Attar Nishaburi

El árabe en Persia

Un árabe fue a Persia y se admiró de las costumbres que encontró allí. Este ignorante, cuando visitaba el país, pasó por azar delante de una casa de caridad. Había allí un puñado de gentes desordenadas que se habían jugado los dos mundos y que no decían palabra. Todos sin mujer, sin óbolo, pero con el corazón puro; todos exentos de mancha, a cual más. Cada uno de ellos tenía en la mano una botella de vino turbio que había tenido el cuidado de llenar antes de sentarse. 

Anécdota sobre Jacob

Cuando José se separó de su padre, Jacob perdió la vista a causa de la separación de su hijo. Lágrimas de sangre caían abundantemente de sus ojos, el nombre de José estaba siempre en su boca. El ángel Gabriel vino y le dijo: "Si pronuncias alguna vez más el nombre de José, suprimiré tu nombre del número de los profetas y de los enviados".

Cuando esta orden de Dios le llegó a Jacob, el nombre de José fue borrado de su lengua; pero este nombre fue sin embargo como su comensal y lo repetía sin cesar en su corazón.

Opinión de un schaikh a sus discípulos

El enamorado de Tus, este océano de los secretos espirituales, decía un día a uno de sus discípulos: "Fúndete sin cesar a causa del amor, hasta que seas tan delgado como un cabello. Cuando estés tan delgado como un cabello, te convendrá estar colocado en medio de los cabellos de tu amiga. En efecto, cualquiera que sea delgado como un cabello a su vista se volverá, sin duda, un cabello en su cabellera. Si tienes los ojos vueltos hacia la vía espiritual y eres clarividente, contempla también esta vía en detalle"...

Anécdota sobre un sufí

Un sufí  iba apresuradamente a Bagdad, cuando en medio del camino oyó una voz que decía: "Tengo mucha piel que venderé a muy buen precio si hay alguien para comprarla". El sufí le dijo: "Buen hombre, ¿quieres darme un poco de ella por nada?" "Aléjate -respondió su interlocutor- estás loco sin duda, ¡oh ávido! ¿Es que se da alguna vez algo por nada?"

Entonces una voz interior dijo al sufí: "Avanza, da un paso más allá del lugar en que estás y te daré gratis toda la felicidad posible y todo lo que desees. La misericordia divina es un sol brillante que penetra los más pequeños átomos. Ve su misericordia, que es tal que ha reprendido a un profeta a propósito de un infiel" (como se ve en la siguiente anécdota).

El sufí y el rico

Un sufí iba apresuradamente a Bagdad, cuando en medio del camino oyó una voz que decía: "Tengo mucha piel que venderé a muy buen precio si hay alguien para comprarla". El sufí le dijo: "Buen hombre, ¿quieres darme un poco de ella por nada?" "Aléjate -respondió su interlocutor- estás loco sin duda, ¡oh ávido! ¿Es que se da alguna vez algo por nada?"

Entonces una voz interior dijo al sufí: "Avanza, da un paso más allá del lugar en que estás y te daré gratis toda la felicidad posible y todo lo que desees. La misericordia divina es un sol brillante que penetra los más pequeños átomos. Ve su misericordia, que es tal que ha reprendido a un profeta a propósito de un infiel".

Otra anécdota sobre Mahmud y Ayaz

Cuentan que un día Farukh y Masud asistían a una revista del ejército de Mahmud. Había en el campo innumerables elefantes y tropas. El rey estaba subido en un promontorio. Ayaz y Hasan acompañaban a Mliamud y pasaban con él la revista del ejército. Los elefantes y los soldados hacían la superficie del mundo semejante a un camino interceptado por hormigas y saltamontes. El ojo del mundo no había visto nunca semejante ejército y nadie antes había contemplado nunca tal reunión. Ahora bien, el rey deslió su lengua y habló a Ayaz en estos términos: "Hijo mío, esta gran cantidad de elefantes y de hombres es mía y así todo esto te pertenece, ya que te amo al punto de considerarte como mi rey". Aunque el célebre Mahmud pronunció estas palabras, Ayaz se quedó completamente indiferente e impasible. No dio las gracias al rey en este instante y ni siquiera hizo ninguna reflexión. Hasan, admirado le dijo: " ¡Un rey te hace tanto honor a ti, simple esclavo, y te quedas así, inmóvil y despreocupado; no te  inclinas, no te prosternas en testimonio de tu abnegación! ¿Por qué no actúas con el conveniente respeto? No es reconocer como debes las bondades del rey"...

El enamorado que pierde a su amante

Un hombre de elevadas miras y posesor de perfección, se enamoró de una hermosa persona. Ahora bien, aquella a quien había abandonado su corazón se quedó delgada y amarilla como un tallo de azafrán. El luminoso día se volvió oscuro para su corazón, la muerte llegó desde lejos y se aproximó a ella. Anunciaron esta noticia a su amante; él acudió con un puñal en la mano y diciendo: "Yo quiero matar en el acto a mi amante a fin de que esta mujer, parecida a una admirable pintura, no muera de muerte natural". Le dijeron: "Eres un insensato; ¿qué motivos tienes pues para querer matarla? No viertas sangre, retira la mano de este asesinato pues ella va a morir. ¿De qué sirve matar a una persona que se muere? Sólo un loco le corta la cabeza a un muerto". -"Si mi amiga perece por mi mano, me harán perecer por la ley del talión. Entonces el día de la resurrección, yo arderé por ella como la vela delante de los humanos reunidos. Seré ajusticiado a causa de mi pasión por esta muchacha y mañana también seré quemado por su causa. Tal es mi situación aquí y allá. Mi suerte es de ser o quemado o matado por esta dama."...

Palabras de un pir

Un hombre muy religioso decía un día: "He vivido constantemente fuera de mí durante treinta años enteros, entregado a un pesar oculto, como Ismael, cuando su padre quiso cortarle la cabeza. ¿Qué le ocurrirá al hombre que ha pasado toda su vida como el penoso instante que tuvo que soportar Ismael? ¿Sabe alguien cómo se puede pasar la vida, noche y día, en medio de esta prisión y de este dolor? Tanto ardo en la espera como la vela; tanto lloro como la lluvia al principio de la primavera.

Páginas