Poesía Libre

La Gacela

Autor: 

Un cazador captura una gacela y la coloca en el establo,

Junto a las vacas y los asnos.

La gacela corre de un lado a otro con temor y confusión

Cada noche el hombre coloca heno en el establo para las bestias

Ellas lo aman, pero la gacela se mueve tímidamente, de

Un lado a otro en el amplio espacio, tratando de escapar

Del polvo humeante del heno, y de los animales que

Pugnan por comer.

Todo aquel que haya sido dejado un tiempo con aquellos

Que son diferentes, podrá comprender que abandonada se

Siente la gacela.

Salomón amaba la compañía de la abubilla

“A menos que ella tenga una excusa válida para estar ausente

La castigaré por no estar aquí con el peor de los castigos

¿Y cuál podría ser? Lo que le está ocurriendo a

Esta gacela: estar confinado en algún lugar lejos de

Sus congéneres.

El alma es ese lugar en el cuerpo, como un halcón

Real puesto con los cuervos.

Él se coloca allí y soporta lo que tenga que soportar,

Como un gran santo en la ciudad de Sabzawar.

Una vez el gran Rey Muhammad Khuwarizm sitió a

Sabzawar. Ellos se rindieron fácilmente. “Cualquier

Tributo que desee se lo entregaremos”.

“Tráiganme a una persona santa, alguien que viva unido ...

La golondrina

Mi padre tenía gallarda estirpe

de intempestiva golondrina,

viajaba en una galera:

era ignoto navegante,

lobo y marina fiera

en pos de un tesoro,

una espada, una bandera

por quien luchar.

 

En el verano antigregario

solo leía el diccionario

para atracar vibrante

en la palabra 'primavera'

y hacerla sinónimo de libertad

y anclar artero

en un puerto de Portugal...

Anécdota sobre otro loco espiritual

La abubilla dijo aún: "Otro loco estaba desnudo y hambriento en medio del camino. Ahora bien, era en invierno y llovía mucho y el pobre loco estaba mojado por el agua y por la nieve, pues no tenía ni abrigo -ni casa. Al final se refugió en un palacio en ruinas. Cuando puso el pie fuera del camino y hubo entrado en estas ruinas, una teja le cayó sobre la cabeza y le abrió el cráneo, hasta el punto que la sangre corría como un riachuelo. Entonces este hombre volvió la cara hacia el cielo y dijo: "¿No sería mejor tocar el tambor real que golpear mi cabeza con un ladrillo?".

Sobre el carácter de los reyes (cuento 2)

Un rey de Jorasán vio en sueños al sultán Mahmud Sabokta-kin. Su cuerpo estaba

despedazado y convertido en polvo, salvo sus ojos, que giraban y giraban en sus cuencas

mirando a su alrededor. Todos los sabios juntos no pudieron interpretar su sueño, salvo

un derviche, que tras presentar sus respetos dijo: «Aún se estremece porque su reino a

otros pertenece».

Sobre Alejandro

Cuando Alejandro moría en su expedición en favor de la religión, Aristóteles le dijo: — ¡Oh monarca de la fe! durante toda tu vida no has cesado de dar instrucciones imperiosas; pero hoy, tú mismo eres una advertencia para el mundo". ¡Oh corazón mío!, recibe esta advertencia en medio de este torbellino de desgracia. Permanece atento y vigilante, pues la muerte te persigue. Te he hecho oír el lenguaje de los pájaros y todos sus discursos. A ti te toca comprender, ¡oh ignorante! Los pájaros están en el número de los amantes cuando se vuelan de su jaula antes de la muerte. Cada uno de ellos se ha explicado y  enunciado diferentemente, pues cada uno tiene una manera particular de expresarse. Antes que al Simorg ha encontrado la piedra filosofal, aquel que ha comprendido el lenguaje de todos estos pájaros.

¿Cómo conocerás la felicidad de los espiritualistas en medio de la sabiduría de los griegos?...

Galerías

No querría, no querría

huir de mi laberinto,

del laberinto de los míos,

de mis compañeros

donde supuran los mosquitos de la corrupción

mientras mis compañeros se resignan a la muerte

día a día,

la muerte que se extiende a lo largo de la vida

como la eternidad.

No querría, no querría contar

mi laberinto,

yo que soy libre, libre

entre tres muros

y el cuarto es una galería que se extiende

como la eternidad...

Oasís en el instante

Si venís a buscar me estaré más allá de la tierra nada.

Más allá de la tierra nada hay un lugar.

Más allá de la tierra nada las venas del aire están llenas de villanos mensajeros que nos traen noticias de una flor recién abierta en el arbusto del extremo confín de la tierra.

En la arena hay dibujos de cascos de caballos, de sutiles jinetes que al alba se dirigieron hacia las alturas ebrias de la asunción de la amapola.

Más allá de esa tierra nada, el guardasol de deseo permanece abierto: y cuando la brisa de la sed corre por el fondo de una hoja se oyen las campanas de la lluvia...

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