Rumí

De cómo el infiel le preguntó a Alí, que Dios honre su persona diciendo: «Puesto que habías vencido a un hombre como yo, ¿por qué has soltado la espada?»

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Dijo: «Empuño la espada por amor de Dios, soy Su siervo, no estoy bajo el mando del cuerpo. Soy el León de Dios, no el león de la pasión: mis actos dan fe de mi religión. En la guerra soy “no tirabas tú cuando tiraste”: yo soy como la espada y es el Sol quien la empuña. Me he deshecho del equipaje del yo, considero todo lo que no es Dios como no-existencia. Soy una sombra, el Sol es mi señor; soy el chambelán, no soy la cortina (que impide el paso) hacia Él. Estoy repleto de las perlas de unión, como una espada (enjoyada): en la batalla, hago vivos, no muertos. La sangre no empaña el lustre de mi espada: ¿cómo va el viento a llevarse mis nubes? No soy una brizna de paja, soy una montaña de autodominio, paciencia y justicia: ¿cómo va el fiero viento a llevarse la montaña?».

                Lo que el viento arranca es basura, pues hay muchos vendavales contrarios. El viento de la cólera, el de la lujuria y el de la codicia barrieron a los que no realizaban las plegarias (rituales).

                «Soy una montaña y mi ser es Su edificio; y si me convierto en brizna de paja, mi viento es el Suyo. Mi anhelo no se agita salvo por Su viento; mi capitán no es nadie salvo el amor del Uno. La cólera reina sobre los reyes, pero es mi esclava: hasta a la ira le he puesto riendas. La espada de mi autodominio ha golpeado el cuello de mi furia; la cólera de Dios me sobreviene como una misericordia. Estoy sumido en la luz, aunque mi techo está roto; me he convertido en jardín, aunque me llamen Bu Turab (el padre del polvo). Puesto que ha intervenido un pensamiento de algo que no era Dios, debo envainar la espada, para que mi nombre sea ama por causa de Dios y para que mi deseo pueda ser odia por causa de Dios, para que mi generosidad sea da por causa de Dios y mi ser se retiene por causa de Dios».

                «Mi tacañería es por Dios y mi generosidad solo por Dios: pertenezco enteramente a Dios, no pertenezco a nadie más; y lo que hago por Dios no es en conformidad, ni por fantasía u opinión, no es más que intuición. He sido liberado del esfuerzo y la búsqueda, he atado mi manga a la falda de Dios. Si vuelo, contemplo el lugar sobre el que planeo; si me muevo en círculos, observo el eje sobre el que giro; y si arrastro una carga, sé adonde: soy la Luna y el Sol está ante mí como guía».

                No hay manera de comunicar más que esto a la gente: en el río no cabe el mar. Hablo bajo de acuerdo con la medida de su comprensión: no es un defecto, es la costumbre del Profeta.

                «Estoy emancipado de interés propio: escucha el testimonio de un hombre libre, pues el de los esclavos no vale dos granos de cebada». De acuerdo con la ley religiosa, el testimonio de un esclavo carece de valor en el litigio y el juicio. Aunque mil esclavos testificaran a tu favor, la ley no da más valor a sus declaraciones que a una brizna de paja. A los ojos de Dios el esclavo de la codicia es peor que los esclavos de la servidumbre, pues estos se convierten en libres con una palabra del amo, pero los primeros viven dulcemente y mueren amargados.

 

De cómo un enemigo escupió en la cara del príncipe de los creyentes, Alí...

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Aprende de Alí a actuar sinceramente: sabe que el León de Dios estaba limpio de todo engaño. Cuando luchaba contra los infieles, venció a cierto caballero, alzó la espada y se apresuró (a matarle). Este escupió en la cara de Alí, orgullo de todos los profetas y santos; escupió en un rostro ante el que se inclina la faz de la Luna.

 

De cómo el escriba de la revelación coránica incurrió en apostasía...

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Antes de Othman hubo un escriba que solía ser diligente al transcribir la revelación. Cuando el Profeta se la dictaba, él la escribía en la hoja. Los rayos de la revelación brillaban sobre él, que encontraba sabiduría en su interior. El Profeta dictaba la sustancia de la sabiduría: por esta pequeña porción ese necio entrometido se descarrió, pensando: «Tengo en mi conciencia la verdad de lo que está diciendo el iluminado Profeta».

De cómo Adán, la paz sea con él, se asombró ante la perdición de Iblis y mostró vanidad

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Un día Adán miró con desprecio a Iblis el condenado. Se comportó con arrogancia y soberbia: se rio de la situación del maldito Iblis. Los celos de Dios clamaron: «Oh elegido, eres ignorante de los misterios ocultos. Si Él le diera la vuelta a Su abrigo, arrancaría de cuajo hasta la más firme montaña; en ese instante haría que cien adanes se avergonzaran y sacaría cien diablos recién convertidos al Islam».

El primero que aplicó el razonamiento analógico al texto revelado fue Iblis

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La primera persona que hizo estas miserables analogías en presencia de las luces de Dios fue Iblis. Dijo: «Sin duda el fuego es superior a la tierra: yo soy de fuego y Adán es de sucia tierra. Comparemos, pues, el secundario con el principal: él es de oscuridad y yo de luz radiante».

Dios dijo: «No, al contrario, no habrá relación; el ascetismo y la piedad serán la dirección de la preeminencia». No se trata de la herencia del mundo pasajero, que puedes obtener por lazos de parentesco, es una herencia espiritual. Es el legado de los profetas: sus herederos son los espíritus de los devotos. El hijo de Bu Jahl se convirtió en un verdadero creyente a la vista de todos; el hijo de Noé se descarrió...

De cómo el lobo y el zorro fueron a cazar acompañando al león

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Un león, un lobo y un zorro fueron juntos a cazar en las montañas para conseguir muchas presas para los tres. Aunque el fiero león se avergonzaba de los otros, les honró y acompañó por el camino. Para semejante rey, la escolta de soldados es una molestia, pero fue con ellos: un grupo unido es un regalo (de Dios). Las estrellas deshonran a una Luna así: está entre ellas por generosidad.

            Al Profeta le llegó la orden Consúltales, aunque ningún consejo puede compararse con el suyo. En la balanza, la cebada acompaña al oro, pero no porque sean la misma sustancia. El espíritu se ha convertido ahora en el compañero de viaje del cuerpo: por un tiempo, el perro es el guardián de la puerta de palacio

De cómo el Profeta, la paz sea con él, le ordenó a Alí, que Dios otorgue honor a su persona, diciendo: «Cuando todos buscan acercarse a Dios mediante un acto devoto, tú busca el favor de Dios asociándote con Su siervo sabio y elegido, para que puedas ser

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El Profeta le dijo a Alí: «Oh Alí, tú eres el león de Dios, un guerrero valiente, pero no confíes en tu corazón de león; ven a la sombra de la palmera de la esperanza. Ven bajo la sombra del Sabio a quien nadie puede apartar del camino. Su sombra sobre la Tierra es como la montaña Qaf, su espíritu como el Simurgh que vuela muy alto. Aunque enumerara sus cualidades hasta el día de la resurrección, no tendrían fin. El Sol se ha velado en el hombre: entiéndelo y Dios sabe mejor lo que es correcto. Oh Alí, por encima de todos los actos devotos en el camino, elige la sombra del siervo de Dios. Todos se refugiaron en un acto de devoción y descubrieron algún medio de librarse. Refúgiate en la sombra del sabio para que puedas escapar del enemigo que te acecha en secreto. De todas las acciones devotas, esta es la mejor para ti: precederás a los demás».

De cómo los esclavos, compañeros de Luqman le acusaron de haber comido la fruta que era para su amo

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Luqman era despreciable a los ojos de su amo por su apariencia física. El amo solía enviar a los esclavos al jardín para que le trajeran fruta. Luqman era considerado por los demás como un parásito pues estaba lleno de ideas y su piel era oscura como la noche.

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