Poesía

La florista

¡Oh vendedora de llores! Linda chica que proclamas

todo el tiempo, como los ruiseñores primaverales.

Te ves suave y ligera en esa ropa floreada y de oro,

te deslizas como una mariposa de entre flores.

Realmente eres su compañera, ¡oh la del pelo violeta!

Tu semblante tímido, tiene la serenidad de la flor.

La flor es infiel, no la adores tanto como yo

El cuento de la noche vieja (fragmento)

Oh que se perdió en las maravillas verdes estelares, la figura de la ignorancia personifica la roca virgen. El corazón de agua suspirando por el reflejo de un jardín. Los sabores de manzana todos los días como una ilusión en la boca.

Oh viejo miedo, mis dedos se entumecieron cuando viniste a mí. En esta noche mis manos no conocen el miedo: Esta noche arrancan las frutas de las ramas de los mitos. Esta noche cada árbol da las hojas de mis temores. Un discurso audaz descongela en la reunión de la quema de los ojos.

Oh inicios de colores, protejan mis ojos de la magia negra: todavía estoy soñando con bendiciones nocturnas desconocida. Todavía estoy sediento de aguas onduladas. Mis botones parecen antiguas palabras mágicas. En los prados tuvimos nuestra última fiesta carnal antes de que comenzaran las palabras.

En esta fiesta, la música de las estrellas cayó en mis oídos desde el interior de los talleres de cerámica. Y mis ojos reflejaban los enjambres de magos migratorios.

Oh antiguo espejo de Narciso en el dolor, ¿el éxtasis me llevó hacia el reino de crecimiento? - Tal vez

Bebamos agua de la sabiduría cuando tengamos la sed de expresión.

La última tarde en esta tierra

La última tarde en esta tierra cortamos nuestros días

de nuestros arbustos y contamos los corazones que nos llevaremos

y los que dejaremos, allí. La última tarde

no nos despedimos de nada, y no encontramos tiempo para nuestro fin.

Todo permanece en su estado, el lugar renueva nuestros sueños

y a sus visitantes. De pronto no somos capaces de ironizar...

Las lágrimas petrificadas

Un hombre que recogía piedras en una montaña de China derramó abundantes lágrimas de sus ojos y a medida que sus lágrimas caían a tierra se transformaban en guijarros. Si guijarros de este tipo estuvieran en posesión de las nubes, lo que llovería hasta la resurrección no sería más que un objeto de suspiros.

La ciencia es lo propio del hombre puro y verídico. Si hay que ir a China para encontrarla, ve a buscarla allí; pues la ciencia, por el mal querer de los despreocupados, se ha vuelto tan dura de manejar como la piedra. ¿Hasta cuándo será desconocida? El mundo, palacio de dolores, es todo oscuridad; pero la ciencia brilla en él como una lámpara que se dad; pero la ciencia brilla en él como una lámpara que muestra el camino. En efecto, lo que guía tu alma en este oscuro lugar, es la joya de la ciencia, de esta ciencia que dilata el corazón.

El tercer valle o valle del conocimiento (ma’rifat)

"Después del valle del que acabo de hablar -continuó la abubilla-, se presenta otro ante tu vista. Es el del conocimiento (marifat), que no tiene ni principio ni fin. No hay nadie que pueda tener una opinión diferente sobre la longitud del camino que hay que hacer a través de este valle. Realmente no hay ningún camino semejante a éste; pero uno es el viajero temporal, otro es viajero espiritual. El alma y el cuerpo, por la perfección o por el debilitamiento, están siempre en progreso o en decadencia...

 

Anécdota sobre José y Zalika

En la época en que Zalika estaba en posesión de su rango y de su dignidad, hizo un día meter a José en la, prisión y dijo a uno de sus esclavos: "Mételo allí ahora mismo y dale cincuenta bastonazos. Despliega tal fuerza sobre el cuerpo de José que yo oiga sus quejas de lejos". Este esclavo no se apresuró a ejecutar su misión, pues vio el rostro de José y su corazón no le permitió actuar. Este excelente hombre había visto una piel de animal y fue en esta piel donde golpeó con energía. 

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