El testamento del rey

El testamento del rey

Por Sadi Shirazi

Un rey veía que se le acababa la vida y que no tenía sucesor. Ordenó en su testamento que el primero que cruzara por la mañana las puertas de la ciudad fuera coronado y le fuese entregado el reino. Sucedió que el primero que entró fue un mendigo que había comido mal durante toda su vida y siempre se había vestido con andrajos. Los dignatarios del reino y los cortesanos se dispusieron a cumplir el testamento del rey y le hicieron entrega de las llaves de los alcázares y de los tesoros. Tras un tiempo de reinado, algunos emires del reino se le sublevaron y varios reyes de la zona le declararon la guerra y prepararon un ejército para atacarle. Finalmente, incluso sus súbditos y sus tropas unieron esfuerzos y le arrebataron parte de sus dominios. El derviche estaba ya hastiado de todo aquello cuando llegó de un viaje un amigo que le conocía de antaño y había sido compañero de mendicidad; al verle en tan alta posición le dijo: «Alabado sea Dios todopoderoso que la flor ha salido de la púa y las púas han sido extraídas de tus pies; tu próspera ventura y tu buena estrella te han guiado hasta lograr esta alta posición; ciertamente, junto a la adversidad está el desahogo».

La flor a veces está cerrada, a veces florecida.

La arboleda a veces está desnuda, a veces vestida.

 

Contestó: «¡Oh, querido amigo! Deberías compadecerte de mí, pues no es ocasión para el

regocijo. Antes, cuando me conociste, mi preocupación era una hogaza de pan; ahora es

todo un mundo lo que me tiene trastornado».

 

Si el mundo no existe, nos duele;

si existe, a él nos aferramos.

No hay peor calamidad que ésta,

que exista o no exista, suframos.

No la busques si quieres la riqueza,

que el mayor tesoro es la conformidad.

Si un rico en tu manto oro te echa,

no creas que lo hace por piedad,

que a hombres grandes he oído:

«mejor paciencia de pobre que generosidad de rico».

 

Si Bahrám asa un onagro y se lo come, no es lo que

para una hormiga

la pata de un saltamontes.

Fuente: Golestán (La rosaleda) de Sa’dí  Shirazí, Editorial el Cobre, 2007

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