estrecho callejón de Bagdad, un hombre baja corriendo despavorido unas escaleras de piedra. El hombre, presa del terror, entra repentinamente en una casa mientras exclama:

— ¡Maestro! ¡Maestro! Ahora… ¡tiene que salvarme, señor!

— ¡Hakim! -exclama el viejo mercader, que, sorprendido, deja a un lado sus anotaciones-. -¿Qué ocurre? ¿Qué te pasa?

—Debe ayudarme, señor, ¡por favor! ¡Présteme su caballo…! ¡Abandonaré Bagdad galopando y escaparé de mi destino!

El viejo acerca una silla al hombre y le dice:

— ¡Cálmate, Hakim! Anda, siéntate y descansa, déjame servirte un vaso de agua…

— ¡No hay tiempo, maestro! ¡Por favor! ¡Debo partir!

—Cuéntame lo que te pasa, amigo mío… -dijo el viejo.

—Justo esta mañana, maestro, como sabe, estaba en el mercado comprando provisiones para la semana. Todo parecía ir bien… Pero justo al terminar y dirigirme a casa… choqué con un hombre entre la multitud. Cuando me di la vuelta ¡vi que era La Muerte quien me había empujado! … y luego… me miró… ¡e hizo un gesto amenazante!

— ¿Un gesto amenazante? -inquirió el viejo mercader.

—Oh maestro…, estaba tan asustado...

—Sí. Sí, ya veo… ¿Y ahora…?

— ¡Oh!, ¡debo correr, señor! -exclamó el hombre y, descubriendo su rostro, agregó:

— ¡Mi hermano vive en Samarra! Si me ayudara…, con su caballo podría…

—Si… -lo interrumpió el mercader-. Tendrás mi semental más veloz… -dijo firmemente el viejo. -¡Sólo espero que sea lo suficientemente veloz, Hakim!

El hombre cabalga por el desierto, mientras el viejo mercader lo ve perderse en el horizonte.

Y así, el mercader regresó al mercado.

Se aproximó a la figura encapuchada y exclamó:

— ¡Deseo hablar contigo, Muerte!-. La Muerte volvió lentamente la cabeza hacia el anciano, quien prosigue: -¡Hakim era mi amigo! ¿Por qué le has hecho un gesto amenazante justamente hoy?

Apaciblemente, la Muerte se dirigió al mercader con estas palabras:

— ¡Eres un buen hombre, mercader!, ¡pero temo que te equivocas! No fue un gesto amenazante… Simplemente me sorprendió verlo en Bagdad esta mañana… ¡cuando tengo una cita con él por la noche… en Samarra!  

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