De cómo un enemigo escupió en la cara del príncipe de los creyentes, Alí, que Dios honre su persona, y de cómo Alí dejó caer la espada de su mano

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Aprende de Alí a actuar sinceramente: sabe que el León de Dios estaba limpio de todo engaño. Cuando luchaba contra los infieles, venció a cierto caballero, alzó la espada y se apresuró (a matarle). Este escupió en la cara de Alí, orgullo de todos los profetas y santos; escupió en un rostro ante el que se inclina la faz de la Luna.

               

 

Y UN MENSAJE EN EL CAMINO

 

Vendré un día y traeré un mensaje, meteré luz en las venas, y alzaré la voz:¡Oh vosotros que tenéis la cesta llena de sueño!Traigo manzana, manzana roja del sol.Vendré, daré un jazmín al mendigo.Obsequiaré otro zarcillo a la bella leprosa.Diré al ciego: ¡Qué vistoso es el jardín!Seré un errante, daré vueltas por los callejones.Pregonaré: ¡Rocío, rocío, rocío!Un pasajero dirá: Verdaderamente es una noche oscura.Le daré una galaxia.

En el puente hay una chiquilla sin piernas,le colgaré la Osa Mayor del cuello.Eliminaré todos los insultos de los labios.

Historia del monasterio

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 "Sabed que he permanecido mucho tiempo en los Santos Lugares, en compañía de hombres piadosos e ilustres, y vivía muy modesta­mente, sometiéndome a ellos, pues Alah el Altísimo me ha concedido el don de la humildad y la renunciación. Y hasta pensaba pasar el resto de mis días de la misma manera entre la tranquilidad y el cumpli­miento de los deberes piadosos y la paz de una vida sin incidentes. Pero no contaba con el Destino.
"Una noche llegué a orillas del mar, que hasta entonces no había visto nunca, y sentí una fuerza irresistible que me impulsaba a andar por encima del agua. Me lancé a ello resueltamente, y con gran asom­bro mío me sostenía sobre el agua, sin hundirme y sin mojarme si­quiera los pies desnudos. ...

Isqandar

Cuando Alejandro moría en su expedición en favor de la religión, Aristóteles le dijo: — ¡Oh monarca de la fe! durante toda tu vida no has cesado de dar instrucciones imperiosas; pero hoy, tú mismo eres una advertencia para el mundo". ¡Oh corazón mío!, recibe esta advertencia en medio de este torbellino de desgracia. Permanece atento y vigilante, pues la muerte te persigue. Te he hecho oír el lenguaje de los pájaros y todos sus discursos. A ti te toca comprender, ¡oh ignorante! Los pájaros están en el número de los amantes cuando se vuelan de su jaula antes de la muerte. ...

De cómo el escriba de la revelación coránica incurrió en apostasía, pues cuando cayó sobre él el rayo de la revelación, recitó el versículo antes de que el Profeta, la paz sea con él, se lo dictase y luego dijo: «Así que también ha descendido sobre mí la

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Antes de Othman hubo un escriba que solía ser diligente al transcribir la revelación. Cuando el Profeta se la dictaba, él la escribía en la hoja. Los rayos de la revelación brillaban sobre él, que encontraba sabiduría en su interior. El Profeta dictaba la sustancia de la sabiduría: por esta pequeña porción ese necio entrometido se descarrió, pensando: «Tengo en mi conciencia la verdad de lo que está diciendo el iluminado Profeta».

                El relámpago de este pensamiento alcanzó al Profeta y la cólera de Dios descendió sobre el alma del escriba. Abandonó su trabajo como escriba y la religión, convirtiéndose en el maligno enemigo de Mustafá y el Islam. Mustafá dijo: «Oh obstinado bellaco, si la Luz proviniera de ti, ¿cómo ibas a haber ennegrecido (de pecado)? Si tú hubieras sido la fuente divina, no habrías soltado un agua tan negra».

                Para no estropear su reputación ante los demás, el orgullo mantuvo su boca cerrada. Su corazón se oscurecía y era incapaz de arrepentirse: es asombroso. El escriba gritaba «Ay», pero «Ay» no le sirvió de nada cuando la espada cortó su cabeza.

                Dios ha hecho que la reputación sea como cien montones de hierro: ¡muchos están atados por esta cadena invisible! El orgullo y la infidelidad obstaculizan el camino (del arrepentimiento) de tal forma que el pecador no puede ni suspirar. Dios dijo: «(Hemos puesto en sus cuellos) grilletes y están obligados a levantar la cabeza»; esos grilletes no nos los han puesto desde el exterior. «Y tras ellos hemos puesto una barrera y les hemos cubierto (de oscuridad)» el pecador no ve la barrera ni delante ni detrás. El obstáculo que surgió tiene el aspecto de campo abierto: no sabe que es el muro del destino divino.

                Tu amada terrestre es una muralla para la faz del Amado; tu guía mundano es una pared para las palabras de tu guía (espiritual). Muchos infieles anhelan la religión: su cadena es la reputación y el orgullo. La cadena está oculta pero es peor que el hierro, pues la de hierro puede romperse con un hacha. Los eslabones de hierro pueden quitarse mas nadie sabe cómo curar la cadena invisible.

                Si a un hombre le pica una avispa, se saca el aguijón del cuerpo, pero puesto que la picadura procede de tu propia existencia, el dolor continúa con violencia y no se alivia la angustia. La explicación completa de esta cuestión brota de mi pecho, pero temo que te hará desesperar. No desesperes, alégrate y pide auxilio a Aquel que contesta la llamada, diciendo: «¡Perdónanos, oh Tú que amas perdonar, oh Tú que tienes un remedio para la vieja gangrena!».

                El reflejo de la sabiduría descarrió a aquel miserable: no seas presumido, no vaya a destruirte. Oh hermano, la sabiduría fluye sobre ti, viene de los abdal y, en ti, no es más que algo prestado. Aunque la casa ha encontrado una luz dentro, brilla por un vecino iluminador.

                Da gracias, que no te engañe la vanidad, no levantes la nariz, escucha atentamente y no muestres engreimiento. Qué lástima que este estado prestado haya separado a las comunidades religiosas de la comunión religiosa. Soy esclavo de quien no considera que, en cada caravasar (estado de desarrollo espiritual) ha alcanzado (el privilegio de sentarse a) la mesa (de la unión con Dios). Hay que abandonar muchos caravasares para que, un día, el hombre llegue a su hogar.

                Aunque el hierro se torna rojo, no lo es, pues es un rayo prestado por un fuego. Si la ventana o la casa están llenas de luz, no creas que hay nada refulgente excepto el Sol. Cada puerta y pared dicen: «Soy luminosa, no recibo los rayos de otro, yo soy esto». El Sol dice: «Oh vosotras, erradas, cuando me ponga, resultará evidente».

                Las plantas dicen: «Somos verdes por nosotras mismas, somos alegres y sonrientes y altas por naturaleza». El verano les dice: «Contemplaos cuando me vaya». El cuerpo presume de su belleza y galanura mientras el espíritu, que ha ocultado su gloria y sus plumas, le dice: «Oh inmundicia, ¿qué eres? Por mis rayos vives un día o dos. Tu coquetería y vanidad no tienen límites, pero espera a que salga de ti. Aquellos cuyo amor te daba calor cavarán una tumba para ti, te convertirán en bocado para las hormigas y reptiles. Y los que se morían por ti se taparán la nariz ante tu hedor».

 

HISTORIA DE AZIZ Y AZIZA Y DEL HERMOSO PRINCIPE DIADEMA

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       "Había en la antigüedad del tiempo y en lo pasado de las edades y del momento una ciudad entre las ciudades de Persia, detrás de las montañas de Ispahán. Y el nombre de esta ciudad era la Ciudad Verde. El rey de esta ciudad se llamaba Soleimán-Schah. Estaba dotado de grandes cualidades de justicia, de generosidad, de prudencia y de saber. Así es que desde todas las comarcas afluían viajeros a su ciudad, pues su fama se había extendido mucho e inspiraba confianza a las caravanas y los mercaderes.

       Y el rey Soleimán-Schah siguió gobernando de este modo, rodeado de prosperidades y del afecto de todo su pueblo. Pero sólo faltaba a su dicha una mujer que le diera hijos, pues era soltero.

       Y el rey Soleimán-Schah tenía un visir que se le parecía mucho, por su liberalidad y por la bondad de su corazón. Y un día en que su soledad se le hacía más pesada que de costumbre, mandó llamar el rey a su visir, y le dijo: "¡Oh mi visir, he aquí que se agota mi paciencia, y mis fuerzas disminuyen, y como siga así, no me quedará más que el pellejo sobre los huesos! Porque veo ahora que el celibato no es un estado natural, sobre todo para los reyes que han de transmitir un trono a sus descendientes.    Además, nuestro bendito Profeta, ¡sean con él la plegaria y la paz! ha dicho: "¡Copulad y multiplicad vuestros descendientes, porque vuestro número ha de glorificarme ante todas las razas el día de la Resurrección! Aconséjame, pues, ¡oh mi visir! y dime tu parecer".

       Entonces el visir dijo: "Verdaderamente, ¡oh rey!, ésta es una cuestión muy difícil, y de una delicadeza extraordinaria. Trataré de satisfacerte, sin salirme de la vía prescrita. Sabe, pues, ¡oh rey! que no sería de mi gusto que una esclava desconocida llegase a ser tu esposa, porque ¿cómo podrías conocer su origen, la nobleza de sus ascendientes, la pureza de su sangre y los principios de su raza? ¿Y cómo podrías conservar intacta la unidad de sangre de sus propios antecesores? ¿No sabes que el hijo que nazca de tal unión sería un bastardo lleno de vicios, embustero, sanguinario y maldito por Alah, a causa de sus abominaciones futuras? Sería como la planta que crece en terreno pantanoso, y que

cae podrida antes de llegar a su total crecimiento. Así es que no esperes de tu visir el servicio de comprarte una esclava, aunque fuese la joven más hermosa de la tierra; pues no quiero ser origen de desgracia, ni soportar el peso de los pecados, cuyo instigador sería este servidor tuyo. Pero si quieres hacer caso a mis barbas, sabe que mi opinión es que escojas, entre las hijas de los reyes, una esposa cuya genealogía sea conocida y cuya belleza se presente como modelo ante todas las mujeres".

       Entonces el rey Soleiman-Schah exclamó: "¡Oh mi visir! ¡si logras encontrar semejante mujer, estoy dispuesto a tomarla por esposa legítima, a fin de atraer sobre mi raza las bendiciones del Altísimo!" Al oírlo dijo el visir: "El asunto está ya arreglado, gracias a Alah". Y el rey exclamó: "¿Cómo es eso?" Y prosiguió el visir: "Sabe, ¡oh rey! que mi esposa me ha dicho que el rey Zhar-Schah, señor de la Ciudad Blanca, tiene una hija de belleza tan ejemplar, que supera a todas las palabras, pues mi lengua se haría peluda antes de poderte dar la menor idea de ella".

       Y el rey exclamó: "¡Ya Alah!" Y prosiguió el visir: "Porque ¿cómo podría hablarte dignamente de sus ojos, de sus párpados oscuros, de su cabellera, de su talle y de su cintura, tan fina que casi no se ve? ¿Cómo describirte el desarrollo de sus caderas y de lo que las sostiene y redondea? ¡Por Alah! ¡Nadie puede acercársele sin quedarse inmóvil, como nadie puede mirarla sin morir! Y de ella ha dicho el poeta:

 

       ¡Oh virgen de vientre de armonía! ¡Tu cintura desafía a la rama de sauce y a la misma esbeltez de los álamos del paraíso!

 ¡Tu saliva es miel silvestre! ¡Moja en ella la copa, endulza el vino, y dámelo después! ¡Oh hurí! ¡Pero sobre todo te ruego que abras los labios y regocijes mis ojos con sus perlas!

De cómo Adán, la paz sea con él, se asombró ante la perdición de Iblis y mostró vanidad

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Un día Adán miró con desprecio a Iblis el condenado. Se comportó con arrogancia y soberbia: se rio de la situación del maldito Iblis. Los celos de Dios clamaron: «Oh elegido, eres ignorante de los misterios ocultos. Si Él le diera la vuelta a Su abrigo, arrancaría de cuajo hasta la más firme montaña; en ese instante haría que cien adanes se avergonzaran y sacaría cien diablos recién convertidos al Islam».

RELATO DEL INTENDENTE DEL REY DE LA CHINA (Primera parte)

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       "Sabe, ¡oh rey de los siglos y del tiempo! que la noche última me convidaron a una comida de boda a la cual asistían los sabios versados en el Libro de la Nobleza. Terminada la lectura del Corán, se tendió el mantel, se colocaron los manjares y se trató todo lo necesario para el festín.

        Pero entre otros comestibles, había un plato de arroz preparado con ajos, que se llama rozbaja, y que es delicioso si está en su punto el arroz y se han dosificado bien los ajos y especias que lo sazonan.  Todos empezamos a comerlo con gran apetito, excepto uno de los convidados, que se negó rotundamente a tocar este plato de rozbaja. Y como le instábamos a que lo probase, juró que no haría tal cosa. Entonces repetimos nuestro ruego, pero él nos dijo: "Por favor, no me apremiéis de ese modo. Bastante lo pagué una vez que tuve la desgracia de probarlo". Y recitó esta estrofa:

 

      ¡Si no quieres tratarte con el que fue tu amigo y deseas evutar su saludo, no pierdas el tiempo en inventar estratagemas: huye de él!

 

El hombre de vida inexplicable

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Había una vez un hombre llamado Moyut. Vivía en una aldea en la que había obtenido un puesto como pequeño funcionario y parecía muy probable que fuese a terminar sus días como inspector de pesas y medidas. Una tarde, cuando estaba caminando por los jardines de un viejo edificio cerca de su casa, el Jádir -misterioso guía de los sufíes- se le apareció vestido con una túnica de brillante verde. Moyut se encontró con el Jádir y el Jádir le dijo:

-Hombre de brillantes perspectivas, deja tu trabajo y encuéntrame junto a la ribera del río dentro de tres días.

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