De cómo el infiel le preguntó a Alí, que Dios honre su persona diciendo: «Puesto que habías vencido a un hombre como yo, ¿por qué has soltado la espada?»

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De cómo el infiel le preguntó a Alí, que Dios honre su persona diciendo: «Puesto que habías vencido a un hombre como yo, ¿por qué has soltado la espada?»

 

Dijo: «Habla, oh príncipe de los creyentes, para que mi alma se mueva dentro de mi cuerpo, como el embrión». ¿Cómo puede moverse el embrión mientras está bajo el gobierno (de las estrellas)? Va de las estrellas al Sol. Cuando llega el momento de que el embrión reciba el espíritu, el Sol se convierte en su ayudante. El embrión se mueve por el Sol que lo dota de espíritu. De las estrellas recibió solo una impresión, hasta que el astro brilló sobre él. ¿Cómo se conectó en el útero con el hermoso Sol? Por la manera que es ajena a nuestra percepción sensorial.

                El Sol en el cielo tiene muchos modos: el modo en que el oro recibe la nutrición y el modo en que la piedra se convierte en jacinto, el modo en que hace que el rubí sea rojo y el modo en que le da la chispa a la herradura, el modo en que madura la fruta y el modo en que da valor al atemorizado.

                «Cuéntalo, oh halcón de relucientes alas, que estás acostumbrado al Rey y su puño. Cuéntalo, oh halcón real que cazas el Anqa, oh tú que vences a un ejército por tu cuenta, sin tropas. Tú solo eres la comunidad, eres uno y cien mil. Cuéntalo, oh tú de cuyo halcón he sido presa. ¿Por qué esta misericordia en lugar de la venganza? ¿Quién le da la mano a un dragón?».

Dijo: «Empuño la espada por amor de Dios, soy Su siervo, no estoy bajo el mando del cuerpo. Soy el León de Dios, no el león de la pasión: mis actos dan fe de mi religión. En la guerra soy “no tirabas tú cuando tiraste”: yo soy como la espada y es el Sol quien la empuña. Me he deshecho del equipaje del yo, considero todo lo que no es Dios como no-existencia. Soy una sombra, el Sol es mi señor; soy el chambelán, no soy la cortina (que impide el paso) hacia Él. Estoy repleto de las perlas de unión, como una espada (enjoyada): en la batalla, hago vivos, no muertos. La sangre no empaña el lustre de mi espada: ¿cómo va el viento a llevarse mis nubes? No soy una brizna de paja, soy una montaña de autodominio, paciencia y justicia: ¿cómo va el fiero viento a llevarse la montaña?».

                Lo que el viento arranca es basura, pues hay muchos vendavales contrarios. El viento de la cólera, el de la lujuria y el de la codicia barrieron a los que no realizaban las plegarias (rituales).

                «Soy una montaña y mi ser es Su edificio; y si me convierto en brizna de paja, mi viento es el Suyo. Mi anhelo no se agita salvo por Su viento; mi capitán no es nadie salvo el amor del Uno. La cólera reina sobre los reyes, pero es mi esclava: hasta a la ira le he puesto riendas. La espada de mi autodominio ha golpeado el cuello de mi furia; la cólera de Dios me sobreviene como una misericordia. Estoy sumido en la luz, aunque mi techo está roto; me he convertido en jardín, aunque me llamen Bu Turab (el padre del polvo). Puesto que ha intervenido un pensamiento de algo que no era Dios, debo envainar la espada, para que mi nombre sea ama por causa de Dios y para que mi deseo pueda ser odia por causa de Dios, para que mi generosidad sea da por causa de Dios y mi ser se retiene por causa de Dios».

                «Mi tacañería es por Dios y mi generosidad solo por Dios: pertenezco enteramente a Dios, no pertenezco a nadie más; y lo que hago por Dios no es en conformidad, ni por fantasía u opinión, no es más que intuición. He sido liberado del esfuerzo y la búsqueda, he atado mi manga a la falda de Dios. Si vuelo, contemplo el lugar sobre el que planeo; si me muevo en círculos, observo el eje sobre el que giro; y si arrastro una carga, sé adonde: soy la Luna y el Sol está ante mí como guía».

                No hay manera de comunicar más que esto a la gente: en el río no cabe el mar. Hablo bajo de acuerdo con la medida de su comprensión: no es un defecto, es la costumbre del Profeta.

                «Estoy emancipado de interés propio: escucha el testimonio de un hombre libre, pues el de los esclavos no vale dos granos de cebada». De acuerdo con la ley religiosa, el testimonio de un esclavo carece de valor en el litigio y el juicio. Aunque mil esclavos testificaran a tu favor, la ley no da más valor a sus declaraciones que a una brizna de paja. A los ojos de Dios el esclavo de la codicia es peor que los esclavos de la servidumbre, pues estos se convierten en libres con una palabra del amo, pero los primeros viven dulcemente y mueren amargados.

                El esclavo de la codicia no tiene salvación excepto por la gracia de Dios y Su favor especial. Ha caído en un pozo sin fondo, que es su propio pecado: no es compulsión (divina) ni injusticia. Se ha arrojado a un pozo tal que no encuentro cuerda que llegue hasta abajo. Termino aquí. Si continuara el discurso, no solo los corazones sino también las piedras sangrarían. Si estos corazones no han sangrado no es por su dureza, sino por perplejidad, preocupación e infortunio. Sangrarán un día en que la sangre no les sirva de nada: derrama tu sangre en un momento en que no se rechace.

                Puesto que no se acepta el testimonio de los esclavos, el testigo admitido es el que no es cautivo del diablo (de la sensualidad). Las palabras te enviamos como testigo son una advertencia porque el Profeta estaba completamente libre de existencia. «Puesto que soy libre, ¿cómo me atará la ira? No hay nada aquí salvo cualidades divinas. ¡Entra! Entra, pues la gracia de Dios te ha liberado, ya que Su misericordia tiene precedencia sobre Su cólera. Entra ahora, ya que has escapado al peligro, eras una piedra vulgar y el elixir te ha convertido en joya. Has sido liberado de la incredulidad y su zarza florece como una rosa en el jardín de cipreses de Hu. Tú eres yo y yo soy tú, oh ilustre, tú eres Alí ¿cómo voy a matar a Alí? Has cometido un pecado mejor que cualquier acto de devoción, has atravesado el cielo en un solo momento».

                Afortunado el pecado que cometió el hombre: ¿no salen las hojas de las rosas de las espinas? ¿Acaso el pecado de Omar y su atentado contra el Profeta no le condujo a la puerta de la aceptación? ¿No atraía el faraón a sus magos, por su magia, y no les ayudó la fortuna? Si no fuera por su magia y su negación, ¿quién les habría llevado hasta el faraón rebelde? ¿Cómo hubieran visto la vara y los milagros? La desobediencia se transformó en obediencia, oh pueblo desobediente.

                Dios ha cortado el cuello de la desesperación, puesto que el pecado y la desobediencia se han convertido en obediencia. Como cambia las malas acciones (en buenas), hace que (la desobediencia) sea un acto de obediencia a pesar de los calumniadores (demonios). Por ello, aleja al maldito diablo que explota de envidia y se parte por la mitad. Fomenta un pecado mediante el cual nos conduce a un pozo; cuando ve que el pecado se convierte en obediencia, le llega su hora abominada.

                «¡Entra! Te abro la puerta. Me escupiste y te doy un regalo. Tales cosas entrego al inicuo, observa cómo pongo la cabeza ante tu pie izquierdo. ¿Qué no le daré al que se comporta con rectitud? Has de saber que concedo tesoros y reinos eternos».

Título original: Mathnawi

Maulana Jalāl al-Dīn Rūmī, 1273

Traducción: Carmen Liaño

 

 

 

Tipo de poesía: 
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