Poesía

¡Ven a Shiraz!

¡Que conserve Shiraz su condición sin par!

 

¡Oh Dios, apártala de la ruina!

De aojamiento preserva al Roknabad

pues otorga su agua, tal la de Jezr, la vida.

Entre Yafaravad y Mosalla, desde el norte,

almizclada sopla aquella brisa.

Ven a Shiraz y busca del Espíritu el efluvio

en los hombres de sabiduría.

¿Quién el nombre mentó del azúcar egipcio

y, ante los bocas dulces, vergüenza no sentía?

Las riquezas ( Primera parte)

Autor: 

Érase en tiempos del Profeta David (P), un hombre elevaba a Dios la siguiente súplica:

“¡Oh, Dios! Bríndame riquezas sin llegar al matrimonio. ¿Acaso tú no eres quien me creó holgazán e inútil? Es común que no se monte de igual manera un burro débil y un corcel pleno de fuerza. ¡En verdad soy holgazán, pero no ello dejo de dormir bajo tu umbral!”

De esta forma era su plegaria día y noche por lo que era objeto de burla por sus cercanos .En su crítica le injuriaban de la siguiente manera: “La riqueza que convocas está cerca. Búscalo abajo”

La fama de aquel hombre se extendía por todo rincón .Un día en el que suplicaba, una toro furioso destrozó su puerta con los cuernos y entró en tropel a su casa. El hombre lo atrapó, le ató las patas y, sin lo degolló con rapidez. Luego lo llevó a la carnicería.

El cuento de la noche vieja

Oh el que se perdió en las maravillas verdes estelares.

La figura de la ignorancia personifica la roca virgen.

 El corazón de agua suspirando por el reflejo de un jardín

 Los sabores de manzana todos los días de la ilusión en la boca.

Oh viejo miedo. Mis dedos fueron entumecidos cuando viniste a mí.

 Esta noche mis manos no conocen el miedo:

 Esta noche arrancan las frutas de las ramas de los mitos.

Esta noche cada árbol da las hojas que mis temores.

 Discurso audaz descongela en la reunión de la quema de los ojos

Oh inicios de colores. Proteja los ojos de la magia negra:

Todavía estoy soñando con bendiciones nocturnas , desconocida.

 Todavía estoy sediento de aguas onduladas.

 Mis botones parecen antiguas palabras mágicas.

 En los prados tuvimos nuestra última fiesta carnal antes de que comenzaran las palabras.

El perro de Mahnún

Autor: 

Majnún el demente andaba en las calles con un perro. Lo agarraba entre sus brazos y lo acariciaba como lo hace un novio con su amada. Fue entonces que pasó un hombre por allí y le imprecó:

"¡Oh, Majnún! ¿Qué locura está haciendo? ¿No sabes que tocar a un perro es prohibido?”

A continuación le explicó lo perjudicial del can para la ley y la salud. Majnún muy sereno le dijo: "¡Tú eres un adorador de lo visible! ¡Si tuvieras mi visión, sabrías que este perro es el secreto del Altisímo y a la vez donde habita mi Layla!"

Ramadán

En la actualidad la ciencia y la tecnología, han alcanzado un desarrollo descomunal, que si bien muchos en el pasado hubiesen oído sobre dichos adelantos, los habrían denominado ‘ciencia ficción’.Pese a tanto avance en el campo científico, pese al materialismo que atrofia la espiritualidad, pese al neoliberalismo asesino de nuestros días, gran parte de la gente se está volcando en busca de la religión, y específicamente aquellos que -gracias a Dios- han cavilado, reflexionado, están buscando una fe que no sea ciega y los convierta también en ciegos.

El murciélago en busca del sol

Una noche, un murciélago decía: "¿Cómo es posible que yo no pueda mirar de ninguna forma al sol ni un sólo instante? Durante toda mi vida estoy en cien desesperaciones, a fin de poder estar perdido en él un solo instante. Erro con los ojos cerrados durante meses y años y al final llego hasta aquí". Un contemplativo de penetrante vista le dijo: " ¡Oh tú que estás embriagado de orgullo! aún tienes miles de años de camino para llegar al sol. ¿Cómo, tú que te has perdido, podrás recorrer este camino? ¿Llegará a la luna la hormiga que ha permanecido en el pozo?"

 

El cuarto valle o valle de la independencia (istigna)

"Viene después -continuó la abubilla- el valle donde no hay ni pretensión que tener ni sentido espiritual que descubrir. De esta disposición del alma a la independencia se eleva un viento frío cuya violencia devasta en un instante un inmenso espacio. Los siete océanos ya no son entonces más que un charco de agua; los siete planetas, sólo una chispa; los siete cielos, un cadáver; los siete infiernos, hielo roto. Entonces, sin que se pueda adivinar la razón, la hormiga, ¡cosa admirable!, tiene la fuerza de cien elefantes; entonces perecen cien caravanas en el espacio de tiempo que echa la corneja en llenarse el buche.

Páginas