Mensaje de error

  • Notice: Undefined variable: node en rainbow_breadcrumb() (línea 29 de /home/literatura/domains/literatura.islamoriente.com/public_html/sites/all/themes/rainbow/template.php).
  • Notice: Trying to get property of non-object en rainbow_breadcrumb() (línea 29 de /home/literatura/domains/literatura.islamoriente.com/public_html/sites/all/themes/rainbow/template.php).

Anónimo

Sa’dí, el poeta peregrino (Segunda Parte); Temática del Golestán

Autor: 

Estos bellos versos de La rosaleda están escritos con letras doradas sobre un tapiz, junto a su traducción al inglés, en uno de los salones de la sede neoyorquina de las Naciones Unidas. Es la temática de esta obra de índole sapiencial, tal como el mismo autor nos deja bien claro tanto en su introducción como en las últimas líneas de su libro. No es ni mucho menos Sa'dí el iniciador de este tipo de literatura en Persia, siendo el Golestán la continuación de obras anteriores escritas tanto en el Irán islámico como en el preíslámico. En este último caso, la más representativa y conocida es el Yávidán-e-Jerad («La sabiduría eterna»), escrita quizás en el siglo vi, así titulada porque los consejos que da el autor pretenden serde carácter eterno y sin fecha de caducidad, pues son aplicables a cualquier época y circunstancia, mientras los humanos sean como son: humanos. Esto mismo se podría afirmar del Golestán, de cuyos consejos y recomendaciones, ...

Sa’dí, el poeta peregrino (Tercera Parte); El estilo de La rosaleda

Autor: 

    Llegamos a la parte de la elocutio  , al estilo que escogió Sa'dí para redactar el Golestán . Si bien nuestro poeta siguió a sus antecesores en cuanto a temática, al redactar una obra cuentística moralizante, fue totalmente original al crear un estilo novedoso en el que la prosa rimada preciosista y la didáctica se mezclan en una perfecta simbiosis en la que es difícil discriminar cuál de estas dos dimensiones destaca sobre la otra. El estilo de la parte en prosa de esta obra se ha clasificado como macama. Pese a ello, no se puede decir que Sa’dí haya seguido a los autores de este género, cultivado también en la literatura árabe, de donde procede, pues ha sabido combinar una prosa rimada en extremo preciosista con un léxico sencillo que pueda ser comprendido por las gentes a quienes la obra iba dirigida: el vulgo, lo que ya de por sí la excluye de la macama. 

Sa’dí, el poeta peregrino (Primera Parte)

Autor: 

Fue en el siglo XIII cuando en la región sureña de Fars, que llevaba varios siglos de silencio literario sin que ningún genio aflorara en lo que fue la cuna genuina de la civilización persa, nació el que sería una delas mayores figuras literarias de la Persia musulmana: Sa’dí de Shiraz. En efecto, en el siglo X de nuestra era la cultura persa renace de las cenizas sasánidas con el ropaje del islam. Pero esta vez no fue la Pérside la protagonista de la regeneración, como lo fuera en el siglo ni, sino que fue el Irán del extrarradio, nororiental para más señas, el que tomó las riendas, con la dinastía Saffarí primero y Samaní después, de lo que sería el renacimiento cultural y literario -y el nacimiento científico, cabría añadir- y el germen del Irán moderno. Así, nombres como los de Rudakí, el Chaucer de los persas, Ferdousí, que versificó la épica del Irán antiguo, 'Omar Jayyám, autor de las célebres Robáyyáts, Anvari, panegirista en la corte selyúcida, y 'Attár y Moulavi, irrepetibles genios de la mística irano musulmana, por no hablar de sabios como Avicena y Biruni, todos, decía, están asociados al Irán nororiental, el Gran Jorasán. ...

Historia del monasterio

Autor: 

 "Sabed que he permanecido mucho tiempo en los Santos Lugares, en compañía de hombres piadosos e ilustres, y vivía muy modesta­mente, sometiéndome a ellos, pues Alah el Altísimo me ha concedido el don de la humildad y la renunciación. Y hasta pensaba pasar el resto de mis días de la misma manera entre la tranquilidad y el cumpli­miento de los deberes piadosos y la paz de una vida sin incidentes. Pero no contaba con el Destino.
"Una noche llegué a orillas del mar, que hasta entonces no había visto nunca, y sentí una fuerza irresistible que me impulsaba a andar por encima del agua. Me lancé a ello resueltamente, y con gran asom­bro mío me sostenía sobre el agua, sin hundirme y sin mojarme si­quiera los pies desnudos. ...

El hombre de vida inexplicable

Autor: 

Había una vez un hombre llamado Moyut. Vivía en una aldea en la que había obtenido un puesto como pequeño funcionario y parecía muy probable que fuese a terminar sus días como inspector de pesas y medidas. Una tarde, cuando estaba caminando por los jardines de un viejo edificio cerca de su casa, el Jádir -misterioso guía de los sufíes- se le apareció vestido con una túnica de brillante verde. Moyut se encontró con el Jádir y el Jádir le dijo:

-Hombre de brillantes perspectivas, deja tu trabajo y encuéntrame junto a la ribera del río dentro de tres días.

El agua del Paraíso

Autor: 

Un beduino seco y miserable, que se llamaba Harith, vivía desde siempre en el desierto. Se desplazaba de un sitio a otro con su mujer Nafisa. Hierba seca para su camello, insectos, de vez en cuando un puñado de dátiles, un poco de leche: una vida dura y amenazada. Harith cazaba las ratas del desierto para apoderarse de su piel y hacía cuerdas con las fibras de las palmeras, que intentaba vender en las caravanas.

Sólo bebía el agua salobre que encontraba en los pozos enfangados.

El rey, el cirujano y el sufí

Autor: 

En la antigüedad, un rey de Tartaria estaba paseando con algunos de sus nobles. Al lado del camino se encontraba un Abdal (un sufí errante), quien exclamó:

-Le daré un buen consejo a quienquiera que me pague cien dinares.

El Rey se detuvo y dijo:

-Abdal, ¿cuál es ese buen consejo que me darás a cambio de cien dinares?

-Señor -respondió el Abdal-, ordena que se me entregue dicha suma y te daré el consejo inmediatamente.

El Rey así lo hizo, esperando escuchar algo extraordinario.

El sufí le dijo: ...

La pulsera de tobillo

Autor: 

Se dice, entre lo que se dice, que en una ciudad había tres hermanas, hijas del mismo padre, pero no de la misma madre, que vivían juntas hilando lino para ganarse la vida. Y las tres eran como lunas; pero la más pequeña era la más hermosa y la más dulce y la más encantadora y la más diestra de manos, pues ella sola hilaba más que sus dos hermanas reunidas, y lo que hilaba estaba mejor y sin defecto por lo general. Lo cual daba envidia a sus dos hermanas, que no eran de la misma madre.

Picar para curar

Autor: 

Había una vez dos personajes en la ciudad de Bistam que se aborrecían mutuamente debido a una vieja rivalidad. Ambos, casualmente, querían estudiar los secretos del orígen y el destino del hombre con el renombrado sabio Alí Beg, cuyo domicilio estaba en un lugar lejano de Persia. Pero Alí, antes de verlos, escribió a otro sabio, Ibn Hamza, que vivía cerca de Bistam, y le pidió que hablase con ellos en su nombre. Pero ambos rehusaron visitar a Ibn Hamza.

El primer personaje dijo:

- Yo quiero la raíz, no la rama.

El segundo dijo:

- Ibn Hamza es un don nadie.

Entonces Ibn Hamza comenzó a esparcir rumores insultantes acerca de los dos postulantes a iluminados.

Historia de Abdula, el mendigo ciego (de “Las Mil y Una Noches”)

Autor: 

El mendigo ciego que había jurado no recibir ninguna limosna que no estuviera acompañada de una bofetada, refirió al Califa su historia:
-Comendador de los Creyentes, he nacido en Bagdad. Con la herencia de mis padres y con mi trabajo, compré ochenta camellos que alquilaba a los mercaderes de las caravanas que se dirigían a las ciudades y a los confines de tu dilatado imperio.
Una tarde que volvía de Basora con mi recua vacía, me detuve para que pastaran los camellos; los vigilaba, sentado a la sombra de un árbol, ante una fuente, cuando llegó un derviche que iba a pie a Basora. Nos saludamos, sacamos nuestras provisiones y nos pusimos a comer fraternalmente. El derviche, mirando mis numerosos camellos, me dijo que no lejos de ahí, una montaña recelaba un tesoro tan infinito que aun después de cargar de joyas y de oro los ochenta camellos, no se notaría mengua en él ...

Páginas