Cuento

El fénix

El fénix es un admirable y encantador pájaro que vive en Indostán. Tiene un pico extraordinariamente largo y muy duro, perforado, como una flauta, por agujeros en número de más de cien. No tiene hembra y vive aislado. Cada uno de estos agujeros   hace   oír   un   sonido   y   cada   uno   de   estos   sonidos   tiene   un   secreto   particular.   Cuando   deja   oír   estos   acentos quejumbrosos por cada agujero, los pájaros y los peces se agitan; los más feroces animales se callan y están fuera de sí escuchando estos dulces acentos. Ahora bien, un filósofo frecuentó a este pájaro y aprendió por su canto la ciencia de la música...

Las tres truchas

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Dicen que los hombres son de tres tipos: previsores, deliberantes y perezosos. El previsor es el mejor y el de mejor ingenio, pues ve venir las cosas antes de que éstas sucedan, y de ellas obtiene lo que procede para su bien, destruyendo el mal antes de que le alcance y atajando el miedo antes de que le sobrevenga. El deliberante es aquél a quien, de acaecerle alguna tribulación, no desmaya ni se apoca. El perezoso es aquél que, tardo en cumplir con sus deberes, anda siempre en falsas seguridades hasta que llega la tribulación y en ella perece...

Historia prodigiosa de la ciudad de Bronce

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Un día en que el califa, oyendo hablar de ciertos vasos de cobre antiguo, cuyo contenido era una extraña humareda negra de formas diabólicas, asombrose en extremo y parecía poner en duda la realidad de hechos tan verídicos, hubo de levantarse entre los circunstantes el famoso viajero Taleb ben-Sehl, quien confirmó el relato que acababan de escuchar, y añadió: "En efecto, ¡oh Emir de los Creyentes! ...

De cómo el rey se dio cuenta de que los médicos no podían curar a la doncella y como volvió su rostro hacia Dios y soñó con un hombre santo

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Cuando el rey vio la impotencia de los galenos, corrió descalzo a la mezquita. Entró en ella y se dirigió al mihrab: la alfombra de oración se empapó con las lágrimas del monarca. Al volver en si del éxtasis (fana) abrió los labios en alabanza y loas, diciendo: «Oh, Tú cuyo menor don es el imperio del mundo, ¿qué puedo decir, puesto que Tú conoces lo que está oculto? Oh Tú en quien siempre, en la necesidad, nos refugiamos: nuevamente hemos extraviado el camino. Pero Tú has dicho: “Aunque conozco tu secreto, no obstante, decláralo sin dilación en tus actos externos”...

Historia de las seis jóvenes de distintos colores

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Cuentan que un día entre los días el Emir de los Creyentes El-Mamún tomó asiento en el trono que había en la sala de su palacio, e hizo que se congregaran entre sus manos, además de sus visires, a sus emires y a los principales jefes de su imperio, a todos los poetas y a cuantas gentes de ingenio delicioso se contaban entre sus íntimos. Por cierto, que el más íntimo entre los más íntimos reunidos allí era Muhammad El Bassri. Y el califa El-Mamún se encaró con él y le dijo: "¡Oh, Mohammad, tengo deseos de oírte contar alguna historia nunca oída!" El aludido contestó: "¡Fácil es complacerte, oh Emir de los Creyentes! Pero ¿quieres de mí una historia oída con mis orejas, o prefieres el relato de un hecho que yo presenciara y observara con mis ojos?" Y dijo El-Mamún: "¡Me da lo mismo, oh Mohammad! ¡Pero quiero que sea de lo más maravilloso!" Entonces dijo Mohammad El-Bassri:...

Cuento de la Reina de las Serpientes y las Aventuras de Bulukiya

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Hubo una vez en los días de antaño y en épocas y eras ha mucho tiempo ya idas un sabio griego llamado Daniel, que tenía alumnos y discípulos y los hombres prudentes de Grecia eran sumisos a su autoridad y confiaban en su saber. Con todo, Alá le había negado un hijo varón. Cierta noche, mientras discurría y se lamentaba a causa de la falta de un hijo que pudiera heredar su sabiduría, se le ocurrió que Alá (¡glorificado y enaltecido sea!) escucha la oración de quienes a El recurren y que no hay ujier a la puerta de su magnificencia y que dispensa sin tasa sus favores a quienes El quiere y a ningún suplicante despide con las manos vacías, antes bien se las colma de favores y mercedes...

La esencia de la historia

La primera vez que amé fue siendo niño. Me divertía con mi tiempo hasta que la muerte apareció en el horizonte. Al comienzo de la juventud conocí el amor eterno, en pos del cual va el efímero enamorado. Me sumergí en el océano de la vida. El enamorado partió y los recuerdos ardieron bajo el sol del mediodía. Un guía me condujo al camino dorado, cubierto de dificultades y que desemboca en objetivos embaucadores. A veces aparece el perfecto caballero y otras se ve partir al enamorado.

Me parece que entre la muerte y yo hay un reproche, pero mi destino está en la esperanza.

FELICIDAD

Volví a la vieja calle, después de una larga ausencia, para asistir a un funeral. No quedaba ninguna huella digna de mención de su imagen dorada. 

El dulce aroma del Profeta

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A un lejano pueblo llegó una caravana de camellos. Una de las casas tenía la puerta a medio abrir. Un viajero dijo:

“Bajemos nuestras cosas y protejámonos del duro frío.”

De momento se oyó una voz desde el interior de la casa:

“¡Antes de penetrar dejen sus pertenencia afuera!”

No lleves contigo lo que debe quedar afuera pues te espera un encuentro importante.

El que habló de esta forma era un esclavo mozo de caballos .Poseía nombre de siervo pero en realidad era un sultán. Su dueño, no estaba consciente de lo que tenía cerca y lo miraba como miraba Iblis a Adán. Una vez, este esclavo enfermó y su malestar fue informado al Profeta. Pero su amo no sabía de su estado. Por nueve días este esclavo, nombrado Hilal, estuvo al borde de la muerte sin que nadie lo supiera...

Las lágrimas petrificadas

Un hombre que recogía piedras en una montaña de China derramó abundantes lágrimas de sus ojos y a medida que sus lágrimas caían a tierra se transformaban en guijarros.  Si guijarros de este tipo estuvieran en posesión de las nubes, lo que llovería hasta la resurrección no sería más que un objeto de suspiros.  La ciencia es lo propio del hombre puro y verídico. Si hay que ir a China para encontrarla, ve a buscarla allí; pues la ciencia, por el mal querer de los despreocupados, se ha vuelto tan dura de manejar como la piedra.

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