El ángel Gabriel y la buena intención

Una noche estaba Gabriel en el Sidrah, cuando oyó a Dios que pronunciaba palabras de conformidad. "Un servidor de Dios -se dijo Gabriel para sí- invoca al Eterno en este momento; pero, ¿sabe quién es él? Todo lo que puedo comprender es que este servidor, sin duda, tiene un mérito eminente, que su alma concupiscente está muerta y su espíritu vivo". Sin embargo, Gabriel quiso conocer a este feliz mortal; pero no lo encontró en los siete climas. Recorrió toda la tierra y las islas del mar; pero no encontró al que buscaba ni en la montaña ni en la llanura. Se apresuró a volver cerca de Dios y oyó otra vez una respuesta favorable a las mismas oraciones. En su extremada ansiedad, recorrió de nuevo el mundo. Esta vez tampoco vislumbró a este servidor y dijo: " ¡Oh Dios! indícame pues el camino que debe conducirme cerca de este servidor". "Dirígete -le respondió Dios- al país de Rum; ve a un cierto convento cristiano y allí lo encontrarás". Gabriel fue allí y  vio manifiestamente al hombre objeto de los favores celestiales. Ahora bien,-en aquel momento, este hombre invocaba a un ídolo.

El ángel Gabriel y la buena intención

Una noche estaba Gabriel en el Sidrah, cuando oyó a Dios que pronunciaba palabras de conformidad. "Un servidor de Dios -se dijo Gabriel para sí- invoca al Eterno en este momento; pero, ¿sabe quién es él? Todo lo que puedo comprender es que este servidor, sin duda, tiene un mérito eminente, que su alma concupiscente está muerta y su espíritu vivo". Sin embargo, Gabriel quiso conocer a este feliz mortal; pero no lo encontró en los siete climas. Recorrió toda la tierra y las islas del mar; pero no encontró al que buscaba ni en la montaña ni en la llanura. Se apresuró a volver cerca de Dios y oyó otra vez una

respuesta favorable a las mismas oraciones. En su extremada ansiedad, recorrió de nuevo el mundo. Esta vez tampoco vislumbró a este servidor y dijo: " ¡Oh Dios! indícame pues el camino que debe conducirme cerca de este servidor".

El mercader necio

Topé con un mercader que tenía ciento cincuenta camellos cargados y cuarenta esclavos como sirvientes. Una noche, en la isla de Kish, me llevó hasta su aposento. No descansó en toda la noche, pues estuvo profiriendo desatinos como: «Tengo un almacén en el Turquestán, tal mercancía se encuentra en la India, esto es el pagaré de tales tierras, este otro de tal género y este documento es de tal aval». Algunas veces decía: «Me gustaría viajar a Alejandría pues tiene un clima agradable». Para continuar: «No, que el mar del Magreb está muy agitado. ¡Oh, Sa’dí! Tengo a la vista un viaje que, si lo hago, pasaré el resto de mis días retirado».

El mal día del pescador

Un pez fuerte cayó en la red de un pescador débil. Este no podía sostenerlo, así que el pez acabó por vencerle, le quitó la red y se le escapó.

Un efebo fue a por agua a un torrente,

vino el agua y se lo llevó la corriente.

La red siempre traía un pez,

esta vez el pez se llevó la red.

No siempre el cazador trae una fiera,

deja que un día le hiera una pantera.

La literatura de ciencia ficción en el mundo árabe (segunda parte)

A diferencia de la cultura occidental y cristiana, que ha mantenido a lo largo de su historia una pugna entre la Fe y la Razón, la cultura árabe y la religión islámica, como ingrediente principal de la misma, nunca han mantenido, sino hasta época moderna, una batalla de similares características.

Desde el medievo, la tecnología y las diferentes ciencias, aplicaciones y campos del saber se integran en la Ciencias del Islam (‘Ulūm), desde la filología, la filosofía, el álgebra, la medicina, y otras. Lo hacen además con total naturalidad, ya que para los musulmanes el mundo en el que habitamos es una realidad que emana de Dios. Las diferentes interpretaciones para explicar el mundo, y cuales fueran los cambios de esquemas a los que se ven sometidos por parte de los eruditos y científicos, se integran en un plan divino. La creación, para Avicena, es fruto de la ciencia y de la actividad intelectual de Dios. Por tanto, la ciencia es una forma de conocimiento, y además de alcance universal (Cruz Hernández, 1981: 240). Es de todos conocido cómo la cultura árabe medieval no sólo colaboró en la recensión de la ciencia griega y de la antigüedad sino que la amplió en numerosos campos, como el de la medicina, el álgebra o la astronomía (Vernet, 1986).

La literatura de ciencia ficción en el mundo árabe (Primera parte)

A la hora de hacer un acercamiento al género de ciencia ficción en la literatura árabe moderna, es necesario establecer algunos criterios desde los que se parte, con el objeto de que el lector no especialista en esta literatura conozca el estado de la cuestión:

a) En los estudios occidentales (incluidos españoles) de literatura árabe moderna hay una completa omisión de este género, tanto de forma nominal como a la hora de mencionar obras que puedan adscribirse al mismo. Es decir, el género de ciencia ficción como tal no existe.

b) El interés por la literatura realista y de carácter histórico se ha impuesto desde el principio en los estudios de literatura árabe moderna. El investigador enfoca los estudios desde perspectivas que le son afines por circunstancias políticas o sociales. La atención, por ejemplo, a la producción narrativa realizada por mujeres y con el tema de la mujer como referente, o la novela histórica, es una muestra de este enfoque, al margen de la calidad de la que hacen gala numerosas obras de estos subgéneros narrativos.

Esta visión parcial alcanza un nivel más global y extenso, como ha reflejado el pensador palestino Edward Said a lo largo de su producción, y se extiende a otros campos y a la consideración que occidente hace del mundo árabe e islámico (Said, 2002).

c) En el campo de la literatura fantástica en sentido general los estudios se centran en:

— La literatura popular, donde se encuentran elementos fantásticos de la riquísima tradición árabe e islámica.

— El vasto corpus de Las Mil y Una Noches, que ha sido objeto de numerosas traducciones y estudios, incluidos los elementos de carácter fantástico.

— Los elementos fantásticos que se encuentran de forma puntual en la novela árabe y que obedecerían a los deseos de experimentación con nuevas técnicas narrativas (Holgado Cristeto, 2004: 122-124 y 88-95).

La aventura sin fin

Bienvenido, oh pájaro de agüero y mensaje alegre,

di, ¿qué noticias traes, dónde está el amigo, cuál es el amado?

¡Oh Dios!, que acompañe a esta caravana la gracia inicial,

hizo caer en la trampa al enemigo y al amado puso de nuestro lado.

La aventura entre el amado y yo no tiene fin,

pues fin no tiene lo que no tiene principio.

La flor superó el límite del orgullo, en un suspiro muestra tu rostro.

El ciprés presume y se excede, por Dios camina donairoso.

Mientras el bucle del amado anuda como un cíngulo,

vete, maestro, que el hábito para nuestro cuerpo ya no es lícito.

El ave de mi espíritu, que en el árbol del séptimo cielo cantaba,

por el lunar de tu rostro al fin ha caído en la trampa.

Mis ojos enfermos no concilian el sueño.

Anécdota sobre un criminal

Un hombre culpable de muchas faltas se arrepintió de ellas amargamente y volvió al recto camino. Su alma concupiscente recuperó fuerzas otra vez; anuló su penitencia y se entregó a sus malas inclinaciones. Así dejó de nuevo la buena vía y cayó en toda clase de acciones criminales. Más tarde, el dolor le apretó el corazón y la vergüenza lo redujo al estado más penoso.

Cuando su única posesión fue la desesperación, quiso arrepentirse de nuevo; pero no tuvo la fuerza. Día y noche, como los granos de trigo en la sartén, tenía el corazón lleno de fuego y lágrimas de sangre en los ojos. Con el agua de sus lágrimas quitaba el polvo que había manchado su camino.

La Poética y la Estética en la tradición persa (Primera parte)

Un viajero victoriano señaló una vez que Persia es un país donde la gente camina sobre alfombras de seda y habla el lenguaje de la poesía.

En la misma vena romántica, Irán ha sido llamado «la tierra de la rosa y el ruiseñor», símbolos estos, desde luego, de los arquetipos de «la Amada y el Amante», o de «la Belleza y el Amor», o, se podría decir, de «la Estética y la Poética» si interpretamos que en la literatura persa el símbolo de la rosa se refiere a la Estética y el de ruiseñor a la Poética.

La discusión inútil

Un seminarista eminente se puso a debatir con un incrédulo. En resolución, aquél no pudo argumentarle, se rindió y se marchó. Alguien le dijo: «Tú, con toda tu erudición y saber no has podido con un incrédulo». Respondió: «Mi ciencia es el Corán, los hadices y las máximas de los santos, y él no cree ni ha creído en éstas. ¿De qué me sirve a mí oír sus blasfemias?».

A quien no puedas argüir con Corán y hadices,

su respuesta es que no respondas a lo que dice.

Meditación del poeta

Autor: 

Cuando la espada de los sesenta años se cierne sobre la cabeza de un hombre, no le trae vino, pues ya está borracho por sus años. La edad ha puesto en mi mano un bastón en lugar de una rienda; mis riquezas se han disipado, la fortuna me ha dejado. Soy como un soldado colocado en un claro en lo alto de una montaña: ve llegar un ejercito inmenso, pero no puede tirar de la rienda de su caballo para hacerle volver y huir ante sus enemigos, aunque las puntas de sus lanzas toquen las pestañas de sus ojos.

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