Hafez Shirazi

Las tablas del pecho de Hafez

La dulzura de unos ojos negros ha poseído mi mente.

Es un decreto celeste que ya nada cambiará.

Fue mi prístino designio esa rebelde locura, y no se me encomendó otro cometido.

Adondequiera que se dirija e! destino, ni aumenta ni disminuye.

¡Oh centinela!, por él. Suspiro de la flauta y del tambor, concédenos el perdón:

que las normas de ia íe no quebrantará esta historia.

El vino granate y e! refugio y el amigo de la amable escanciadora,

oh corazón, ¿mejorarán su estado un día, si no ahora?

El adversario no dio pie a la reconciliación y fue enojoso.

El suspiro de los que madrugan, ¿hacia el orbe no se orienta?

Amarle, amarle ocultamente: mi opción es esta...

El mendigo de la urbe

Brilló una estrella y en la luna de este círculo se mudó,

y fue afabilidad y compañía para nuestro desbocado corazón.

Mi amada, que no escribió línea

alguna ni fue al colegio,

por la agudeza de sus ojos se convirtió en maestra de maestros.

Por su olor, el transido corazón de los amantes, tal viento matutino,

se tornó ofrenda a los ojos del narciso y al rostro del junquillo.

Ahora en el puesto más alto me hace sentar el amigo:

el mendigo de ia urbe se convierte en cabeza de este círculo.

Desde hoy habitable será del rapto amoroso la morada,

pues su arquitecto es el arco de las cejas de mi amada.

Límpiame, por Dios, las gotas de vino de los labios,

puesto que a mi mente incitan a cometer mil pecados.

Tu gracia sirvió a ios mísdcos semejante vino

que tornó necia a la ciencia e insensible al juicio.

Pelando tus rodillas ante Dios

Poco a poco,

Te convertirás en estrellas.

Aún entonces, querido mío,

Sólo serás

Un niño gateando,

Todavía pelando tus rodillitas ante

Dios.

Poco a poco,

Te convertirás en

Todo el Universo, dulce y amoroso

En el calor

De una loca noche de primavera.

Y te harás tan libre

En un amor puro,

Maravilloso y secreto

Que fluye

De una necesidad de Luz

Conciente e infinita, ...

Corta las riendas del arado

¿Qué hace la pureza?

Corta las riendas del arado.

Te libera de tener que trabajar y comer

En el lodo.

Te libera de tener que vivir detrás

De un gran buey

Que rompe constantemente el viento.

¿Qué puede hacer la pureza, querido

mío?

Puede elevar tu corazón

Sobre un Sol naciente, corcoveaste,

Que llena el alma de ansias

Por llegar a las cumbres de la

Creación...

El verde campo del firmamento

Vi el verde campo del firmamento y la hoz de la luna.

Recordé mis cultivos y el tiempo de segar.

Dije: oh fortuna, re has dormido, y el sol alienta.

Dijo: a pesar de todo, de lo primordial no desesperes.

Di al cielo: no presumas de tal grandeza, que en el amor

un grano de cebada dan por la luna, y por las Pléyades, dos.

Si vas al cielo, como el Mesías, puro y despojado,

de tu lámpara llegarán al sol un centenar de rayos.

No confíes en la estrella nocturna, que este ladrón

la corona de Kavus y el cinto de Cosroes

robó.

La aventura sin fin

Bienvenido, oh pájaro de agüero y mensaje alegre,

di, ¿qué noticias traes, dónde está el amigo, cuál es el amado?

¡Oh Dios!, que acompañe a esta caravana la gracia inicial,

hizo caer en la trampa al enemigo y al amado puso de nuestro lado.

La aventura entre el amado y yo no tiene fin,

pues fin no tiene lo que no tiene principio.

La flor superó el límite del orgullo, en un suspiro muestra tu rostro.

El ciprés presume y se excede, por Dios camina donairoso.

Mientras el bucle del amado anuda como un cíngulo,

vete, maestro, que el hábito para nuestro cuerpo ya no es lícito.

El ave de mi espíritu, que en el árbol del séptimo cielo cantaba,

por el lunar de tu rostro al fin ha caído en la trampa.

Mis ojos enfermos no concilian el sueño.

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