Attar Nishaburi

EL AMOR CENTINELA

 Un soldado encargado de hacer centinela se enamoró perdidamente, estando así día y noche sin sueño y sin reposo. Uno de

sus amigos le dijo: " ¡Oh tú que estás privado del sueño! duerme al fin una noche por lo menos". -"El amor -respondió-, le va

a mis funciones de centinela; ¿pues pueden permitir dormir estas dos cosas? Puesto que el sueño no le conviene al soldado

que hace centinela, es ventajoso que esté enamorado. Con tal sentimiento que consiste en jugar su vida, se ha amparado de mí,

se identifica con mis funciones y mis funciones entran en su dominio. ¿Cómo encontraría yo aunque sólo fuera un poco de

sueño si no puedo cogerlo de ningún lado? Cada noche el amor me pone a prueba y me hace observar así la consigna".

    A veces, en efecto, este enamorado iba y golpeaba con su cachiporra; otras veces, de dolor, se golpeaba el rostro y la

cabeza. Si, por azar, privado como estaba de sueño y de comida, se dormía un instante, soñaba con su amor. No dejaba pasar a

nadie en toda la noche sin gritar: "¿Quién vive?", a menos que durmiera.

    Un amigo le dijo un día: " ¡Oh tú al que ocupan el celo de tus funciones y el ardor de tu amor! No tienes un instante de

sueño durante la noche". El centinela le respondió: "El sueño debe ser extraño al centinela. Así como no debe haber más agua

en el rostro del amante que el llanto, así la vigilia conviene al centinela. Debe estar habituado a velar, como los amantes al

deshonor. ¿Cómo puede tener lugar el sueño si se llora en vez de dormir? Cuando se es a la vez centinela y enamorado, el

sueño deja enseguida vuestros ojos. El amor es agradable para el centinela, pues el insomnio se ha deslizado en su esencia.

¿Será alguna vez propio para el sueño aquel al que el insomnio le es agradable?"

    No duermas, ¡oh hombre! si estás a la búsqueda de las cosas espirituales; pero si te contentas con hablar, entonces te

conviene el sueño. Guarda bien el camino de tu corazón, pues hay ladrones en los alrededores. El camino está plagado de

ladrones de corazón, preserva, pues, de estos tunantes la joya de tu corazón.

    Cuando tengas la virtud que consiste en saber guardar su corazón, tu amor por la ciencia espiritual se manifestará

prontamente. Ahora bien, este conocimiento vendrá indudable mente al hombre por la vigilia en medio del océano de sangre

de su corazón. El que ha soportado la vigilia mucho tiempo ha tenido su corazón despierto cuando se ha acercado a Dios.

Puesto que hay que privarse del sueño para tener el corazón despierto, duerme poco, a fin de conservar la fidelidad del

 

LAS LÁGRIMAS PETRIFICADAS

Un hombre que recogía piedras en una montaña de China derramó abundantes lágrimas de sus ojos y a medida que sus

lágrimas caían a tierra se transformaban en guijarros.

    Si guijarros de este tipo estuvieran en posesión de las nubes, lo que llovería hasta la resurrección no sería más que un

objeto de suspiros.

    La ciencia es lo propio del hombre puro y verídico. Si hay que ir a China para encontrarla, ve a buscarla allí; pues la

ciencia, por el mal querer de los despreocupados, se ha vuelto tan dura de manejar como la piedra. ¿Hasta cuándo será

desconocida? El mundo, palacio de dolores, es todo oscuridad; pero la ciencia brilla en él como una lámpara que se dad; pero

la ciencia brilla en él como una lámpara que muestra el camino. En efecto, lo que guía tu alma en este oscuro lugar, es la joya

de la ciencia, de esta ciencia que dilata el corazón. En estas tinieblas, que no tienen comienzo ni fin, te has quedado sin guía

como Alejandro; pero si sacas de esta preciosa joya el conveniente beneficio, sentirás el arrepentimiento del mal que has

hecho. Si no posees esta joya, deberás estar aún más arrepentido; y la poseas o no, siempre te encontraré presa de las penas.

    El mundo visible y el mundo invisible no son nada para el alma; el cuerpo no está escondido para el alma, ni el alma al

cuerpo. Cuando has salido del mundo invisible que no es nada, es ahí donde se encuentra el lugar apropiado para el hombre.

Si llegas pues de este lugar a este lugar particular, en un instante adquirirás cien especies de secretos; y si te quedas atrás en

ABRAHAM Y EL ANGEL DE LA MUERTE

 Cuando el amigo de Dios estuvo en la agonía, no entró sin pena su alma a Azrail: "Retírate -le dijo-, y dile al Rey del

universo que no exija el alma de su amigo". Pero Dios altísimo dijo: "Si eres mi amigo, debes desear venir a encontrarme.

Habría que arrancar con la espada la vida del que sintiera darla por su amigo". Una persona que estaba presente dijo: " ¡Oh

 

EL MENDIGO ENAMORADO DE AYAZ

 Un mendigo se enamoró de Ayaz y esta noticia se extendió por todos lados. Cuando Ayaz iba a caballo por el camino, este

desgraciado, que estaba informado de ello, acudía.

    Cuando Ayaz, perfumado de almizcle, venía a la plaza, este libertino espiritual sólo lo miraba a él, como el jugador de

mazo mira a la bola. Contaron el hecho a Mahmud, a saber, que este mendigo estaba enamorado de Ayaz.

    Al día siguiente, cuando Ayaz apareció, este libertino acudió también, más enamorado que nunca. Miraba el rostro de

Ayaz; se hubiera dicho que el mazo iba a coger la bola. El sultán lo miró a hurtadillas y vio cómo el alma de Ayaz era como el

grano de cebada y el rostro de este hombre como el cascabillo que lo rodea. Vio que este mendigo tenía la espalda encorvada

como el mazo, que la cabeza le giraba como la bola del mazo y que iba errante por todos lados de la plaza, como la misma

bola. Mahmud lo llamó y le dijo: "Miserable mendigo, ¿quieres, pues, beber en la misma copa que el rey?" -"Aunque me

llames mendigo -respondió el derviche- no obstante no soy inferior a ti en el juego del amor. El amor y la pobreza van juntos;

el capital del amor es no tenerlo. Tú eres soberano y tu corazón está luminoso; pero, para el amor, es necesario un corazón

calcinado como el mío. Tú sólo tienes del amor un elemento más vulgar y eso es todo; ten paciencia pues un instante en el

dolor de la ausencia. A pesar de la unión de la que gozas, sabe tener el pie firme en el dolor de la ausencia, si verdaderamente

estás enamorado."

    El rey respondió: " ¡Oh, tú que estás sin noticias de la existencia! ¿Por qué pues miras la bola del mazo?" -"Es -respondió

el mendigo-, porque esta bola está en movimiento como yo y yo como ella. Ella conoce mi valor y yo el suyo; ambos hemos

caído en el mismo extravío. Existimos sin cabeza ni pie. Ella me conoce y yo la conozco y ambos podemos hablar del dolor

que el mazo nos hace experimentar; pero la bola es más feliz que yo, pues el caballo la toca de vez en cuando con el pie.

 

Anécdota sobre el Sheikh Abu Bekr de Nishapur

El schaikh Abú Bekr de Nischapur salió de su convento a la cabeza de sus discípulos. El schaikh iba sobre su asno y sus compañeros le seguían por el camino. De repente el asno dejó oír un ruido inconveniente; el schaikh se dio cuenta enseguida, lanzó un grito y desgarró sus vestiduras. Sus discípulos y todos los que percibieron la acción del schaikh no la aprobaron. Uno de ellos acabó por preguntarle por qué había actuado así. El respondió: "Echando una ojeada por todos lados veía el camino ocupado por mis compañeros. Tenía discípulos delante y detrás de mí y me dije entonces: 'En realidad yo no soy menos que Bayazid. Así como hoy estoy   agradablemente   acompañado por diligentes discípulos, sin duda así entraré mañana orgullosamente con la alegría de la gloria y del honor en la llanura de la resurrección'. Cuando hube presumido así de mi destino fue cuando el asno cometió la incongruencia de la que habéis sido testigos y por la cual ha querido decir: 'He aquí larespuesta que da un asno a semejante pretensión y a un pensamiento tan vano'. El fuego del arrepentimiento ha caído entonces sobre mi alma, han cambiado mis ideas y se ha derrumbado mi imaginaria posición"...

El árabe en Persia

Un árabe fue a Persia y se admiró de las costumbres que encontró allí. Este ignorante, cuando visitaba el país, pasó por azar delante de una casa de caridad. Había allí un puñado de gentes desordenadas que se habían jugado los dos mundos y que no decían palabra. Todos sin mujer, sin óbolo, pero con el corazón puro; todos exentos de mancha, a cual más. Cada uno de ellos tenía en la mano una botella de vino turbio que había tenido el cuidado de llenar antes de sentarse. 

La princesa y el derviche

Un rey tenía una hija, bella como la luna y a la que todos tenían simpatía y afecto. La pasión estaba continuamente alerta a causa de sus ojos medio cerrados por el sueño y por un dulce entusiasmo. Su rostro tenía la blancura del alcanfor y sus cabellos la negrura del almizcle. Los rubíes del agua más hermosa se secaban de celos ante el brillo de sus labios. Si manifestaba aunque fuera un poco de su belleza, la razón se entristecía al no poder apreciarla dignamente. Si el azúcar hubiera llegado a conocer el sabor de sus labios se habría coagulado o fundido de vergüenza. Por efecto del destino, un derviche, cuya vista recayó sobre esta brillante luna, se prendó de ella violentamente.

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