Attar Nishaburi

Anécdota sobre otro loco espiritual

La abubilla dijo aún: "Otro loco estaba desnudo y hambriento en medio del camino. Ahora bien, era en invierno y llovía mucho y el pobre loco estaba mojado por el agua y por la nieve, pues no tenía ni abrigo -ni casa. Al final se refugió en un palacio en ruinas. Cuando puso el pie fuera del camino y hubo entrado en estas ruinas, una teja le cayó sobre la cabeza y le abrió el cráneo, hasta el punto que la sangre corría como un riachuelo. Entonces este hombre volvió la cara hacia el cielo y dijo: "¿No sería mejor tocar el tambor real que golpear mi cabeza con un ladrillo?".

Sobre Alejandro

Cuando Alejandro moría en su expedición en favor de la religión, Aristóteles le dijo: — ¡Oh monarca de la fe! durante toda tu vida no has cesado de dar instrucciones imperiosas; pero hoy, tú mismo eres una advertencia para el mundo". ¡Oh corazón mío!, recibe esta advertencia en medio de este torbellino de desgracia. Permanece atento y vigilante, pues la muerte te persigue. Te he hecho oír el lenguaje de los pájaros y todos sus discursos. A ti te toca comprender, ¡oh ignorante! Los pájaros están en el número de los amantes cuando se vuelan de su jaula antes de la muerte. Cada uno de ellos se ha explicado y  enunciado diferentemente, pues cada uno tiene una manera particular de expresarse. Antes que al Simorg ha encontrado la piedra filosofal, aquel que ha comprendido el lenguaje de todos estos pájaros.

¿Cómo conocerás la felicidad de los espiritualistas en medio de la sabiduría de los griegos?...

Palabras de un pir

Un hombre muy religioso decía un día: "He vivido constantemente fuera de mí durante treinta años enteros, entregado a un pesar oculto, como Ismael, cuando su padre quiso cortarle la cabeza. ¿Qué le ocurrirá al hombre que ha pasado toda su vida como el penoso instante que tuvo que soportar Ismael? ¿Sabe alguien cómo se puede pasar la vida, noche y día, en medio de esta prisión y de este dolor? Tanto ardo en la espera como la vela; tanto lloro como la lluvia al principio de la primavera.

Sentencia de un sabio sobre un palacio

Un rey hizo construir un castillo adornado de dorados para cuya construcción gastó cien mil dinares. Cuando este castillo fue parecido al paraíso, lo embellecieron aún con alfombras. De todos los países vinieron gentes a presentar al rey sus homenajes y le ofrecieron presentes en bandejas. El rey llamó entonces, con estos huéspedes, a los notables de su reino; los hizo venir cerca de él y los hizo sentarse en asientos y les dijo: "¿Cómo encontráis este palacio? ¿Queda algo por desear para la belleza y la perfección?" Todos dijeron entonces: "Nadie ha visto nunca ni nunca verá en la superficie de la Tierra un

palacio parecido". Sin embargo, un hombre entregado a la devoción se levantó y dijo: "Señor,...

Anécdota sobre las mariposas

Una noche, se reunieron las mariposas atormentadas por el deseo de unirse a la vela. Dijeron todas: "Tenemos que encontrar a alguien que pueda darnos noticias de nuestra amorosa búsqueda". Una mariposa fue hasta un lejano castillo y percibió en su interior la luz de una vela. Volvió y contó lo que había visto; se puso a hacer la descripción de la vela según la medida de su inteligencia. Pero la sabia mariposa que presidía la reunión expresó la opinión de que la mariposa exploradora no sabía nada de la vela.

Discurso de la abubilla a los pájaros

Todos los pájaros del mundo se reunieron, tanto los que son conocidos como los que son desconocidos y tuvieron entre ellos este lenguaje: "No hay en el mundo un país sin rey; ¿cómo sucede sin embargo, que el país de los pájaros esté privado de él? Es necesario que este estado de cosas no dure por más tiempo; debemos unir nuestros esfuerzos e ir en busca de un rey, pues no hay buena administración en un país sin rey y el ejército está desorganizado".

A consecuencia de estas consideraciones, todos los pájaros acudieron a un cierto lugar para ocuparse de la búsqueda de un rey. La abubilla, toda emocionada y llena de esperanza, llegó y se colocó en medio de la asamblea de pájaros.

Los dos zorros

Dos zorros, macho y hembra, compartían la misma comida y gozaban de su mutua compañía. Un rey, que estaba en la llanura con panteras y halcones, separó a los dos zorros.

Entonces la hembra preguntó al macho: "¡Oh buscador de agujeros! dime, ¿dónde nos encontraremos juntos de nuevo?" El respondió: "Si tenemos que estar juntos otra vez, sólo será en la tienda de un peletero de la ciudad".

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