Saadi Shirazi

Sobre la conducta en sociedad (frases de Saadí) - 2

4.La ciencia es para cuidar la religión, no para codiciar lo mundanal.

El que ascetismo, ciencia y piedad vendió,

llenó un granero y luego lo quemó.

Un sabio impío es como un ciego con una antorcha, guía a los demás pero no se guía a 

mismo.

Pasa en vano aquel que en su vida,

sin comprar nada su oro dilapida...

Sobre la conducta en sociedad (Frases de Saadí) - 1

1. El patrimonio sirve para vivir tranquilo, pero no se vive para acumular patrimonio. Le

preguntaron a un sabio: «¿Quién es afortunado y quién desgraciado?». Respondió:

«Afortunado es el que sembró y comió, y desgraciado el que murió y dejó».

Por quien no ha hecho nada no hagas oración,

que sólo vivió para amasar y no comió.

 

2. Moisés, sobre él sea la paz, aconsejó a Coré diciéndole: «Haz el bien de la misma manera

que Dios te hace el bien a ti». Él no escuchó y ya conoces su final.

Quien por dinero buenas obras no ha hecho,

por dinero hallará también la perdición.

Si quieres de las riquezas mundanas sacar provecho,

haz el bien a la gente como te lo hace Dios...

Sobre la conducta en sociedad. Frases de Saadí (7)

 
27

Quien da consejos a un testarudo, él mismo necesita a alguien que le aconseje.

 

28

No te dejes engañar por las mentiras de un enemigo ni compres la lisonja de un adulador,

pues el primero lo hace como estratagema y el segundo extiende el manto de su codicia. Al

necio le gusta el elogio; es como el animal muerto, que engorda cuando lo inflas por los

tobillos y parece gordo.

 

No escuches los elogios del lisonjero,

pues de ti espera alguna ganancia,

y si un día no satisfaces sus deseos,

doscientos defectos te saca.

 

29

Hasta que alguien al orador no le saque los defectos, sus palabras no serán aceptadas.

 

No muestres orgullo por tu bella oratoria

porque sólo el necio y tú mismo la elogian.

 

30

 

 

 

Cuento del alumno y el maestro

Cierto pupilo era de temple jovial y voz dulce; su maestro, vulnerable como todo ser

humano, sentía atracción por su belleza. Los castigos y escarmientos que propinaba a los

otros infantes no se los aplicaba a él, y cuando se lo encontraba a solas le decía:

 

Oh rostro celestial, siento por ti tal embeleso

que acabo por olvidarme de mí;

no puedo cerrar los ojos cuando te veo

aun cuando una flecha viera venir hacia mí.

El mercader necio

Topé con un mercader que tenía ciento cincuenta camellos cargados y cuarenta esclavos como sirvientes. Una noche, en la isla de Kish, me llevó hasta su aposento. No descansó en toda la noche, pues estuvo profiriendo desatinos como: «Tengo un almacén en el Turquestán, tal mercancía se encuentra en la India, esto es el pagaré de tales tierras, este otro de tal género y este documento es de tal aval». Algunas veces decía: «Me gustaría viajar a Alejandría pues tiene un clima agradable». Para continuar: «No, que el mar del Magreb está muy agitado. ¡Oh, Sa’dí! Tengo a la vista un viaje que, si lo hago, pasaré el resto de mis días retirado».

El mal día del pescador

Un pez fuerte cayó en la red de un pescador débil. Este no podía sostenerlo, así que el pez acabó por vencerle, le quitó la red y se le escapó.

Un efebo fue a por agua a un torrente,

vino el agua y se lo llevó la corriente.

La red siempre traía un pez,

esta vez el pez se llevó la red.

No siempre el cazador trae una fiera,

deja que un día le hiera una pantera.

La discusión inútil

Un seminarista eminente se puso a debatir con un incrédulo. En resolución, aquél no pudo argumentarle, se rindió y se marchó. Alguien le dijo: «Tú, con toda tu erudición y saber no has podido con un incrédulo». Respondió: «Mi ciencia es el Corán, los hadices y las máximas de los santos, y él no cree ni ha creído en éstas. ¿De qué me sirve a mí oír sus blasfemias?».

A quien no puedas argüir con Corán y hadices,

su respuesta es que no respondas a lo que dice.

Sobre el carácter de los reyes (cuento 2)

Un rey de Jorasán vio en sueños al sultán Mahmud Sabokta-kin. Su cuerpo estaba

despedazado y convertido en polvo, salvo sus ojos, que giraban y giraban en sus cuencas

mirando a su alrededor. Todos los sabios juntos no pudieron interpretar su sueño, salvo

un derviche, que tras presentar sus respetos dijo: «Aún se estremece porque su reino a

otros pertenece».

El rey injusto

Un rey injusto le preguntó a un asceta: «¿Cuál es la mejor obra?». Contestó: «Para ti dormir la siesta, pues así dejarías a la gente en paz durante un rato».

Vi a un tirano por el sueño vencido

y me dije: «Este déspota mejor si está dormido».

El que es más bueno dormido que despierto

para mortificar a los demás, mejor sí está muerto.

Sobre el carácter de los reyes; Cuento 1

Oí que un rey ordenó ajusticiar a un prisionero. El desamparado, viéndose en ese estado

de desesperación, se puso a descargar injurias e improperios contra el rey, pues se ha

dicho: «Todo aquel que su vida ve perdida, que todo lo que tenga en su corazón, lo diga».

En una situación sin salida y desesperada se blande por la hoja una espada afilada.

Cuando el hombre desespera su lengua se desata

como gato acorralado que al perro ataca...

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