Mahmud Darwish

La última tarde en esta tierra

La última tarde en esta tierra cortamos nuestros días

de nuestros arbustos y contamos los corazones que nos llevaremos

y los que dejaremos, allí. La última tarde

no nos despedimos de nada, y no encontramos tiempo para nuestro fin.

Todo permanece en su estado, el lugar renueva nuestros sueños

y a sus visitantes. De pronto no somos capaces de ironizar...

La muerte de fénix

hay una flauta,

en la flauta que nos habita

un fuego

y en el fuego que encendemos

un Fénix verde.

En su elegía no he distinguido

mi ceniza de tu polvo.

 

Una nube de lilas basta para ocultarnos la

jaima del pescador.

Camina, pues, sobre las aguas como el Señor.

Ella me ha dicho:

El recuerdo que llevo de ti no está

desierto

y ya no hay enemigos para las rosas que

surgen de los escombros de tu casa.

 

Un anillo de agua rodeaba la elevada

montaña

y el Tiberíades era el patio trasero del primer

Paraíso.

Le dije: la imagen del universo se ha completado

en unos ojos verdes.

 

Ella me respondió: Oh, mi príncipe y mi cautivo,

guarda mis vinos en tus jarras.

 Los dos extraños que se han consumido en

nosotros son

esos que hace un instante han intentado

matarnos,

los que volverán a sus espadas dentro de poco,

los que nos preguntan: ¿Quiénes sois?...

Las enseñanzas de Hurriyya

1

Un día pensé en partir. Un jilguero

se posó en mi mano y se durmió.

Me bastaba con acariciar el pámpano de una

parra, deprisa,

para que ella supiera que mi copa estaba llena,

acostarme temprano

para que ella viera mi sueño y prolongara su noche para

velarlo,

que una de mis cartas llegara

para que ella supiera que mi dirección había cambiado

en el seno de las cárceles y que

mis días revoloteaban en torno a ella

y ante ella.

 

II

Mi madre cuenta mis veinte dedos de lejos.

Me peina con un mechón de su cabello dorado.

Busca en mi ropa interior a las mujeres desconocidas

y zurce mis calcetines rotos.

No he crecido en sus manos como deseábamos, ella y yo.

Nos separamos en la pendiente de mármol.

Las nubes nos hicieron señas, a nosotros y

a unas cabras que heredarán el lugar.

 

El exilio nos crea dos lenguajes:

Dialecto, para que las palomas se entiendan

y guarden el recuerdo,

y literal, para que explique a las sombras

su sombra...

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