Poesía

El cuerpo del cielo

El cuerpo del cielo es oscuro y triste
sea la noche la última ronda
las luces fugaces ilusiones
y más perceptibles las alas del silencio

....

No tengo voz ni cantos
que conduzcan a mi voz
hacia el país de los vientos y los árboles
las sombras abrazan más que las pestañas
y no hay canciones que iluminen la oscuridad de lo profundo
pero los ecos laten en el seno de la noche
y me duermo en mi pecho

....

 

NOCTURNO

Autor: 

 

 

La noche se desliza por las estepas,

Las manos de las nubes pasan por el horizonte

Y las tinieblas duermen,

En impresionante calma,

Bajo las alas del silencio.

 

Sólo se oye el zureo de las palomas,

El murmullo gimiente de los arroyos

Y un ruido de pasos en la oscuridad

Que caminan suavemente.

 

Me siento, entregándome a la calma de la noche,

Contemplo el color de las tristes tinieblas,

Lanzo mis cantos al espacio

Y lloro por todos los corazones ingenuos.

 

Oigo los susurros de las palomas,

La lluvia que cae en la noche,

Los gemidos de una tórtola en la oscuridad

Que canta a lo lejos en las ramas

Y la queja lejana de un molino

Que gime en la noche y llora de fatiga.

Sus gritos atraviesan mis oídos

Y va a morir detrás de las colinas.

 

Escucho... sólo se oyen las plantas.

Miro... sólo se ve oscuridad.

Nubes, silencio y una noche triste.

¿Cómo no sentirme afligida?

 

La vida para mí es como esta noche:

Tinieblas, melancolía, desesperanza,

Mientras los demás sueñan con claridad

En una profunda e impresionante noche.

 

GALERÍAS

 

 

No querría, no querría

huir de mi laberinto,

del laberinto de los míos,

de mis compañeros

donde supuran los mosquitos de la corrupción

mientras mis compañeros se resignan a la muerte

día a día,

la muerte que se extiende a lo largo de la vida

como la eternidad.

No querría, no querría contar

mi laberinto,

yo que soy libre, libre

entre tres muros

y el cuarto es una galería que se extiende

como la eternidad.

 

LAS MURALLAS

 

 

Debajo de las murallas hay otras murallas

que ocultan otras murallas:

Ur y Jericó, Nínive y Nimrud.

Y sobre las ruinas,

donde se han desvanecido los suspiros de los enamorados

y el crujir de dientes de los desnudos esclavos,

hay unas colinas, habitadas por hormigas y por grillos,

que reverdecen por primavera.

A ellas acude el pastor de la aldea

para entregar su torso desnudo al rocío de la mañana.

Pisa una cabeza

ante la que se doblaban millones de rodillas

y perfumaban las manos de las bellas.

¡Ay de mí!

Oculta las penas de tu corazón cantando.

Tu hijo ha descendido al valle

para recorrer las ruinas

donde las bellas, cubiertas de polvo,

pasean por las murallas

que ocultan otras murallas

y otras murallas.

Entra en los patios de las ciudades desiertas

y sólo encuentra extensos muros

perforados por vanos ciegos.

El ruinoso suelo de mármol se extiende

bajo los ecos de las voces de los cantores.

¡Ay de mí, noche!

Los cantores se han ocultado detrás de las colinas

donde viven las hormigas y los grillos,

los reyes de mármol esperan sin esperanza

y el estiércol de los asnos cubre la historia de los imperios,

el recuerdo de las conquistas

y el derramamiento de sangre.

Oculta el deseo.

Oculta tu deseo y el de todos los descendientes bajo sus pies.

La lujuria de los años ataca sus carnes

y los lanza contra los derruidos muros.

Se reúnen los hermosos labios

en copas de loza

y gotean el jugo de las arterias y la yugular

para dibujar con ellas la pasión de la noche

sobre páginas de piedra.

LLENÉ UNA COPA CON MIS PALABRAS (De cualquier poeta a cualquier lector)

 

 

Llené una copa con mis palabras,

las destilé, las hice fermentar, las dejé envejecer

y las escancié generosamente

en las bocas de quienes las deseaban para expresarse.

Y dijeron amor y la mejor broma,

y el deseo se tornó en palabras

que salían de gargantas de oro, de gargantas de plata,

en las que tarareaban las palabras

y hacían albórbolas en las bodas de nuestras aldeas...

Llené una copa con mis palabras,

QIBYA

 

 

Balas

en la noche de luna llena

surcaron las colinas y los caminos.

Balas

chocaron contra los muros

y golpearon las puertas y las ventanas.

Iban dirigidas a los corazones y a las entrañas.

Balas

por detrás de las piedras,

a través de los desfiladeros,

por detrás de los sacos de arena.

Balas.

Se esparcen por las piedras arrayanes de sangre

y se pegan adornos de sangre en las paredes.

Balas

y gelignita

arrojan los cuerpos a las hienas.

Sembramos el trigo pero no lo recogimos,

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