Cuento de los ladrones

Una banda de ladrones árabes se encontraba apostada en la cima de una montaña; tenían

cerrado el paso de las caravanas, los habitantes de la región se hallaban intimidados por

sus emboscadas y el ejército del sultán estaba doblegado, pues se habían refugiado y

atrincherado en un lugar inaccesible de la cima. Los consejeros de aquellos reinos delibera-

ron para alejar de sí aquella calamidad, pues si continuaban resistiendo les sería imposible

enfrentarse a ellos.

 

Un árbol que raíces acaba de echar,

con la fuerza de un hombre puede ser movido.

Mas si largo tiempo está en el mismo lugar,

no lo arrancarás ni tras haberlo retorcido.

Se impide con una pala que un arroyo avance,

pero cuando se llena, no lo pasa un elefante...

Cuento del rey y el príncipe

Oí que un príncipe era bajo de estatura y de aspecto ruin, y sus hermanos altos y de

hermosa apariencia. En cierta ocasión su padre le echó una mirada de desprecio con la

que le daba a entender su desestima. El hijo, mostrando perspicacia e ingenio, dijo: «¡Oh

padre!, un bajo instruido es mejor que un alto inculto, y no todo aquel cuya estatura es

mayor tiene más alto valor. El cordero se come y el elefante no es jamás que un despojo».

 

Tur, de las montañas del mundo es la menor,

pero en dignidad, para Dios es la mayor.

¿Oíste lo que le dijo un sabio delgado

en cierta ocasión a un gordo iletrado?

«Es mejor un caballo árabe enfermizo

que tener lleno de burros el cobertizo.»...

Canción del amor

En el extremo de la Vía láctea

pasa llorando una estrella por el cementerio de los perdidos.

Y los niños hambrientos en los jardines de Belén

me llaman a mí y al Cristo

al susurro del florecimiento de los olivos

Yo, siendo un musulmán y rara posteridad de la luna

no me refrenaré de romper esta noche

llamad a los sin hogares del mundo

Yo vendré sobre las alas de los ángeles desnudos de la lírica del

ataúd

En el extremo de la Vía láctea

pasa llorando una estrella por el cementerio de los perdidos.

Y los niños hambrientos en los jardines de Belén

me llaman a mí y al Cristo

al susurro del florecimiento de los olivos

Yo, siendo un musulmán y rara posteridad de la luna

no me refrenaré de romper esta noche

llamad a los sin hogares del mundo

Yo vendré sobre las alas de los ángeles desnudos de la lírica del

ataúd

Sobre la alta paciencia de mi frente

hay una estrella, murmullando sobre un cementerio del mar

y una distancia perdida

cuyos recuerdos de su sonrisa

Cantaban los secretos de mil pechos sellados.

Anécdota sobre Hallaj

En el momento en que iban a empalar a Hallaj, él sólo pronunciaba estas palabras: "Yo soy Dios". Como no apreciaron estas palabras, le cortaron las manos y los pies. Palidecía a medida que la sangre salía en abundancia de su cuerpo. ¿Cómo, en efecto, en esta situación, podría alguien permanecer coloreado? Entonces este hombre, cuya conducta era tan bella como el "sol", se apresuró a frotar sus manos cortadas contra su rostro, comparable a la "luna", diciéndose para sí: "Como es la sangre la que colorea la tez del hombre, quiero servirme hoy de ella para volver mi rostro bermejo. No quiero parecer pálido a los ojos de nadie; sino que quiero estar rojo, por temor a que el que me viera pálido en este momento pudiera pensar que he experimentado temor. Ahora bien, como yo no experimento el menor temor, debo tener el rostro bermejo. Cuando el sanguinario hombre que ha ejecutado la sentencia pronunciada contra mí se vuelva hacia el patíbulo, verá que hay allí un hombre valiente. Puesto que no considero más al mundo que al bucle del `mim'   ¿por qué me inspiraría temor (`bim') este lugar? El que come y duerme en el mes de julio con dragones de siete cabezas se encontrará bastante mal con semejante juego, pero para él el patíbulo será muy poca cosa".

Anécdota sobre Yunaid

El imán de la religión, Yunaíd, ese profundo océano de sabiduría, mantenía una noche en Bagdad discursos tan excelentes, que los mismos cielos los escuchaban con diligencia.

Ahora bien, Yunaíd, este director espiritual, tenía como hijo a un joven hermoso como el sol. Ocurrió que le cortaron la cabeza, ¡deplorable cosa! y que le arrojaron con desprecio en medio de la reunión que presidía Yunaíd. Cuando el virtuoso personaje vio esta cabeza, no se quejó y, por el contrario, calmó la agitación de la asamblea. Después dijo: "Había puesto en el fuego esta noche el gran caldero de mi alma: él necesita del favor divino para que los secretos antiguos se manifiesten en él; pero no lo será ni más ni menos por lo que acaba de ocurrir".

Las tres truchas

Autor: 

Dicen que los hombres son de tres tipos: previsores, deliberantes y perezosos. El previsor es el mejor y el de mejor ingenio, pues ve venir las cosas antes de que éstas sucedan, y de ellas obtiene lo que procede para su bien, destruyendo el mal antes de que le alcance y atajando el miedo antes de que le sobrevenga. El deliberante es aquél a quien, de acaecerle alguna tribulación, no desmaya ni se apoca. El perezoso es aquél que, tardo en cumplir con sus deberes, anda siempre en falsas seguridades hasta que llega la tribulación y en ella perece...

Historia prodigiosa de la ciudad de Bronce

Autor: 

Un día en que el califa, oyendo hablar de ciertos vasos de cobre antiguo, cuyo contenido era una extraña humareda negra de formas diabólicas, asombrose en extremo y parecía poner en duda la realidad de hechos tan verídicos, hubo de levantarse entre los circunstantes el famoso viajero Taleb ben-Sehl, quien confirmó el relato que acababan de escuchar, y añadió: "En efecto, ¡oh Emir de los Creyentes! ...

Las carreras del dolor

Ponte en marcha, si aún es posible ir. 
Llévate la blancura de las paredes, el cobre de los potes y los silencios del paseo en las avenidas. Llévate los visitantes del aburrimiento, los deseos ciegos y el dinero artificial de las risas. Me he curado de mi tristeza y he enterrado sus cenizas en la grava.
La rechacé y la sepulté en las piedras. Curado de mi esperanza de curarme, la llevo en mí como una inflamación del cerebro o una hinchazón de los párpados. 
Me he curado de tu amor. Ahora puedo vivir.

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