Saadi Shirazi

Cuento del moribundo persa

Encontrábame en la aljama de Damasco platicando con un grupo de sabios cuando un

joven entró por la puerta y dijo: «¿Hay alguien aquí que sepa persa?». Me señalaron y yo

le dije: «Que sea para bien». Dijo: «Hay un anciano de ciento cincuenta años agonizando

que dice algo en persa que nosotros no entendemos; si tienes la gentileza de tomarte la

molestia de venir, serás recompensado». Cuando llegué a la cabecera de su lecho, estaba

diciendo:

Dejadme satisfacer mis deseos un instante,

qué pena que se me corta ahora el aliento,

qué pena que en la vida, de su variado alimento

comimos sólo un poco y dijeron: ya es bastante.

Traduje al árabe para los sirios lo que estaba diciendo y se maravillaron de que pese a su

larga vida lamentase tener que abandonar el mundo. Le dije al anciano: «¿Cómo te

sientes?». Respondió: «¿Qué quieres que diga?»...

Cuento sobre la mala conducta

En una ocasión, siendo un joven ignorante, le grité a mi madre. Ella se sentó con el corazón

roto en un rincón y me dijo llorando: «¿Has olvidado cuando eras niño para tratarme de

forma tan grosera?».

Qué bien le dijo a su hijo una anciana de pelo cano

al verlo como un tigre y robusto como un elefante:

«¿Te acuerdas de cuando eras sólo un infante

que estabas indefenso entre mis manos?

No te mostrabas entonces como una fiera,

que ahora eres un león y yo sólo una vieja».

Cuento del anciano casadero

Un anciano me contó: «Fui a pedir la mano de una doncella; el aposento estaba adornado

con rosas, estaba con ella en la intimidad y mi corazón y mis ojos estaban puestos en ella.

No dormía durante las largas noches, pues me ponía a contarle cosas graciosas y

jocosidades para ver si de aquella manera se me acercaba y no se asustaba. Así, cierta

 

noche le decía: "Tu próspera ventura te sonríe y los ojos de la fortuna están despiertos,

pues has llegado a ser la compañera de un anciano maduro, educado, de mundo,

sosegado, que ha probado lo frío y lo caliente, que ha experimentado lo bueno y lo malo,

que sabe mantener una relación y cómo satisfacer una amistad, que es afable, amable, de

buen carácter y bien hablado"...

Sobre la conducta en sociedad. Frases de Saadí (5)

La ira desproporcionada produce pánico y la amabilidad inoportuna acaba con el respeto;

no seas tan severo que se harten de ti ni tan blando que se enfrenten a ti.

 

Si eres suave, el enemigo se envalentona ante ti,

y si te muestras airado, acabarán hartos de ti.

 

Combinadas son mejor la severidad y la blandura

como el cirujano, que corta y pone curas.

 

Un sabio no se muestra severo en exceso

ni suave para su dignidad no mermar,

ni se debe a sí mismo demasiado exaltar

ni exponerse tampoco al desprecio...

Cuento del vagabundo

Un hombre que vestía harapos nos acompañaba en la caravana que iba a Hiyaz. Un

príncipe árabe le dio cien dinares como ofrenda, pero unos bandoleros de la tribu de

Jafaya atacaron de improviso la caravana y la desvalijaron por completo. Los mercaderes

se pusieron a llorar y a lamentarse en vano.

 

Aunque llores y te lamentes

no va el ladrón el oro a devolverte.

 

Excepto aquel pío derviche que permanecía impávido y no mostraba turbación alguna. Le

pregunté: «¿Acaso no se han llevado los ladrones tus dineros?». Respondió: «Sí, se los han

llevado. Sin embargo, yo no estaba tan apegado a ellos como para que perderlos me

supusiera congoja alguna»...

Cuento de Leyla y Maynun

Le contaron a un rey árabe la historia de Leyla y Maynun, y que éste, con toda su

locuacidad y sabiduría, había perdido los estribos y había cogido el camino del desierto.

Ordenó que fuese llevado a su presencia y se puso a reprenderle: «¿Qué has visto de malo

en la nobleza del espíritu humano para adoptar el carácter de las bestias y abandonar la

sociedad?». Respondió:

¡Cuántos amigos por amarla me reprenden!

No la han visto nunca, por eso no me entienden...

Sobre la conducta en sociedad- Frases de Saadí (4)

Conversa susurrando con tus amigos

para que el enemigo no oiga tus palabras.

Junto a una pared cuidado con lo que hablas,

que quizá detrás de ella haya oídos.

 

12

Quien hace las paces con el enemigo lo que hace es injuriar al amigo.

Oh sabio, renuncia a la amistad del amigo

que se sienta con tus enemigos.

Cuento del joven

Un joven ágil, elegante, risueño y de habla dulce estaba unido a nuestro círculo; su

corazón nunca se veía afectado por ninguna tristeza y siempre tenía los labios prestos para

reír. Dejó de venir un tiempo y cuando volvimos a encontrarlo tenía esposa e hijos, el

júbilo erradicado y marchita la flor de la pasión. Le pregunté: «¿Qué es todo esto y por qué

estás así?». Respondió: «Cuando tuve niños deje de portar-me como un niño».

¿Es que el niño y las canas han cambiado a mi compañero?

Como penitencia, basta el cambio del tiempo.

Cuento del cadí

Se cuenta que el cadí de Hamadán sentía deseo por un mozo herrador. Su corazón ardía

como herradura en el fuego. Cierto día estaba acongojado corriendo a buscarle,

expectante, como dicen los cronistas:

 

Me vino a la vista aquel esbelto ciprés,

me robó el corazón y me caí al suelo,

estos mis ojos lascivos me llevaron a su red.

Cierra pues los ojos para no picar el anzuelo.

 

Oí que el joven fue al encuentro del cadí en una calle, ya que algunos se habían enterado

del asunto y él estaba sumamente ofuscado. Le soltó una sarta de insultos, le arrojó

piedras y no hubo falta de respeto que no le mostrase. El cadí le dijo a un ulema, reputado

como él mismo: ...

Cuento de los ladrones

Una banda de ladrones árabes se encontraba apostada en la cima de una montaña; tenían

cerrado el paso de las caravanas, los habitantes de la región se hallaban intimidados por

sus emboscadas y el ejército del sultán estaba doblegado, pues se habían refugiado y

atrincherado en un lugar inaccesible de la cima. Los consejeros de aquellos reinos delibera-

ron para alejar de sí aquella calamidad, pues si continuaban resistiendo les sería imposible

enfrentarse a ellos.

 

Un árbol que raíces acaba de echar,

con la fuerza de un hombre puede ser movido.

Mas si largo tiempo está en el mismo lugar,

no lo arrancarás ni tras haberlo retorcido.

Se impide con una pala que un arroyo avance,

pero cuando se llena, no lo pasa un elefante...

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