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Poesía

El cuento de la noche vieja

Oh el que se perdió en las maravillas verdes estelares.

La figura de la ignorancia personifica la roca virgen.

 El corazón de agua suspirando por el reflejo de un jardín

 Los sabores de manzana todos los días de la ilusión en la boca.

Oh viejo miedo. Mis dedos fueron entumecidos cuando viniste a mí.

 Esta noche mis manos no conocen el miedo:

 Esta noche arrancan las frutas de las ramas de los mitos.

Esta noche cada árbol da las hojas que mis temores.

 Discurso audaz descongela en la reunión de la quema de los ojos

Oh inicios de colores. Proteja los ojos de la magia negra:

Todavía estoy soñando con bendiciones nocturnas , desconocida.

 Todavía estoy sediento de aguas onduladas.

 Mis botones parecen antiguas palabras mágicas.

 En los prados tuvimos nuestra última fiesta carnal antes de que comenzaran las palabras.

La discusión inútil

Un seminarista eminente se puso a debatir con un incrédulo. En resolución, aquél no pudo argumentarle, se rindió y se marchó. Alguien le dijo: «Tú, con toda tu erudición y saber no has podido con un incrédulo». Respondió: «Mi ciencia es el Corán, los hadices y las máximas de los santos, y él no cree ni ha creído en éstas. ¿De qué me sirve a mí oír sus blasfemias?».

A quien no puedas argüir con Corán y hadices,

su respuesta es que no respondas a lo que dice.

Opinión de un shaikh a sus discípulos

El enamorado de Tus, este océano de los secretos espirituales, decía un día a uno de sus discípulos: "Fúndete sin cesar a causa del amor, hasta que seas tan delgado como un cabello. Cuando estés tan delgado como un cabello, te convendrá estar colocado en medio de los cabellos de tu amiga. En efecto, cualquiera que sea delgado como un cabello a su vista se volverá, sin duda, un cabello en su cabellera. Si tienes los ojos vueltos hacia la vía espiritual y eres clarividente, contempla también esta vía en detalle".

El que ha dejado el mundo para seguir esta vía encuentra la muerte y después de la muerte, la inmortalidad.

Tras el espejo

Muchas veces he dicho y de nuevo digo que yo,

de amor vencido, en esta senda no avanzo por mí mismo.

Tras el espejo, me han retenido en calidad de loro.

Lo que ha dicho que diga elprimer maestro digo.

Sea yo flor o bien sea una espina, hay un experto en verdor,

y broto por la mano que me cultiva.

No me riñáis, amigos, que estoy sin corazón, atónito.

Tengo una perla y busco un perito de clara vista.

Es falta unir el hábito de mil colores y el vino rojo,

pero no os enojéis, lavo con su color el de la hipocresía.

Otra es la causa de la risa y el llanto de los enamorados.

La poesía me ocupa por la noche, y el llanto, al despuntar el día.

Dijo Hafez: de la taberna no huelas ni la tierra del umbral.

Dile: no hagas reproches, que yo huelo a almizcle de Jotán.

 

La anciana madre y la joven hija difunta

Una madre lloraba sobre la tumba de su hija. Uno que pasaba y la vio se dijo: "Esta mujer es verdaderamente superior a los hombres, pues ella sabe lo que nosotros no sabemos, es decir, lejos de quien se está alejado y perdido y como se vuelve uno así impaciente. ¡Feliz la persona que conoce el estado de las cosas y que sabe sobre quién debe llorar! En cuanto a mí, pobre afligido, mi situación es muy penosa.

¡Rompamos el techo del cielo!

Ven, y esparzamos las flores y echemos vino en la copa,

propongamos un mapa nuevo, rompamos el techo del cielo.

Si la tristeza pone en marcha sus tropas para verter la sangre de los amantes,

mi escanciadora y yo nos uniremos para desfondar sus bases.

En cáliz de vino púrpura, esencia de flor derramaremos.

En pos de la brisa de circular perfume, azúcar verteremos en el vaso de incienso.

Si anhelas el jardín del Edén, ven con nosotros a la bodega:

situado junto al tonel, te lanzaremos, sin más, al río del paraíso.

Unos se exceden hablando del intelecto, otros inventan delirios.

¡Ven, y llevemos ante el juez estas ideas!

Ahora que el laúd perfecto está en tus manos, juglar, canta una canción hermosa,

para que, taconeando y dando palmas, nuestra cabeza despeñemos.

Oh viento de Saba, lleva la tierra denuestro ser ante aquella excelencia,

para que así contemplemos el umbral del rey de los perfectos.

En Shiraz no cultivan el arte decantar ni la elocuencia,

ven, Hafez, y que nos arrojen a otra tierra.

Yo he crecido

Yo he crecido, yo he crecido, crecido de repente

de la raíz del amor y del frenesí sobre la tierra y la sangre,

¡ay

¿Qué es este crecimiento y la foliación, sino algo menos que inútil?

¿Qué es con este granizo.este temor a la muerte, esta vida

corta?

Muchos brotes sin florecr cayeron del arbusto.

¡Estoy avergonzada de estos florecimientos inoportunos!

Cada hoja mía, sentada junto a la flor,

narra cuentos sobre la daga contra el corazón.

Pensé prender la lámpara del arrepentimiento del amor

quizás la razón venga a guiar el desvío de este alma.

¡Ay! ¡ Ay! la tempestad lo extingue

¡oh Dios, oh Dios, el demonio me engaña

Es mi alma y el amor cruel

Magia inefectiva

Llena la copa

porque este agua de fuego

¡hace mucho que no cura mi angustia!

Estas copas, vaciadas una tras otra,

son un mar del fuego que yo vierto en mi boca.

El remolino roba y las olas no me llevan

Yo, con el corcel obstinado y mágico del vino,

he llegado al universo infinito de la imaginación,

hasta la llanura estrellada de las reflexiones calientes,

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