Poesía

De cómo un enemigo escupió en la cara del príncipe de los creyentes, Alí, que Dios honre su persona, y de cómo Alí dejó caer la espada de su mano

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Aprende de Alí a actuar sinceramente: sabe que el León de Dios estaba limpio de todo engaño. Cuando luchaba contra los infieles, venció a cierto caballero, alzó la espada y se apresuró (a matarle). Este escupió en la cara de Alí, orgullo de todos los profetas y santos; escupió en un rostro ante el que se inclina la faz de la Luna.

               

 

Y UN MENSAJE EN EL CAMINO

 

Vendré un día y traeré un mensaje, meteré luz en las venas, y alzaré la voz:¡Oh vosotros que tenéis la cesta llena de sueño!Traigo manzana, manzana roja del sol.Vendré, daré un jazmín al mendigo.Obsequiaré otro zarcillo a la bella leprosa.Diré al ciego: ¡Qué vistoso es el jardín!Seré un errante, daré vueltas por los callejones.Pregonaré: ¡Rocío, rocío, rocío!Un pasajero dirá: Verdaderamente es una noche oscura.Le daré una galaxia.

En el puente hay una chiquilla sin piernas,le colgaré la Osa Mayor del cuello.Eliminaré todos los insultos de los labios.

Isqandar

Cuando Alejandro moría en su expedición en favor de la religión, Aristóteles le dijo: — ¡Oh monarca de la fe! durante toda tu vida no has cesado de dar instrucciones imperiosas; pero hoy, tú mismo eres una advertencia para el mundo". ¡Oh corazón mío!, recibe esta advertencia en medio de este torbellino de desgracia. Permanece atento y vigilante, pues la muerte te persigue. Te he hecho oír el lenguaje de los pájaros y todos sus discursos. A ti te toca comprender, ¡oh ignorante! Los pájaros están en el número de los amantes cuando se vuelan de su jaula antes de la muerte. ...

De cómo el escriba de la revelación coránica incurrió en apostasía, pues cuando cayó sobre él el rayo de la revelación, recitó el versículo antes de que el Profeta, la paz sea con él, se lo dictase y luego dijo: «Así que también ha descendido sobre mí la

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Antes de Othman hubo un escriba que solía ser diligente al transcribir la revelación. Cuando el Profeta se la dictaba, él la escribía en la hoja. Los rayos de la revelación brillaban sobre él, que encontraba sabiduría en su interior. El Profeta dictaba la sustancia de la sabiduría: por esta pequeña porción ese necio entrometido se descarrió, pensando: «Tengo en mi conciencia la verdad de lo que está diciendo el iluminado Profeta».

                El relámpago de este pensamiento alcanzó al Profeta y la cólera de Dios descendió sobre el alma del escriba. Abandonó su trabajo como escriba y la religión, convirtiéndose en el maligno enemigo de Mustafá y el Islam. Mustafá dijo: «Oh obstinado bellaco, si la Luz proviniera de ti, ¿cómo ibas a haber ennegrecido (de pecado)? Si tú hubieras sido la fuente divina, no habrías soltado un agua tan negra».

                Para no estropear su reputación ante los demás, el orgullo mantuvo su boca cerrada. Su corazón se oscurecía y era incapaz de arrepentirse: es asombroso. El escriba gritaba «Ay», pero «Ay» no le sirvió de nada cuando la espada cortó su cabeza.

                Dios ha hecho que la reputación sea como cien montones de hierro: ¡muchos están atados por esta cadena invisible! El orgullo y la infidelidad obstaculizan el camino (del arrepentimiento) de tal forma que el pecador no puede ni suspirar. Dios dijo: «(Hemos puesto en sus cuellos) grilletes y están obligados a levantar la cabeza»; esos grilletes no nos los han puesto desde el exterior. «Y tras ellos hemos puesto una barrera y les hemos cubierto (de oscuridad)» el pecador no ve la barrera ni delante ni detrás. El obstáculo que surgió tiene el aspecto de campo abierto: no sabe que es el muro del destino divino.

                Tu amada terrestre es una muralla para la faz del Amado; tu guía mundano es una pared para las palabras de tu guía (espiritual). Muchos infieles anhelan la religión: su cadena es la reputación y el orgullo. La cadena está oculta pero es peor que el hierro, pues la de hierro puede romperse con un hacha. Los eslabones de hierro pueden quitarse mas nadie sabe cómo curar la cadena invisible.

                Si a un hombre le pica una avispa, se saca el aguijón del cuerpo, pero puesto que la picadura procede de tu propia existencia, el dolor continúa con violencia y no se alivia la angustia. La explicación completa de esta cuestión brota de mi pecho, pero temo que te hará desesperar. No desesperes, alégrate y pide auxilio a Aquel que contesta la llamada, diciendo: «¡Perdónanos, oh Tú que amas perdonar, oh Tú que tienes un remedio para la vieja gangrena!».

                El reflejo de la sabiduría descarrió a aquel miserable: no seas presumido, no vaya a destruirte. Oh hermano, la sabiduría fluye sobre ti, viene de los abdal y, en ti, no es más que algo prestado. Aunque la casa ha encontrado una luz dentro, brilla por un vecino iluminador.

                Da gracias, que no te engañe la vanidad, no levantes la nariz, escucha atentamente y no muestres engreimiento. Qué lástima que este estado prestado haya separado a las comunidades religiosas de la comunión religiosa. Soy esclavo de quien no considera que, en cada caravasar (estado de desarrollo espiritual) ha alcanzado (el privilegio de sentarse a) la mesa (de la unión con Dios). Hay que abandonar muchos caravasares para que, un día, el hombre llegue a su hogar.

                Aunque el hierro se torna rojo, no lo es, pues es un rayo prestado por un fuego. Si la ventana o la casa están llenas de luz, no creas que hay nada refulgente excepto el Sol. Cada puerta y pared dicen: «Soy luminosa, no recibo los rayos de otro, yo soy esto». El Sol dice: «Oh vosotras, erradas, cuando me ponga, resultará evidente».

                Las plantas dicen: «Somos verdes por nosotras mismas, somos alegres y sonrientes y altas por naturaleza». El verano les dice: «Contemplaos cuando me vaya». El cuerpo presume de su belleza y galanura mientras el espíritu, que ha ocultado su gloria y sus plumas, le dice: «Oh inmundicia, ¿qué eres? Por mis rayos vives un día o dos. Tu coquetería y vanidad no tienen límites, pero espera a que salga de ti. Aquellos cuyo amor te daba calor cavarán una tumba para ti, te convertirán en bocado para las hormigas y reptiles. Y los que se morían por ti se taparán la nariz ante tu hedor».

 

De cómo Adán, la paz sea con él, se asombró ante la perdición de Iblis y mostró vanidad

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Un día Adán miró con desprecio a Iblis el condenado. Se comportó con arrogancia y soberbia: se rio de la situación del maldito Iblis. Los celos de Dios clamaron: «Oh elegido, eres ignorante de los misterios ocultos. Si Él le diera la vuelta a Su abrigo, arrancaría de cuajo hasta la más firme montaña; en ese instante haría que cien adanes se avergonzaran y sacaría cien diablos recién convertidos al Islam».

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