Hafez Shirazi

El mendigo de la urbe

Brilló una estrella y en la luna de este círculo se mudó,

y fue afabilidad y compañía para nuestro desbocado corazón.

Mi amada, que no escribió línea

alguna ni fue al colegio,

por la agudeza de sus ojos se convirtió en maestra de maestros.

Por su olor, el transido corazón de los amantes, tal viento matutino,

se tornó ofrenda a los ojos del narciso y al rostro del junquillo.

Ahora en el puesto más alto me hace sentar el amigo:

el mendigo de ia urbe se convierte en cabeza de este círculo.

Desde hoy habitable será del rapto amoroso la morada,

pues su arquitecto es el arco de las cejas de mi amada.

Límpiame, por Dios, las gotas de vino de los labios,

puesto que a mi mente incitan a cometer mil pecados.

Tu gracia sirvió a ios mísdcos semejante vino

que tornó necia a la ciencia e insensible al juicio.

Pelando tus rodillas ante Dios

Poco a poco,

Te convertirás en estrellas.

Aún entonces, querido mío,

Sólo serás

Un niño gateando,

Todavía pelando tus rodillitas ante

Dios.

Poco a poco,

Te convertirás en

Todo el Universo, dulce y amoroso

En el calor

De una loca noche de primavera.

Y te harás tan libre

En un amor puro,

Maravilloso y secreto

Que fluye

De una necesidad de Luz

Conciente e infinita, ...

Corta las riendas del arado

¿Qué hace la pureza?

Corta las riendas del arado.

Te libera de tener que trabajar y comer

En el lodo.

Te libera de tener que vivir detrás

De un gran buey

Que rompe constantemente el viento.

¿Qué puede hacer la pureza, querido

mío?

Puede elevar tu corazón

Sobre un Sol naciente, corcoveaste,

Que llena el alma de ansias

Por llegar a las cumbres de la

Creación...

El verde campo del firmamento

Vi el verde campo del firmamento y la hoz de la luna.

Recordé mis cultivos y el tiempo de segar.

Dije: oh fortuna, re has dormido, y el sol alienta.

Dijo: a pesar de todo, de lo primordial no desesperes.

Di al cielo: no presumas de tal grandeza, que en el amor

un grano de cebada dan por la luna, y por las Pléyades, dos.

Si vas al cielo, como el Mesías, puro y despojado,

de tu lámpara llegarán al sol un centenar de rayos.

No confíes en la estrella nocturna, que este ladrón

la corona de Kavus y el cinto de Cosroes

robó.

La aventura sin fin

Bienvenido, oh pájaro de agüero y mensaje alegre,

di, ¿qué noticias traes, dónde está el amigo, cuál es el amado?

¡Oh Dios!, que acompañe a esta caravana la gracia inicial,

hizo caer en la trampa al enemigo y al amado puso de nuestro lado.

La aventura entre el amado y yo no tiene fin,

pues fin no tiene lo que no tiene principio.

La flor superó el límite del orgullo, en un suspiro muestra tu rostro.

El ciprés presume y se excede, por Dios camina donairoso.

Mientras el bucle del amado anuda como un cíngulo,

vete, maestro, que el hábito para nuestro cuerpo ya no es lícito.

El ave de mi espíritu, que en el árbol del séptimo cielo cantaba,

por el lunar de tu rostro al fin ha caído en la trampa.

Mis ojos enfermos no concilian el sueño.

Tras el espejo

Muchas veces he dicho y de nuevo digo que yo,

de amor vencido, en esta senda no avanzo por mí mismo.

Tras el espejo, me han retenido en calidad de loro.

Lo que ha dicho que diga elprimer maestro digo.

Sea yo flor o bien sea una espina, hay un experto en verdor,

y broto por la mano que me cultiva.

No me riñáis, amigos, que estoy sin corazón, atónito.

Tengo una perla y busco un perito de clara vista.

Es falta unir el hábito de mil colores y el vino rojo,

pero no os enojéis, lavo con su color el de la hipocresía.

Otra es la causa de la risa y el llanto de los enamorados.

La poesía me ocupa por la noche, y el llanto, al despuntar el día.

Dijo Hafez: de la taberna no huelas ni la tierra del umbral.

Dile: no hagas reproches, que yo huelo a almizcle de Jotán.

 

¡Rompamos el techo del cielo!

Ven, y esparzamos las flores y echemos vino en la copa,

propongamos un mapa nuevo, rompamos el techo del cielo.

Si la tristeza pone en marcha sus tropas para verter la sangre de los amantes,

mi escanciadora y yo nos uniremos para desfondar sus bases.

En cáliz de vino púrpura, esencia de flor derramaremos.

En pos de la brisa de circular perfume, azúcar verteremos en el vaso de incienso.

Si anhelas el jardín del Edén, ven con nosotros a la bodega:

situado junto al tonel, te lanzaremos, sin más, al río del paraíso.

Unos se exceden hablando del intelecto, otros inventan delirios.

¡Ven, y llevemos ante el juez estas ideas!

Ahora que el laúd perfecto está en tus manos, juglar, canta una canción hermosa,

para que, taconeando y dando palmas, nuestra cabeza despeñemos.

Oh viento de Saba, lleva la tierra denuestro ser ante aquella excelencia,

para que así contemplemos el umbral del rey de los perfectos.

En Shiraz no cultivan el arte decantar ni la elocuencia,

ven, Hafez, y que nos arrojen a otra tierra.

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