Poesía

Mi dulce ángel estrellado

No has bailado tan mal, querido mío,

Intentando tomar las manos del Bello

Ser.

A pesar de que has danzado con gran

estilo,

Mi dulce ángel estrellado

No has alcanzado al corazón de Dios.

Nuestro compañero de baile es

particularmente difícil de seguir,

E incluso es a veces difícil escuchar a

Sus mejores músicos.

Así que qué importa si la música se

detuvo por un instante.

Qué importa

Si el precio a pagar para acceder a lo

Divino...

Historia del schaikh San’an (cuarta parte)

Ahora bien, había en la Caaba un amigo del schaikh que, en su ardor, se había lavado las manos de todo. Era clarividente y estaba en el buen camino y nadie conocía al schaikh mejor que él. Por azar, cuando el schaikh salió de la Caaba para su viaje, este amigo no estaba presente y, cuando este último volvió a su vivienda, no encontró al schaikh en su retiro. Preguntó a los discípulos del santo personaje por las noticias de este último y le contaron todo lo que había pasado, a saber, qué pesada rama de árbol le había herido el pecho por la actuación del destino y qué accidente le había ocurrido a causa de la suerte. La cabellera de una joven infiel -le dijeron-, lo ha atado a uno solo de sus cabellos y ha obstruido para él por cien lados el camino del islamismo. Actualmente juega al amor con bucles de cabellos y efélides; ha quemado su hábito y su posición se ha vuelto completamente anormal. Ha retirado por completo la mano de la obediencia a los preceptos de la religión y a esta hora guarda cerdos. Entregado hoy a este loco amor, el cuerpo rodeado de un zunnar, está irresuelto; pero, aunque el schaikh haya jugado su alma en la vía de la religión, no se puede reconocer su infidelidad como empedernida...

El rey indio prisionero de Mahmud

Los indios tenían un viejo rey que fue hecho prisionero por el ejército de Mahmud. Cuando lo condujeron cerca de este último, acabó por hacerse musulmán. Conoció entonces el amor de Dios y la renuncia a los dos mundos. Se sentó solo en una tienda; su corazón se elevó mientras que él se sentaba en el amor. Durante día y noche estuvo en las lágrimas y el ardor, el día más que la noche y la noche más que el día. Como sus gemidos eran profundos, Mahmud acabó por oírlos. Lo llamó cerca de él y le dijo: "Yo te daré cien reinos preferibles al que has perdido. Tú eres rey, no te desconsueles hasta ese punto; en lo sucesivo, deja de llorar y de lamentarte". -" ¡Oh padischah! -respondió el rey hindú-, yo no lloro a propósito de mi reinado ni de mi dignidad; lloro porque si mañana, en el día de la resurrección,...

Sobre la conducta en sociedad- Frases de Saadí (4)

Conversa susurrando con tus amigos

para que el enemigo no oiga tus palabras.

Junto a una pared cuidado con lo que hablas,

que quizá detrás de ella haya oídos.

 

12

Quien hace las paces con el enemigo lo que hace es injuriar al amigo.

Oh sabio, renuncia a la amistad del amigo

que se sienta con tus enemigos.

¿Qué se hizo?

No hallo en nadie apoyo alguno, ¿qué fue de los amigos?

¿Cuándo acabó la amistad?, de los amigos, ¿qué se hizo?

Se enturbió el agua de vida, ¿dónde está Jezr de pie bendito?

La rosa se ha desangrado, del viento de primavera, ¿qué se hizo?

Más de mil rosas florecieron y no se ha oído un solo trino.

¿Qué fue de los ruiseñores?, de los pájaros, ¿qué se hizo?

Venus no toca su instrumento, ¿es que el laúd en fuego ha ardido?

Nadie desea embriagarse. De aquellos ebrios, ¿qué se hizo?

De la mina de los caballeros, hace mucho ni un granate ha salido.

¿Adonde fue la irradiación del sol?, del intento del viento y de la lluvia, ¿qué se hizo?

Del derecho de amistad no habla nadie, ¿qué se hizo del amigo?

¿Qué fue de los que respetan el derecho?, ¿qué fue de los amigos?

Tierra de enamorados ésta fue, y fue ciudad de los amigos...

El schaikh que se rehúsa a beber

Un hombre de ideas elevadas y con los ojos fijos en la vía espiritual no aceptaba de beber nunca de la mano de nadie. Alguien le dijo: " ¡Oh tú que estás en relación con Dios! ¿por qué no quieres aceptar de beber?" -"Es -respondió-, porque veo de pie, delante de mí, a la muerte dispuesta a ampararse lo más rápido posible del brebaje que yo aceptara. Con semejante perspectiva,   la   bebida   que   tomara   sería   veneno   para   mí.   ¿Cómo   podría   ser   agradable   para   mí   una   bebida   en   estas circunstancias? No sólo sería una medicina para mí, sino fuego".

Lo que sólo tiene un instante de estabilidad no vale ni medio denario, aunque fuera el mismo universo. ¿Cómo tener confianza en algo que dura tan poco y que incluso es una pura nada? Si estás animado por una noble ambición, deja de complacerte en el deseo de un momento de placer y, cuando tu estado esté oscurecido por la despreocupación, no te quejes si ésta no dura más que un instante. Tu dolor y tu aflicción son gloriosos y no envilecedores. Los sufrimientos que han soportado los profetas no son nada comparado con la Karbala. Lo que exteriormente te ha parecido un dolor en realidad es un tesoro para el vidente. A cada instante te llegan cien favores; el mundo entero está lleno para ti de beneficios celestiales. Sin embargo, tú no te acuerdas de estos beneficios, no les prestas atención. ¿Dónde está el índice de tu amor? De la cabeza a los pies no eres más que una piel que envuelve a un oscuro cerebro.

Consejo de Hipócrates a sus alumnos

Cuando Hipócrates estuvo en la agonía, uno de sus discípulos le dijo: "¡Oh maestro mío! cuando te hayamos lavado y amortajado el cuerpo, ¿dónde debemos enterrarte?" -"Si me encuentras -le respondió-, entiérrame, mi querido alumno, donde quieras y ya está. Puesto que en los largos años que he vivido no me he encontrado a mí mismo, ¿cómo me encontrarás tú cuando esté muerto? He vivido de tal manera que en el momento de mi disolución no sé nada sobre mí mismo".

Cuento del joven

Un joven ágil, elegante, risueño y de habla dulce estaba unido a nuestro círculo; su

corazón nunca se veía afectado por ninguna tristeza y siempre tenía los labios prestos para

reír. Dejó de venir un tiempo y cuando volvimos a encontrarlo tenía esposa e hijos, el

júbilo erradicado y marchita la flor de la pasión. Le pregunté: «¿Qué es todo esto y por qué

estás así?». Respondió: «Cuando tuve niños deje de portar-me como un niño».

¿Es que el niño y las canas han cambiado a mi compañero?

Como penitencia, basta el cambio del tiempo.

Cuento del cadí

Se cuenta que el cadí de Hamadán sentía deseo por un mozo herrador. Su corazón ardía

como herradura en el fuego. Cierto día estaba acongojado corriendo a buscarle,

expectante, como dicen los cronistas:

 

Me vino a la vista aquel esbelto ciprés,

me robó el corazón y me caí al suelo,

estos mis ojos lascivos me llevaron a su red.

Cierra pues los ojos para no picar el anzuelo.

 

Oí que el joven fue al encuentro del cadí en una calle, ya que algunos se habían enterado

del asunto y él estaba sumamente ofuscado. Le soltó una sarta de insultos, le arrojó

piedras y no hubo falta de respeto que no le mostrase. El cadí le dijo a un ulema, reputado

como él mismo: ...

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