Poesía

Consejos del moribundo Tai

En el momento en que la muerte amenazaba a Tai, alguien le preguntó: " ¡Oh tú que estás en la esencia del secreto!

¿Cómo te encuentras en este penoso momento?" El respondió: "No puedo decir nada de mi estado; he medido el viento durante todo el tiempo de mi vida, al final voy a tierra y buenas noches". No hay otro remedio a la muerte que el ver la cara de la muerte; su rostro desaparece en medio de los gemidos. Todos liemos nacido para morir; no nos quedará vida; tenemos que someternos. El que ha mantenido al mundo bajo el sello de su anillo (Salomón) actualmente está como un mineral bajo tierra.

El guerrero que toca con su pica la superficie del cielo, no tardará en estar cubierto por el polvo de la tumba. Todos los muertos duermen bajo tierra; pero, aunque dormidos, están confusos. Ve cuán difícil es el camino de la muerte: pues en este camino, la primera estación es la tumba. Si tuvieras el conocimiento de la amargura de la muerte, tu dulce alma estaría completamente en desorden. 

Cuento de los ladrones

Una banda de ladrones árabes se encontraba apostada en la cima de una montaña; tenían

cerrado el paso de las caravanas, los habitantes de la región se hallaban intimidados por

sus emboscadas y el ejército del sultán estaba doblegado, pues se habían refugiado y

atrincherado en un lugar inaccesible de la cima. Los consejeros de aquellos reinos delibera-

ron para alejar de sí aquella calamidad, pues si continuaban resistiendo les sería imposible

enfrentarse a ellos.

 

Un árbol que raíces acaba de echar,

con la fuerza de un hombre puede ser movido.

Mas si largo tiempo está en el mismo lugar,

no lo arrancarás ni tras haberlo retorcido.

Se impide con una pala que un arroyo avance,

pero cuando se llena, no lo pasa un elefante...

Cuento del rey y el príncipe

Oí que un príncipe era bajo de estatura y de aspecto ruin, y sus hermanos altos y de

hermosa apariencia. En cierta ocasión su padre le echó una mirada de desprecio con la

que le daba a entender su desestima. El hijo, mostrando perspicacia e ingenio, dijo: «¡Oh

padre!, un bajo instruido es mejor que un alto inculto, y no todo aquel cuya estatura es

mayor tiene más alto valor. El cordero se come y el elefante no es jamás que un despojo».

 

Tur, de las montañas del mundo es la menor,

pero en dignidad, para Dios es la mayor.

¿Oíste lo que le dijo un sabio delgado

en cierta ocasión a un gordo iletrado?

«Es mejor un caballo árabe enfermizo

que tener lleno de burros el cobertizo.»...

Canción del amor

En el extremo de la Vía láctea

pasa llorando una estrella por el cementerio de los perdidos.

Y los niños hambrientos en los jardines de Belén

me llaman a mí y al Cristo

al susurro del florecimiento de los olivos

Yo, siendo un musulmán y rara posteridad de la luna

no me refrenaré de romper esta noche

llamad a los sin hogares del mundo

Yo vendré sobre las alas de los ángeles desnudos de la lírica del

ataúd

En el extremo de la Vía láctea

pasa llorando una estrella por el cementerio de los perdidos.

Y los niños hambrientos en los jardines de Belén

me llaman a mí y al Cristo

al susurro del florecimiento de los olivos

Yo, siendo un musulmán y rara posteridad de la luna

no me refrenaré de romper esta noche

llamad a los sin hogares del mundo

Yo vendré sobre las alas de los ángeles desnudos de la lírica del

ataúd

Sobre la alta paciencia de mi frente

hay una estrella, murmullando sobre un cementerio del mar

y una distancia perdida

cuyos recuerdos de su sonrisa

Cantaban los secretos de mil pechos sellados.

Anécdota sobre Hallaj

En el momento en que iban a empalar a Hallaj, él sólo pronunciaba estas palabras: "Yo soy Dios". Como no apreciaron estas palabras, le cortaron las manos y los pies. Palidecía a medida que la sangre salía en abundancia de su cuerpo. ¿Cómo, en efecto, en esta situación, podría alguien permanecer coloreado? Entonces este hombre, cuya conducta era tan bella como el "sol", se apresuró a frotar sus manos cortadas contra su rostro, comparable a la "luna", diciéndose para sí: "Como es la sangre la que colorea la tez del hombre, quiero servirme hoy de ella para volver mi rostro bermejo. No quiero parecer pálido a los ojos de nadie; sino que quiero estar rojo, por temor a que el que me viera pálido en este momento pudiera pensar que he experimentado temor. Ahora bien, como yo no experimento el menor temor, debo tener el rostro bermejo. Cuando el sanguinario hombre que ha ejecutado la sentencia pronunciada contra mí se vuelva hacia el patíbulo, verá que hay allí un hombre valiente. Puesto que no considero más al mundo que al bucle del `mim'   ¿por qué me inspiraría temor (`bim') este lugar? El que come y duerme en el mes de julio con dragones de siete cabezas se encontrará bastante mal con semejante juego, pero para él el patíbulo será muy poca cosa".

Anécdota sobre Yunaid

El imán de la religión, Yunaíd, ese profundo océano de sabiduría, mantenía una noche en Bagdad discursos tan excelentes, que los mismos cielos los escuchaban con diligencia.

Ahora bien, Yunaíd, este director espiritual, tenía como hijo a un joven hermoso como el sol. Ocurrió que le cortaron la cabeza, ¡deplorable cosa! y que le arrojaron con desprecio en medio de la reunión que presidía Yunaíd. Cuando el virtuoso personaje vio esta cabeza, no se quejó y, por el contrario, calmó la agitación de la asamblea. Después dijo: "Había puesto en el fuego esta noche el gran caldero de mi alma: él necesita del favor divino para que los secretos antiguos se manifiesten en él; pero no lo será ni más ni menos por lo que acaba de ocurrir".

Las tablas del pecho de Hafez

La dulzura de unos ojos negros ha poseído mi mente.

Es un decreto celeste que ya nada cambiará.

Fue mi prístino designio esa rebelde locura, y no se me encomendó otro cometido.

Adondequiera que se dirija e! destino, ni aumenta ni disminuye.

¡Oh centinela!, por él. Suspiro de la flauta y del tambor, concédenos el perdón:

que las normas de ia íe no quebrantará esta historia.

El vino granate y e! refugio y el amigo de la amable escanciadora,

oh corazón, ¿mejorarán su estado un día, si no ahora?

El adversario no dio pie a la reconciliación y fue enojoso.

El suspiro de los que madrugan, ¿hacia el orbe no se orienta?

Amarle, amarle ocultamente: mi opción es esta...

El mendigo de la urbe

Brilló una estrella y en la luna de este círculo se mudó,

y fue afabilidad y compañía para nuestro desbocado corazón.

Mi amada, que no escribió línea

alguna ni fue al colegio,

por la agudeza de sus ojos se convirtió en maestra de maestros.

Por su olor, el transido corazón de los amantes, tal viento matutino,

se tornó ofrenda a los ojos del narciso y al rostro del junquillo.

Ahora en el puesto más alto me hace sentar el amigo:

el mendigo de ia urbe se convierte en cabeza de este círculo.

Desde hoy habitable será del rapto amoroso la morada,

pues su arquitecto es el arco de las cejas de mi amada.

Límpiame, por Dios, las gotas de vino de los labios,

puesto que a mi mente incitan a cometer mil pecados.

Tu gracia sirvió a ios mísdcos semejante vino

que tornó necia a la ciencia e insensible al juicio.

Cuento del sabio enamorado

Conocí a un sabio que se había enamorado de una persona y cuyo secreto había

traspasado la cortina de la intimidad. Padecía una gran desdicha. En cierta ocasión le dije

para confortarle: «Sé que el amor hacia esa persona tiene una razón y que no está

fundamentado sobre una futilidad; aun así, no es digno de un sabio señalarse a sí mismo

como acusado y exponerse al escarnio de los groseros». Respondió: «Oh amigo, deja de

llenar mis horas de reprimendas; muchas son las ocasiones en que he reflexionado sobre lo

que acabas de decir pero mostrarme paciente frente al escarnio me parece más sencillo que

no verle, pues los sabios han dicho: es más fácil ser perseverante que retirar la vista del

amante»...

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