Cuento

Serve prueba su magia contra los hijos de Fereidun (Primera parte)

Autor: 

Serve, el jefe de los árabes, rey de Yemen, hizo traer vino e hizo beber a la asamblea, ordenó cantores y continuó hablando y bebiendo hasta que se hizo noche profunda. Los tres hijos de Fereidun, sus tres yernos, no bebieron hasta que obligados por los invitados lo hicieron al punto que su razón sucumbió al vino. Cuando el reposo y el sueño fueron necesarios, ordenó que le prepararan un lecho al lado de un depósito lleno de agua de rosas.

La tercera historia de las historias de Sindbad el marino, que trata del tercer viaje

Autor: 

Sabed, ¡oh mis amigos! - ¡pero Alah sabe las cosas mejor que la criatura! - que con la deliciosa vida de que yo disfrutaba desde el regreso de mi segundo viaje, acabé por perder completamente, entre las riquezas y el descanso, el recuerdo de los sinsabores sufridos y de los peligros que corrí, aburriéndome a la postre de la inacción monótona de mi existencia en Bagdad. Así es que mi alma deseó con ardor la mudanza y el espectáculo de las cosas de viaje. Y la misma afición al comercio, con su ganancia y su provecho, me tentó otra vez.

La cuarta historia de las historias de Sindbad el marino, que trata del cuarto viaje

Autor: 

Y dijo Sindbad el Marino: "Ni las delicias ni los placeres de la vida de Bagdad, ¡oh amigos míos! me hicieron olvidar los viajes. Al contrario, casi no me acordaba de las fatigas sufridas y los peligros corridos. Y el alma pérfida que vivía en mí no dejó de mostrarme lo ventajoso que sería recorrer de nuevo las comarcas de los hombres. Así es que no pude resistirme a sus tentaciones, y abandonando un día la casa y las riquezas, llevé conmigo una gran cantidad de mercaderías de precio, bastante más que las que había llevado en mis últimos viajes, y de Bagdad partí para Bassra, donde me embarqué en un gran navío en compañía de varios notables mercaderes prestigiosamente conocidos.ome sin duda indigno de servirme asado ni siquiera a la parrilla ante su rey.

Historia del monasterio

Autor: 

"Sabed que he permanecido mucho tiempo en los Santos Lugares, en compañía de hombres piadosos e ilustres, y vivía muy modesta­mente, sometiéndome a ellos, pues Alah el Altísimo me ha concedido el don de la humildad y la renunciación. Y hasta pensaba pasar el resto de mis días de la misma manera entre la tranquilidad y el cumpli­miento de los deberes piadosos y la paz de una vida sin incidentes. Pero no contaba con el Destino.
"Una noche llegué a orillas del mar, que hasta entonces no había visto nunca, y sentí una fuerza irresistible que me impulsaba a andar por encima del agua. Me lancé a ello resueltamente, y con gran asom­bro mío me sostenía sobre el agua, sin hundirme y sin mojarme si­quiera los pies desnudos. ...

Historia de Aziz y Aziza y del hermoso Príncipe Diadema

Autor: 

"Había en la antigüedad del tiempo y en lo pasado de las edades y del momento una ciudad entre las ciudades de Persia, detrás de las montañas de Ispahán. Y el nombre de esta ciudad era la Ciudad Verde. El rey de esta ciudad se llamaba Soleimán-Schah. Estaba dotado de grandes cualidades de justicia, de generosidad, de prudencia y de saber. Así es que desde todas las comarcas afluían viajeros a su ciudad, pues su fama se había extendido mucho e inspiraba confianza a las caravanas y los mercaderes.

Relato del intendente del rey de la China (primera parte)

Autor: 

"Sabe, ¡oh rey de los siglos y del tiempo! que la noche última me convidaron a una comida de boda a la cual asistían los sabios versados en el Libro de la Nobleza. Terminada la lectura del Corán, se tendió el mantel, se colocaron los manjares y se trató todo lo necesario para el festín. Pero entre otros comestibles, había un plato de arroz preparado con ajos, que se llama rozbaja, y que es delicioso si está en su punto el arroz y se han dosificado bien los ajos y especias que lo sazonan.

El hombre de vida inexplicable

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Había una vez un hombre llamado Moyut. Vivía en una aldea en la que había obtenido un puesto como pequeño funcionario y parecía muy probable que fuese a terminar sus días como inspector de pesas y medidas. Una tarde, cuando estaba caminando por los jardines de un viejo edificio cerca de su casa, el Jádir -misterioso guía de los sufíes- se le apareció vestido con una túnica de brillante verde. Moyut se encontró con el Jádir y el Jádir le dijo:

-Hombre de brillantes perspectivas, deja tu trabajo y encuéntrame junto a la ribera del río dentro de tres días.

El rey, el cirujano y el sufí

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En la antigüedad, un rey de Tartaria estaba paseando con algunos de sus nobles. Al lado del camino se encontraba un Abdal (un sufí errante), quien exclamó:

-Le daré un buen consejo a quienquiera que me pague cien dinares.

El Rey se detuvo y dijo:

-Abdal, ¿cuál es ese buen consejo que me darás a cambio de cien dinares?

-Señor -respondió el Abdal-, ordena que se me entregue dicha suma y te daré el consejo inmediatamente.

El Rey así lo hizo, esperando escuchar algo extraordinario.

El sufí le dijo: ...

El pescador y el jinni (segunda parte)

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Se despojó luego de sus vestiduras y zambulléndose junto a la red trabajó arduamente hasta llevarla a tierra. Abrió entonces las mallas y halló dentro una vasija de cobre amarillo con forma de pepino que evidentemente contenía algo y cuya boca estaba amordazada con una tapadera de plomo, estampada con el sello del anillo de nuestro señor Salomón, hijo de David (¡Que Alá acoja a ambos en su seno!). Congratulase el pescador al verlo y dijo: «Si lo vendo en el mercado de calderos me valdrá diez dinares de oro». La sacudió y al advertir que era pesada prosiguió: «Quiera el cielo que sepa lo que hay dentro. Pues debo y quiero abrirlo y ver lo que contiene y guardármelo en la bolsa y luego ir a venderla en el mercado de calderos». Y tomando un cuchillo lo aplicó al plomo hasta desprenderlo de la vasija; depositó entonces el jarrón en el suelo y lo sacudió a fin de que cayera lo que había dentro. No halló cosa alguna, de lo que se maravilló sobremanera.

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