Hafez Shirazi

En el trono de hiebra

José, perdido, volverá a Cañan, no te aflijas.  El nido de las penas será jardín un día, no te aflijas.  

Este corazón doliente, tranquilízate, se llegará a curar,  y esta cabeza inquieta a su ser volverá, no te aflijas.  

Si la vida conserva una primavera, ave de dulce canto, en el trono de hierba  palios de flores se abrirán de nuevo para ti, no te aflijas.  

Si durante dos días el giro de la esfera no nos fue favorable,  no se prolongará el signo de este giro, no te aflijas.  

No desesperes por no tener conciencia del misterio,  detrás del velo habrá juegos ocultos, no te aflijas.  

Si en pos de la Caba, ansiante, cruzas el desierto,  y de las plantas te increpan las espinas, no te aflijas...

Que siga la vía

El jardinero que ansia cinco días de charla con la flor,  por el rigor de la espina separado, paciente debe ser tal ruiseñor.   
¿Qué son las conveniencias para el loco que quema el universo?  Mesura y reflexión tareas propias son del mismo reino.   
Es ateísmo en el camino basarse en la abstinencia y en la ciencia. El que sigue la vía la fe precisa aunque tenga cien técnicas.   
Donde estén sus rizos y su rostro, para cualquiera es ilícito mirar la cara de jazmín y el bucle de jacinto.   
Mucho ha de suplicar a sus ojos de narciso ebrio  este corazón loco si ansia el bucle de su pelo.   
Oh corazón, atado por su bucle no te quejes de desasosiego, que mucho aguante necesita el...

La mirada del ángel

El día inicial emergió en epifanía la luz de tu belleza.

Se reveló el amor y prendió fuego al mundo entero.

Se hizo visible tu rostro. La mirada del ángel, carente de amor,

de celos, envolvió al hombre en llamas y se tornó esencia del fuego.

Con esa llama quiso el intelecto encender una lámpara.

El destello de los celos se inflamó y confundió al universo.

El impostor quiso cruzar el umbral y contemplar el secreto.

La mano oculta acudió y, del extraño, golpeó el pecho.

Por el hoyuelo de tu barbilla, el alma celeste desmayaba...

Una banda salvaje y sagrada

Tu aliento es un reloj sagrado, querido

¿Por qué no usarlo para seguirle el ritmo al Nombre de Dios?

Y si tus pies alguna vez se mueven

Sobre este antiguo tambor, la tierra,

Oh, no dejes que tus preciosos movimientos

Se vuelvan nada.

Deja que tus pasos bailen silenciosamente

¡Al ritmo del Nombre del Amado!

Mis dedos y mis manos

Nunca se mueven en un espacio vacío,

Ya que hay Por todas partes invisibles cuerdas de laúd doradas,

Enviando Acordes Resplandecientes

A través del Universo.

Escucho la voz

De cada criatura y planta,

De cada mundo, sol y galaxia-

¡Cantando el Nombre del Amado! 

He despertado para encontrar el violín y el chelo,...

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