Poesía

Sobre la conducta en sociedad. Frases de Saadí (7)

 
27

Quien da consejos a un testarudo, él mismo necesita a alguien que le aconseje.

 

28

No te dejes engañar por las mentiras de un enemigo ni compres la lisonja de un adulador,

pues el primero lo hace como estratagema y el segundo extiende el manto de su codicia. Al

necio le gusta el elogio; es como el animal muerto, que engorda cuando lo inflas por los

tobillos y parece gordo.

 

No escuches los elogios del lisonjero,

pues de ti espera alguna ganancia,

y si un día no satisfaces sus deseos,

doscientos defectos te saca.

 

29

Hasta que alguien al orador no le saque los defectos, sus palabras no serán aceptadas.

 

No muestres orgullo por tu bella oratoria

porque sólo el necio y tú mismo la elogian.

 

30

 

 

 

El Espíritu y mi espíritu

Autor: 

Soy una forma del “Sin forma”,

sin dualidad ninguna.

Entre mi cuerpo y el “Sin forma” no hay dualidad.

El alma de mi ser es el “Sin forma”; no una chispa suya,

 Él mismo, en  su unidad absoluta.

 Mi espíritu, vacío de toda forma y de toda posible categoría,  es el “Sin forma”.

La vida de mi vida, el ser de mi ser, es mi espíritu sin forma.

No hay frontera alguna entre sin forma y “Sin forma”

El núcleo de mi ser, la fuente de donde mana,

es el vacío de mi espíritu.

 El Vacío no es “otro” de mi vacío.

 Mi espíritu es sin individualidad como el “Sin forma” es sin individualidad.

 No hay distancia alguna entre no-individualidad y No-individualidad...

El loco de amor por Dios

Había en una esquina un pobre loco y delante de él estaba un célebre rey de Egipto. Este último le dijo: "Veo en ti una especie de habilidad: es la de gozar del reposo". El loco respondió: "¿Cómo encontraría reposo si no puedo librarme de las pulgas ni de las moscas? Durante todo el día me atormentan las moscas y durante la noche las pulgas me impiden dormir. Un pequeño mosquito que entró en la oreja de Nemrod perturbó el cerebro de este insensato. Quizá yo sea el Nemrod de este tiempo pues tengo en herencia, de parte de mi amigo, las moscas, los mosquitos y las pulgas".

Cuento del alumno y el maestro

Cierto pupilo era de temple jovial y voz dulce; su maestro, vulnerable como todo ser

humano, sentía atracción por su belleza. Los castigos y escarmientos que propinaba a los

otros infantes no se los aplicaba a él, y cuando se lo encontraba a solas le decía:

 

Oh rostro celestial, siento por ti tal embeleso

que acabo por olvidarme de mí;

no puedo cerrar los ojos cuando te veo

aun cuando una flecha viera venir hacia mí.

El difunto criminal

Un indigente murió en estado de crimen y, cuando lo llevaban a enterrar, un devoto que pasaba se apartó diciendo que no había de rezar por tal hombre; pero a la noche siguiente vio en sueños a este desgraciado en el cielo, con el rostro tan brillante como el sol. En su admiración le dijo: "¿Cómo has obtenido, hijo mío, un lugar tan elevado, tú que has vivido siempre en el crimen y que estás manchado de la cabeza a los pies?" Él le respondió: "Dios me ha hecho misericordia a causa de tu falta de compasión hacia mí, a mí cuya conducta ha sido tan desordenada". Ve la sabiduría de Dios en el juego de su amor por los hombres. El rechaza o concede su misericordia. En su sabiduría, envía por ejemplo, en una noche tan negra como el cuervo, a un niño con una lámpara; después envía un rápido viento y le dice: "Levántate y ve a apagar esta lámpara." Después coge a este niño en el camino y le dice que por qué ha apagado la lámpara. Si reprende así a este niño, es a fin de no dirigirle, en el día de las cuentas, más que benévolos reproches...

Querella de dos sufíes

Dos individuos cubiertos por el hábito de la penitencia se disputaron y se injuriaron ante el tribunal. El juez los envió a un rincón diciéndoles: "No es conveniente que dos sufíes se disputen. Habéis colocado en vuestro pecho la chaqueta de la resignación, ¿por qué se os ha metido en la cabeza el querellaros? Si sois gente de combate y de venganza, tirad lejos de vosotros ese vestido. Si, por el contrario, sois dignos de este vestido, renunciad a esta loca discusión. Yo que soy juez y no hombre del sentido espiritual, experimento una verdadera vergüenza a causa del hábito que lleváis. Más vale que os contentéis con permanecer en la diferencia de opinión que disputaros llevando un hábito."

El verde campo del firmamento

Vi el verde campo del firmamento y la hoz de la luna.

Recordé mis cultivos y el tiempo de segar.

Dije: oh fortuna, re has dormido, y el sol alienta.

Dijo: a pesar de todo, de lo primordial no desesperes.

Di al cielo: no presumas de tal grandeza, que en el amor

un grano de cebada dan por la luna, y por las Pléyades, dos.

Si vas al cielo, como el Mesías, puro y despojado,

de tu lámpara llegarán al sol un centenar de rayos.

No confíes en la estrella nocturna, que este ladrón

la corona de Kavus y el cinto de Cosroes

robó.

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