Attar Nishaburi

Historia del schaikh San’an (primera parte)

El schaikh San'an era un santo personaje de su tiempo, más perfecto que todo lo que se pueda decir. Este schaikh permaneció retirado durante cincuenta años con cuatrocientos discípulos perfectos. Cada uno de estos discípulos, ¡cosa admirable!, no dejaba de hacer penitencia día y noche. Tenía como herencia las obras y la ciencia y también tenía amigos; tenía las ventajas exteriores y también tenía la revelación interior, así como la inteligencia de los misterios. Había realizado cuatro o cinco veces el peregrinaje a la Meca; había dedicado a este ejercicio un tiempo considerable. Hacía oraciones y ayunos sin número; no omitía ninguna práctica de la sunna. Sus mayores estaban fuera de sí con respecto a él, viéndose así sobrepasados.

Otra anécdota sobre Abu Said Khircani

El schaikh Khircani habló así, ¡cosa admirable! en el último momento de su vida, cuando su alma estaba en sus labios, dispuesta a escaparse: "Quisiera Dios que abrieran mi cuerpo y que arrancaran mi quemado corazón, que mostraran después mi corazón a los hombres y que les explicaran en qué consisten mis dificultades,a fin de que supieran que la adoración de los ídolos no conviene al que conoce los secretos espirituales...

Respuesta de un sufí

Un hombre distinguido dijo a un sufí: "¡Oh hermano mío! ¿Cómo pasas tú tu tiempo?" -"Yo vivo -le respondió--, en unos baños; allí tengo los labios secos y la ropa mojada y no me atrevo a cortar pan para comer, por temor a tener el cuello cortado."

Si por un instante buscas el bienestar en este mundo, es necesario que te duermas o que repitas lo que has visto en sueños. Sin embargo, ponte alerta cuando busques la felicidad, a fin de llegar valientemente del lado del puente Sirat. La satisfacción no está visible en el camino del mundo, pues no se encuentra en él en absoluto. Mientras que el alma concupiscente exista como un ardiente fuego, el corazón no estará contento y, si recorres el mundo por un asunto personal, nadie atestiguará de su satisfacción.

Un hombre distinguido dijo a un sufí: "¡Oh hermano mío! ¿Cómo pasas tú tu tiempo?" -"Yo vivo -le respondió--, en unos baños; allí tengo los labios secos y la ropa mojada y no me atrevo a cortar pan para comer, por temor a tener el cuello cortado."

Si por un instante buscas el bienestar en este mundo, es necesario que te duermas o que repitas lo que has visto en sueños. Sin embargo, ponte alerta cuando busques la felicidad, a fin de llegar valientemente del lado del puente Sirat. La satisfacción no está visible en el camino del mundo, pues no se encuentra en él en absoluto. Mientras que el alma concupiscente exista como un ardiente fuego, el corazón no estará contento y, si recorres el mundo por un asunto personal, nadie atestiguará de su satisfacción.

Un esclavo agradecido

Un rey, benévolo por naturaleza, dio un día una fruta a uno de sus esclavos. Este se puso a comer esta fruta con placer diciendo que nunca había probado una fruta más deliciosa. Estas palabras le dieron el deseo al rey de probarla también y le pidió al esclavo la mitad de esta fruta que él encontraba tan excelente. Este le dio, pues, al rey esta mitad y, cuando el monarca la hubo probado, encontró amarga esta fruta. Frunció las cejas y expresó su asombro de que su esclavo hubiera encontrado dulce semejante amargura. Pero este esclavo, que había entrado en la vía del espiritualismo, le respondió: "Señor,he recibido de tus manos tantos regalos, que no podría rechazar el amargo fruto que me das. Si a cada instante me llega un tesoro de tus manos, ¿por qué me afligiría sólo por una amargura? Puesto que me has colmado de tus beneficios, ¿por qué me alejaría de ti una amargura?"

El loco de amor por Dios

Había en una esquina un pobre loco y delante de él estaba un célebre rey de Egipto. Este último le dijo: "Veo en ti una especie de habilidad: es la de gozar del reposo". El loco respondió: "¿Cómo encontraría reposo si no puedo librarme de las pulgas ni de las moscas? Durante todo el día me atormentan las moscas y durante la noche las pulgas me impiden dormir. Un pequeño mosquito que entró en la oreja de Nemrod perturbó el cerebro de este insensato. Quizá yo sea el Nemrod de este tiempo pues tengo en herencia, de parte de mi amigo, las moscas, los mosquitos y las pulgas".

El difunto criminal

Un indigente murió en estado de crimen y, cuando lo llevaban a enterrar, un devoto que pasaba se apartó diciendo que no había de rezar por tal hombre; pero a la noche siguiente vio en sueños a este desgraciado en el cielo, con el rostro tan brillante como el sol. En su admiración le dijo: "¿Cómo has obtenido, hijo mío, un lugar tan elevado, tú que has vivido siempre en el crimen y que estás manchado de la cabeza a los pies?" Él le respondió: "Dios me ha hecho misericordia a causa de tu falta de compasión hacia mí, a mí cuya conducta ha sido tan desordenada". Ve la sabiduría de Dios en el juego de su amor por los hombres. El rechaza o concede su misericordia. En su sabiduría, envía por ejemplo, en una noche tan negra como el cuervo, a un niño con una lámpara; después envía un rápido viento y le dice: "Levántate y ve a apagar esta lámpara." Después coge a este niño en el camino y le dice que por qué ha apagado la lámpara. Si reprende así a este niño, es a fin de no dirigirle, en el día de las cuentas, más que benévolos reproches...

Querella de dos sufíes

Dos individuos cubiertos por el hábito de la penitencia se disputaron y se injuriaron ante el tribunal. El juez los envió a un rincón diciéndoles: "No es conveniente que dos sufíes se disputen. Habéis colocado en vuestro pecho la chaqueta de la resignación, ¿por qué se os ha metido en la cabeza el querellaros? Si sois gente de combate y de venganza, tirad lejos de vosotros ese vestido. Si, por el contrario, sois dignos de este vestido, renunciad a esta loca discusión. Yo que soy juez y no hombre del sentido espiritual, experimento una verdadera vergüenza a causa del hábito que lleváis. Más vale que os contentéis con permanecer en la diferencia de opinión que disputaros llevando un hábito."

El ángel Gabriel y la buena intención

Una noche estaba Gabriel en el Sidrah, cuando oyó a Dios que pronunciaba palabras de conformidad. "Un servidor de Dios -se dijo Gabriel para sí- invoca al Eterno en este momento; pero, ¿sabe quién es él? Todo lo que puedo comprender es que este servidor, sin duda, tiene un mérito eminente, que su alma concupiscente está muerta y su espíritu vivo". Sin embargo, Gabriel quiso conocer a este feliz mortal; pero no lo encontró en los siete climas. Recorrió toda la tierra y las islas del mar; pero no encontró al que buscaba ni en la montaña ni en la llanura. Se apresuró a volver cerca de Dios y oyó otra vez una respuesta favorable a las mismas oraciones. En su extremada ansiedad, recorrió de nuevo el mundo. Esta vez tampoco vislumbró a este servidor y dijo: " ¡Oh Dios! indícame pues el camino que debe conducirme cerca de este servidor". "Dirígete -le respondió Dios- al país de Rum; ve a un cierto convento cristiano y allí lo encontrarás". Gabriel fue allí y  vio manifiestamente al hombre objeto de los favores celestiales. Ahora bien,-en aquel momento, este hombre invocaba a un ídolo.

El ángel Gabriel y la buena intención

Una noche estaba Gabriel en el Sidrah, cuando oyó a Dios que pronunciaba palabras de conformidad. "Un servidor de Dios -se dijo Gabriel para sí- invoca al Eterno en este momento; pero, ¿sabe quién es él? Todo lo que puedo comprender es que este servidor, sin duda, tiene un mérito eminente, que su alma concupiscente está muerta y su espíritu vivo". Sin embargo, Gabriel quiso conocer a este feliz mortal; pero no lo encontró en los siete climas. Recorrió toda la tierra y las islas del mar; pero no encontró al que buscaba ni en la montaña ni en la llanura. Se apresuró a volver cerca de Dios y oyó otra vez una

respuesta favorable a las mismas oraciones. En su extremada ansiedad, recorrió de nuevo el mundo. Esta vez tampoco vislumbró a este servidor y dijo: " ¡Oh Dios! indícame pues el camino que debe conducirme cerca de este servidor".

Anécdota sobre un criminal

Un hombre culpable de muchas faltas se arrepintió de ellas amargamente y volvió al recto camino. Su alma concupiscente recuperó fuerzas otra vez; anuló su penitencia y se entregó a sus malas inclinaciones. Así dejó de nuevo la buena vía y cayó en toda clase de acciones criminales. Más tarde, el dolor le apretó el corazón y la vergüenza lo redujo al estado más penoso.

Cuando su única posesión fue la desesperación, quiso arrepentirse de nuevo; pero no tuvo la fuerza. Día y noche, como los granos de trigo en la sartén, tenía el corazón lleno de fuego y lágrimas de sangre en los ojos. Con el agua de sus lágrimas quitaba el polvo que había manchado su camino.

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