Saadi Shirazi

Cuento del vagabundo

Un hombre que vestía harapos nos acompañaba en la caravana que iba a Hiyaz. Un

príncipe árabe le dio cien dinares como ofrenda, pero unos bandoleros de la tribu de

Jafaya atacaron de improviso la caravana y la desvalijaron por completo. Los mercaderes

se pusieron a llorar y a lamentarse en vano.

 

Aunque llores y te lamentes

no va el ladrón el oro a devolverte.

 

Excepto aquel pío derviche que permanecía impávido y no mostraba turbación alguna. Le

pregunté: «¿Acaso no se han llevado los ladrones tus dineros?». Respondió: «Sí, se los han

llevado. Sin embargo, yo no estaba tan apegado a ellos como para que perderlos me

supusiera congoja alguna»...

Cuento de Leyla y Maynun

Le contaron a un rey árabe la historia de Leyla y Maynun, y que éste, con toda su

locuacidad y sabiduría, había perdido los estribos y había cogido el camino del desierto.

Ordenó que fuese llevado a su presencia y se puso a reprenderle: «¿Qué has visto de malo

en la nobleza del espíritu humano para adoptar el carácter de las bestias y abandonar la

sociedad?». Respondió:

¡Cuántos amigos por amarla me reprenden!

No la han visto nunca, por eso no me entienden...

Sobre la conducta en sociedad- Frases de Saadí (4)

Conversa susurrando con tus amigos

para que el enemigo no oiga tus palabras.

Junto a una pared cuidado con lo que hablas,

que quizá detrás de ella haya oídos.

 

12

Quien hace las paces con el enemigo lo que hace es injuriar al amigo.

Oh sabio, renuncia a la amistad del amigo

que se sienta con tus enemigos.

Cuento del joven

Un joven ágil, elegante, risueño y de habla dulce estaba unido a nuestro círculo; su

corazón nunca se veía afectado por ninguna tristeza y siempre tenía los labios prestos para

reír. Dejó de venir un tiempo y cuando volvimos a encontrarlo tenía esposa e hijos, el

júbilo erradicado y marchita la flor de la pasión. Le pregunté: «¿Qué es todo esto y por qué

estás así?». Respondió: «Cuando tuve niños deje de portar-me como un niño».

¿Es que el niño y las canas han cambiado a mi compañero?

Como penitencia, basta el cambio del tiempo.

Cuento del cadí

Se cuenta que el cadí de Hamadán sentía deseo por un mozo herrador. Su corazón ardía

como herradura en el fuego. Cierto día estaba acongojado corriendo a buscarle,

expectante, como dicen los cronistas:

 

Me vino a la vista aquel esbelto ciprés,

me robó el corazón y me caí al suelo,

estos mis ojos lascivos me llevaron a su red.

Cierra pues los ojos para no picar el anzuelo.

 

Oí que el joven fue al encuentro del cadí en una calle, ya que algunos se habían enterado

del asunto y él estaba sumamente ofuscado. Le soltó una sarta de insultos, le arrojó

piedras y no hubo falta de respeto que no le mostrase. El cadí le dijo a un ulema, reputado

como él mismo: ...

Cuento de los ladrones

Una banda de ladrones árabes se encontraba apostada en la cima de una montaña; tenían

cerrado el paso de las caravanas, los habitantes de la región se hallaban intimidados por

sus emboscadas y el ejército del sultán estaba doblegado, pues se habían refugiado y

atrincherado en un lugar inaccesible de la cima. Los consejeros de aquellos reinos delibera-

ron para alejar de sí aquella calamidad, pues si continuaban resistiendo les sería imposible

enfrentarse a ellos.

 

Un árbol que raíces acaba de echar,

con la fuerza de un hombre puede ser movido.

Mas si largo tiempo está en el mismo lugar,

no lo arrancarás ni tras haberlo retorcido.

Se impide con una pala que un arroyo avance,

pero cuando se llena, no lo pasa un elefante...

Cuento del rey y el príncipe

Oí que un príncipe era bajo de estatura y de aspecto ruin, y sus hermanos altos y de

hermosa apariencia. En cierta ocasión su padre le echó una mirada de desprecio con la

que le daba a entender su desestima. El hijo, mostrando perspicacia e ingenio, dijo: «¡Oh

padre!, un bajo instruido es mejor que un alto inculto, y no todo aquel cuya estatura es

mayor tiene más alto valor. El cordero se come y el elefante no es jamás que un despojo».

 

Tur, de las montañas del mundo es la menor,

pero en dignidad, para Dios es la mayor.

¿Oíste lo que le dijo un sabio delgado

en cierta ocasión a un gordo iletrado?

«Es mejor un caballo árabe enfermizo

que tener lleno de burros el cobertizo.»...

Cuento del sabio enamorado

Conocí a un sabio que se había enamorado de una persona y cuyo secreto había

traspasado la cortina de la intimidad. Padecía una gran desdicha. En cierta ocasión le dije

para confortarle: «Sé que el amor hacia esa persona tiene una razón y que no está

fundamentado sobre una futilidad; aun así, no es digno de un sabio señalarse a sí mismo

como acusado y exponerse al escarnio de los groseros». Respondió: «Oh amigo, deja de

llenar mis horas de reprimendas; muchas son las ocasiones en que he reflexionado sobre lo

que acabas de decir pero mostrarme paciente frente al escarnio me parece más sencillo que

no verle, pues los sabios han dicho: es más fácil ser perseverante que retirar la vista del

amante»...

Cuento del rey

Oí que un rey pasó toda la noche de jolgorio hasta el ama-necer y que al final decía

Borracho de amor:

En mi vida tuve momento más feliz que éste,

ni en el bien ni en el mal pienso ni sufro por el mal ajeno.

Un derviche que dormía desnudo a la intemperie dijo:

 

Oh tú, en el mundo nadie hay con tu suerte;

sé que no te aflige la pena ajena, yo tampoco me apeno.

 

Al rey le gustó, asomó por la ventana una bolsa de mil dinares y dijo: «Extiende tu

manto». Contestó: «¿Cómo voy a extender mi manto si no tengo ni ropa?». El rey, apenado

por su pobreza, hizo que además le enviasen ropa. El derviche en poco tiempo gastó y

dilapidó los dineros y de la ropa no quedó nada, tras lo cual regresó...

Páginas