Poesía

Anécdota sobre Nizam Ul Mulk

Cuando Nizam ul-Mulk estaba en la agonía, dijo: " ¡Oh Dios mío! me voy entre las manos del viento".

     ¡Oh creador y Señor mío! te ruego por los méritos de aquel que yo sé, haber dicho tus palabras, de aquel cuya ley he

aceptado, que he mantenido y amado. Me he dedicado a comprar tu favor y nunca te he vendido por nadie; he buscado con

diligencia

El joyero

Si un hombre ingenuo y desesperado

Trajese al único joyero del pueblo,

Una piedra preciosa Deseando venderla,

Los ojos del joyero Comenzarían a juguetear,

Como lo hace la mayoría de los ojos en el mundo cuando te miran. 

El rostro del joyero se mostraría sereno.

Él no querrá revelar el verdadero valor de la joya,

Sino que intentará mantener al hombre cautivo en su miedo y avaricia

Mientras calcula

El precio de la operación.

Pero un solo momento conmigo, querido mío,

Te mostrará Que no existe nada,

Nada Que Hafiz quiera de ti.

Cuando estás sentado frente a un maestro como yo, Incluso si eres un desastre,

Mis ojos cantan con Emoción-

Ellos pueden ver tu Valor Divino.

A la luz de la luna

La luna está radiante, luciérnaga brilla, el sueño pocas veces se interrumpe, sin embargo, la aflicción por este suerte descuidada interrumpe el sueño en mis ojos cansados.

El amanecer se yergue apesadumbrado conmigo, la mañana me urge a anunciar su arribo.

Oh, qué pena, una espina interior me detiene en mi ruta.

Brota una delicada rosa, que planté con mis manos y regué con mi vida, sus espinas se rompen dentro de mí.

Busco torpemente alrededor para abrir una puerta esperando inútilmente encontrar a alguien, un conglomerado de paredes y puertas se derrumba sobre mi cabeza.

La luna está radiante, la luciérnaga brilla, las llagas marcan un camino distante.

De pie ante la aldea un hombre singular, una mochila sobre su espalda, la mano sobre la aldaba, murmura: "La preocupación por esta suerte hace perder el sueño a mis ojos cansados".

El Sultán Mahmud y el ídolo de somnat

El ejército de Mahmud encontró en Somnat el ídolo llamado "Lat". Los hindúes se apresuraron a ofrecerle, para salvarlo, diez veces su peso en oro; pero Mahmud rechazó firme mente el venderlo e hizo encender un gran fuego para quemarlo. Uno de sus oficiales se permitió decirle: "No conviene destruir este ídolo, más vale aceptar lo que proponen y coger el oro que ofrecen". -"Yo temo -respondió Mahmud-, que el día de las cuentas supremas el Creador diga, ante el universo reunido: Escuchad lo que han hecho Azar y Mahmud: el primero ha esculpido ídolos y el segundo los ha vendido'."

Cuentan que cuando Mahmud hizo prender fuego al ídolo de los adoradores de fuego, salieron del interior de la estatua cien manns de piedras preciosas y Mahmud obtuvo así gratuitamente lo que era deseado. Mahmud dijo entonces: "Lat merecía este trato y Dios me ha recompensado mi acción"...

Hablar del dolor

Regresa, porque mi rostro es amarillo como las hojas del otoño

Con tus recuerdos, el compañero de mi corazón es un aliento frío

Si yo he vuelto a tí, es debido a mi necesidad

Si te produzco un dolor de cabeza, es debido a mi dolor

Entre los peregrinos del amor en esta llanura solo las lágrimas rojas son los verdaderos caminantes.

¿A quién se puede hablar del terreno de mi pensamiento, de tales gritos desconcertados, de furia y batallas sangrientas? 

Mi simpatizante y mi fiel compañero es solo el dolor

Pero salvo el dolor, ¿quién supo qué tipo de hombre fue este?...

Nieve

El amarillo no se ha vuelto rojo sin razón, el rojo no ha arrojado su color sobre la pared sin razón

La mañana ha venido desde la ladera de las montañas Azaku, sin embargo, el monte Vazna no está claro.

El poder de la nieve débilmente encendida trabaja todo su caos sobre cada ventanal en que se posa.

El Vazna no está claro por esto, tengo un corazón pesado, el día de la casa de huéspedes que mata a sus huéspedes es oscuro, todas las almas mezcladas juntas inútilmente: unas gentes somnolientas, unas gentes rudas, gentes simples.

La clave del tiempo

Si aquel turco de Shiraz  mi corazón deleitara,  por su lunar hindú le daría Bujara y Samarcanda.  

Sírveme vino, escanciadora, que en el paraíso no hallarás  las riberas del Roknabad ni el jardín de Mosalá.    

Estos gitanos alegres, dulces agitadores de la ciudad,  como los turcos los banquetes, saquearon mi corazón de paz.  

Para nuestro pulcro amado no es un amor tan imperfecto: agua, color, lunar, retoques, ¿para qué los quiere el rostro bello?  

Yo, por la hermosura creciente de José, sabía  que amor del velo de inocencia a Zulaika privaría.  

Insúltame y maldíceme a placer, que por ti rezo.  ¿Merece respuesta amarga el labio granate y bello?...

Hay una tierra

Vuelve al jardín la fortuna de tiempos de juventud,  el ruiseñor de dulce voz recibe de la rosa la buena nueva.  

Oh céfiro, por mí saluda a las plantas de olor, al ciprés  y la rosa, si llegas a las púberes hierbas de la pradera.  

Si entonces aparece el joven mago, vendedor de vino,  trocaré mis pestañas en escoba del umbral de la taberna.  

¡Oh, tú, que de ámbar puro en tu cara de luna pintas un mazo, no siembres de inquietud mi desorientación y pena!  

Temo que aquellos que se ríen de los que beben posos  pierdan la fe en la labor de las tabernas.  

Sé compañero de los hombres de Dios, que en el arca de Noé hay una tierra que un diluvio ni una gota de agua considera...

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