Nacimiento de Manucherhr (Historia del Shah Nameh)

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Nacimiento de Manucherhr

Presta atención al acontecimiento que trajo la bóveda azul del cielo, después de que hubo dado vueltas durante nueve meses. Nació de la bella, llena de virtudes, un hijo digno de la diadema y del trono. En cuanto salió de las entrañas de su madre, se lo llevaron al rey. El que lo llevaba dijo: ¡Oh dueño de la corona!  ¡Que se regocije tu alma! ¡Mira a este Iraye!

Los labios del dueño del mundo se llenaron de una sonrisa. Hubieras dicho que Ireye nació de nuevo para plegaria a Dios. ¡Plazca a Dios que la vista me sea devuelta para que permita ver el rostro de este niño! Y desde el instante que Fereidun rezara, Dios le acordó su demanda y le devolvió la vista. Cuando el rey vio este mundo lleno de luz, dirigió la mirada hacia el recién nacido y dijo: ¡Bendito sea este día! ¡Que se desgarren los corazones de mis enemigos! Hizo traer brillante vino y copas preciosas y dio por nombre al niño de franco rostro Manuchehr, pronunciando estas palabras: Ha dado fruto la digna rama de una madre y de un padre puro.

Educó al niño de tal forma que el viento del cielo no se atrevía a posarse sobre él. El pie del esclavo que lo llevaba jamás tocaba tierra; no caminaba sino sobre oloroso almizcle y la cabeza cubierta con un parasol de brocado. Así trascurrieron los años, sin que los astros pudieran enviarle desgracias. El  glorioso rey le enseñó las virtudes que necesitaba para reinar. Fereidun habiendo recobrado su corazón y sus ojos, el mundo entero se llenó de nuevo de su fama.

Fereidun dio a Manuchehr un trono de oro, una pesada maza, la corona real de turquesas, la llave de su tesoro lleno de oro y joyas, el trono, el collar, la diadema, el cinturón y un recinto de brocado de variados colores  lleno de tiendas de piel de leopardo. Caballos árabes con las bridas de oros, espadas indias con vainas de oro, corazas, casco y cotas de malla de Rum que podían desabrocharse; además, blancos arcos y flechas de madera de álamo , escudo de China y jabalinas para el combate ; todos esos tesoros que él había amasado y preparado a costa de duras penas, los vio dignos de Manuchehr y sintió que su corazón se llenaba de amor por él. Seguidamente convocó a todos los jefes de su ejército;  a todos los grandes de su reino. Todos acudieron con el corazón inflado de venganza. Ellos lo saludaron como un rey, y vertieron esmeraldas sobre su corona. El carnero y el lobo caminarían juntos por el mundo entero, en esa nueva fiesta y en ese gran día.

Se vieron a los jefes de la guerra, a Garen el hijo de Kaveh; a Shirvei, el  terrible león, a Garshasp, llevando  la cabeza en alto, y golpeando rápido su espada; Sam, el hijo de Nariman, el campeón del pueblo, a Gobad y Keshvad, el de la toca de oro, y otros muchos príncipes protectores  del mundo. Y cuando todo el ejército estuvo reunido, la cabeza del rey se elevó por encima de todo el pueblo.

 

Fuente: Shahnameh, Ferdowsi. Traductora: Dr. Beatriz Salas, Editorial Chape Par. 2013, Irán

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