Hafez Shirazi

El fuego de tu rostro

Desde ahora me agarraré a las faldas de aquel alto ciprés

que de raíz me arrancó con su grácil estatura.

No es necesario vino ni juglar, abre tu velo,

que el fuego de tu rostro mehace bailar como la ruda.

No hay rostro que espejo de la suerte pueda ser en la alcoba nupcial,

excepto el rostro frotado con pezuña de caballo bayo.

Dije: peno por ti y claramente enunciaré este secreto...

El espejo que descubre la belleza

Anoche, hacia el alba, de la tristeza me liberaron.

En la oscuridad nocturna, me dieron agua de vida.

Con el radiante rayo de la Esencia, me quitaron el sentido.

La epifanía

de los atributos, vino en la copa, me ofrecieron.

¡Qué alba bendita fue!, ¡qué gloriosa noche!

Aquella noche de Gadr, nueva investidura me concedieron.

Justo es que la fortuna me sonría, oh gozoso corazón.

Estaba necesitado, y me la entregaron como diezmo.

Del Invisible, el heraldo me anunció entonces esta suerte:

ante la tiranía y el desamor, firmeza y paciencia me otorgaron.

Desde ahora: mi rostro y el espejo que descubre la Belleza,

pues me anunciaron en él la aparición de la Esencia...

Anoche vi a los ángeles

Anoche vi a los ángeles llamar a la puerta de la taberna,

amasaban el barro del hombre, y el vaso daba su medida.

Ellos, los que habitan el templo de lo oculto y el candor del universo angélico,

 me acompañaron, a mí, mendigo de las calles, a beber el vino de la ebriedad.

Al dar gracias a Dios por la Paz alcanzada entre él y yo,

la copa de gratitud vaciaron, bailando, los sufíes.

Los cielos no pudieron soportar el peso de la prenda.

Cayó la suerte en el nombre de ese loco que soy yo.

No es fuego aquel cuya llama despierta la risa de la vela.

Fuego es aquel que prende en la levedad de la falena.

¡De las querellas de las setenta y dos sectas, apartaos!,

que por no ver la verdad crearon fábulas distintas...

El lenguaje de los lirios

Albricias, corazón, que el viento de la mañana ha regresado.

La abubilla mensajera de la tierra de Saba ha regresado.

Oh ave del alba, canta el himno de David,

que el Salomón de las flores, con el viento, ha regresado.

¿Dónde está el iniciado que entienda el lenguaje de los lirios,

para que pregunte por qué partió y por qué ha regresado?

Me trató con clemencia y gentileza la providencia divina,

y así el ídolo de corazón de piedra por sendas de lealtad ha regresado.

Por el soplo matutino, huele eltulipán el vino apetecible.

Era un ardor de corazón y con fe en la medicina ha regresado.

He lanzado mil suspiros en pos de esta caravana,

hasta que las campanillas a mi oído del corazón han regresado.

Aunque Hafez llamó a la puerta del sufrimiento y rompió el compromiso,

mira, su bondad, conciliadora, por nuestra puerta ha regresado.

Mi dulce ángel estrellado

No has bailado tan mal, querido mío,

Intentando tomar las manos del Bello

Ser.

A pesar de que has danzado con gran

estilo,

Mi dulce ángel estrellado

No has alcanzado al corazón de Dios.

Nuestro compañero de baile es

particularmente difícil de seguir,

E incluso es a veces difícil escuchar a

Sus mejores músicos.

Así que qué importa si la música se

detuvo por un instante.

Qué importa

Si el precio a pagar para acceder a lo

Divino...

¿Qué se hizo?

No hallo en nadie apoyo alguno, ¿qué fue de los amigos?

¿Cuándo acabó la amistad?, de los amigos, ¿qué se hizo?

Se enturbió el agua de vida, ¿dónde está Jezr de pie bendito?

La rosa se ha desangrado, del viento de primavera, ¿qué se hizo?

Más de mil rosas florecieron y no se ha oído un solo trino.

¿Qué fue de los ruiseñores?, de los pájaros, ¿qué se hizo?

Venus no toca su instrumento, ¿es que el laúd en fuego ha ardido?

Nadie desea embriagarse. De aquellos ebrios, ¿qué se hizo?

De la mina de los caballeros, hace mucho ni un granate ha salido.

¿Adonde fue la irradiación del sol?, del intento del viento y de la lluvia, ¿qué se hizo?

Del derecho de amistad no habla nadie, ¿qué se hizo del amigo?

¿Qué fue de los que respetan el derecho?, ¿qué fue de los amigos?

Tierra de enamorados ésta fue, y fue ciudad de los amigos...

Las tablas del pecho de Hafez

La dulzura de unos ojos negros ha poseído mi mente.

Es un decreto celeste que ya nada cambiará.

Fue mi prístino designio esa rebelde locura, y no se me encomendó otro cometido.

Adondequiera que se dirija e! destino, ni aumenta ni disminuye.

¡Oh centinela!, por él. Suspiro de la flauta y del tambor, concédenos el perdón:

que las normas de ia íe no quebrantará esta historia.

El vino granate y e! refugio y el amigo de la amable escanciadora,

oh corazón, ¿mejorarán su estado un día, si no ahora?

El adversario no dio pie a la reconciliación y fue enojoso.

El suspiro de los que madrugan, ¿hacia el orbe no se orienta?

Amarle, amarle ocultamente: mi opción es esta...

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