Hafez Shirazi

El joyero

Si un hombre ingenuo y desesperado

Trajese al único joyero del pueblo,

Una piedra preciosa Deseando venderla,

Los ojos del joyero Comenzarían a juguetear,

Como lo hace la mayoría de los ojos en el mundo cuando te miran. 

El rostro del joyero se mostraría sereno.

Él no querrá revelar el verdadero valor de la joya,

Sino que intentará mantener al hombre cautivo en su miedo y avaricia

Mientras calcula

El precio de la operación.

Pero un solo momento conmigo, querido mío,

Te mostrará Que no existe nada,

Nada Que Hafiz quiera de ti.

Cuando estás sentado frente a un maestro como yo, Incluso si eres un desastre,

Mis ojos cantan con Emoción-

Ellos pueden ver tu Valor Divino.

La clave del tiempo

Si aquel turco de Shiraz  mi corazón deleitara,  por su lunar hindú le daría Bujara y Samarcanda.  

Sírveme vino, escanciadora, que en el paraíso no hallarás  las riberas del Roknabad ni el jardín de Mosalá.    

Estos gitanos alegres, dulces agitadores de la ciudad,  como los turcos los banquetes, saquearon mi corazón de paz.  

Para nuestro pulcro amado no es un amor tan imperfecto: agua, color, lunar, retoques, ¿para qué los quiere el rostro bello?  

Yo, por la hermosura creciente de José, sabía  que amor del velo de inocencia a Zulaika privaría.  

Insúltame y maldíceme a placer, que por ti rezo.  ¿Merece respuesta amarga el labio granate y bello?...

Hay una tierra

Vuelve al jardín la fortuna de tiempos de juventud,  el ruiseñor de dulce voz recibe de la rosa la buena nueva.  

Oh céfiro, por mí saluda a las plantas de olor, al ciprés  y la rosa, si llegas a las púberes hierbas de la pradera.  

Si entonces aparece el joven mago, vendedor de vino,  trocaré mis pestañas en escoba del umbral de la taberna.  

¡Oh, tú, que de ámbar puro en tu cara de luna pintas un mazo, no siembres de inquietud mi desorientación y pena!  

Temo que aquellos que se ríen de los que beben posos  pierdan la fe en la labor de las tabernas.  

Sé compañero de los hombres de Dios, que en el arca de Noé hay una tierra que un diluvio ni una gota de agua considera...

El joyero

Si un hombre ingenuo y desesperado

Trajese al único joyero del pueblo,

Una piedra preciosa

Deseando venderla,

Los ojos del joyero

Comenzarían a juguetear,

Como lo hace la mayoría de los ojos en el mundo cuando te miran.

El rostro del joyero se mostraría sereno.

Él no querrá revelar el verdadero valor de la joya,

Sino que intentará mantener al hombre cautivo en su miedo y avaricia

Mientras calcula

El precio de la operación.

Pero un solo momento conmigo, querido mío,

Te mostrará

Que no existe nada,

Nada

Que Hafiz quiera de ti.

Cuando estás sentado frente a un maestro como yo,

Incluso si eres un desastre,

Mis ojos cantan con Emoción

Ellos pueden ver tu Valor Divino.

En el trono de hiebra

José, perdido, volverá a Cañan, no te aflijas.  El nido de las penas será jardín un día, no te aflijas.  

Este corazón doliente, tranquilízate, se llegará a curar,  y esta cabeza inquieta a su ser volverá, no te aflijas.  

Si la vida conserva una primavera, ave de dulce canto, en el trono de hierba  palios de flores se abrirán de nuevo para ti, no te aflijas.  

Si durante dos días el giro de la esfera no nos fue favorable,  no se prolongará el signo de este giro, no te aflijas.  

No desesperes por no tener conciencia del misterio,  detrás del velo habrá juegos ocultos, no te aflijas.  

Si en pos de la Caba, ansiante, cruzas el desierto,  y de las plantas te increpan las espinas, no te aflijas...

Que siga la vía

El jardinero que ansia cinco días de charla con la flor,  por el rigor de la espina separado, paciente debe ser tal ruiseñor.   
¿Qué son las conveniencias para el loco que quema el universo?  Mesura y reflexión tareas propias son del mismo reino.   
Es ateísmo en el camino basarse en la abstinencia y en la ciencia. El que sigue la vía la fe precisa aunque tenga cien técnicas.   
Donde estén sus rizos y su rostro, para cualquiera es ilícito mirar la cara de jazmín y el bucle de jacinto.   
Mucho ha de suplicar a sus ojos de narciso ebrio  este corazón loco si ansia el bucle de su pelo.   
Oh corazón, atado por su bucle no te quejes de desasosiego, que mucho aguante necesita el...

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