Hafez Shirazi

Tu sombra de ciprés

Sucumbieron tus cabellos en manos de la brisa, de dolor se ha partido en dos mi loco corazón. Tu ojo hechicero a la negrura del alba es semejante, ¡mas ay!, esta copia, ¡cómo ha languidecido! ¿Sabes qué es aquel punto negro que tu bucle enlaza? El punto es de tinta, caído en el círculo del yim. En el paraíso de tu cara, tus negros rizos perfumados son como un pavo real en el jardín de la gracia. Sumido en el deseo de tu rostro, oh Bienamado, mi corazón es la tierra que la mano del viento arroja en el camino. Este terrenal cuerpo elevarse no podrá como polvo ni alejarse de tu alcance, pues ha caído muy grave. Tu sombra de ciprés en mi forma, oh tú, el de hálito de Cristo, reflejo es del espíritu que en los pútridos huesos ha caído.

Sucumbieron tus cabellos en manos de la brisa,
de dolor se ha partido en dos mi loco corazón.
Tu ojo hechicero a la negrura del alba es semejante,
¡más ay!, esta copia, ¡cómo ha languidecido!
¿Sabes qué es aquel punto negro que tu bucle enlaza?
El punto es de tinta, caído en el círculo del yim.
En el paraíso de tu cara, tus negros rizos perfumados
son como un pavo real en el jardín de la gracia.
Sumido en el deseo de tu rostro, oh Bienamado, mi corazón
es la tierra que la mano del viento arroja en el camino...

¡Ven a Shiraz!

¡Que conserve Shiraz su condición sin par!

 

¡Oh Dios, apártala de la ruina!

De aojamiento preserva al Roknabad

pues otorga su agua, tal la de Jezr, la vida.

Entre Yafaravad y Mosalla, desde el norte,

almizclada sopla aquella brisa.

Ven a Shiraz y busca del Espíritu el efluvio

en los hombres de sabiduría.

¿Quién el nombre mentó del azúcar egipcio

y, ante los bocas dulces, vergüenza no sentía?

La copa de cristal

Florece la rosa, y el ruiseñor se embriaga.

Acudid, sufíes que adoráis el vino.

La base del arrepentimiento como piedra es firme.

Asombraos: la copa de cristal la ha destruido.

En la corte de la opulencia, lo mismo sea el rey,

que el alguacil, que el ebrio... ¡Trae vino!

De este caravasar con dos puertas hay que partir:

techo y tejado de la vida, alto o bajo es lo mismo.

Morada y rapto de gozo sin sufrir no se alcanzan,

si el primer día el sufriente estrecha vínculos. ...

Un fuego

El Fuego del corazón prendió en el pecho y ardió doliente por el Amado.  Un fuego había en la casa que la morada quemó.  

La distancia del Amado hizo arder mi cuerpo.  Separado de su rostro, un fuego mi alma quemó.  

Como el cuenco, se rompió de arrepentido mi corazón.  Sin vino ni copa, tal tulipán, mi corazón se quemó.  

Mira arder mi corazón, mira el fuego de las lágrimas.  El corazón de la vela, como mariposa, anoche, de compasión se quemó.  

Acaba la discusión y vuelve, que mi pupila, quitándole el manto suyo, dando gracias lo quemó. 

Todo el que vio la cadena anudante de tus rizos se enardeció y, por mi locura, se quemó su corazón. 

 

Alba

Esto dijo al alba el ave a la rosa recién despertada:

«Sé amable, pues muchas como tú florecen en esta explanada.»

La rosa rió: «Verás que en verdad no mostramos dolor,

Mas nunca un amante con tan duras palabras acosó a su amor.

Si tu deseo es beber vino de rubí de la copa enjoyada

Debes ensartar perlas y corales traspasados por pestañas...

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