LAS ENSEÑANZAS DE HURIYYA

 

Un día pensé en partir. Un jilguero

se posó en mi mano y se durmió.

Me bastaba con acariciar el pámpano de una

parra, deprisa,

para que ella supiera que mi copa estaba llena,

acostarme temprano

para que ella viera mi sueño y prolongara su noche para

velarlo,

que una de mis cartas llegara

para que ella supiera que mi dirección había cambiado

en el seno de las cárceles y que

mis días revoloteaban en torno a ella

y ante ella.

 

II

 

Mi madre cuenta mis veinte dedos de lejos.

Me peina con un mechón de su cabello dorado.

Busca en mi ropa interior a las mujeres desconocidas

y zurce mis calcetines rotos.

No he crecido en sus manos como deseábamos, ella y yo.

Nos separamos en la pendiente de mármol.

La literatura de ciencia ficción en el mundo árabe (segunda parte)

A diferencia de la cultura occidental y cristiana, que ha mantenido a lo largo de su historia una pugna entre la Fe y la Razón, la cultura árabe y la religión islámica, como ingrediente principal de la misma, nunca han mantenido, sino hasta época moderna, una batalla de similares características.

Desde el medievo, la tecnología y las diferentes ciencias, aplicaciones y campos del saber se integran en la Ciencias del Islam (‘Ulūm), desde la filología, la filosofía, el álgebra, la medicina, y otras. Lo hacen además con total naturalidad, ya que para los musulmanes el mundo en el que habitamos es una realidad que emana de Dios. Las diferentes interpretaciones para explicar el mundo, y cuales fueran los cambios de esquemas a los que se ven sometidos por parte de los eruditos y científicos, se integran en un plan divino. La creación, para Avicena, es fruto de la ciencia y de la actividad intelectual de Dios. Por tanto, la ciencia es una forma de conocimiento, y además de alcance universal (Cruz Hernández, 1981: 240). Es de todos conocido cómo la cultura árabe medieval no sólo colaboró en la recensión de la ciencia griega y de la antigüedad sino que la amplió en numerosos campos, como el de la medicina, el álgebra o la astronomía (Vernet, 1986).

TE QUIERO COMO AMA LA MUERTE

 

 

Más pesado,

Más bajo,

Cargo con mi experiencia y me marcho.

Mientras seas la cima del mundo,

Mientras la superficie de la tierra sea convexa,

Descenderé y me alejaré,

Descenderé y me alejaré.

Un día las arenas movedizas me engullirán,

Me hundiré poco a poco

En la oscura eternidad de tu amor,

Perderé el conocimiento,

Me esconderé de las miradas,

Las masas asistirán a la celebración de mi muerte,

Los aventureros y los poetas me envidiarán

Y tú

Arrojarás una nueva joya

Al cofre de tus mártires.

 

Te quiero,

No te arrepientas,

No tiendas la mano para socorrerme,

Permíteme quererte

Como ama la muerte.

Te quiero como ama la muerte.

EL MIEDO

 

 

El fuego se apagará en la chimenea,

La botella se vaciará,

El disco se parará,

Los invitados se marcharán,

Haremos juntos la cama

Y dormiremos juntos.

Te levantarás por la mañana,

Prepararás nuestro maravilloso café,

Los pájaros de tu apacible bosque cantarán en mi honor,

Me preguntarás: ¿te despiertas?

Temo que la muerte me sorprenda en mi sueño.

No, no me dormiré,

Velaré hasta la mañana amiga

Y observaré en tu rostro dormido

Los astros de nuestro mundo futuro.

ARDEN LAS PALABRAS

Autor: 

Poesía, inmortal cadáver, me aburres.

Líbano arde,

Brinca cual yegua herida al borde del desierto

Mientras yo busco a una chica robusta

Para rozarla en el autobús,

A un hombre de rasgos árabes

Para derribarlo en cualquier sitio.

Mi país se desploma,

Tiembla desnudo cual cachorro de león

Mientras yo busco un rincón retirado

Y a una aldeana desesperada para seducirla.

Diosa de la poesía

Que penetras en mi corazón cual cuchillo

Cuando pienso que compongo poemas

A una chica desconocida,

A un país mudo

Que come y duerme con cualquiera.

Puedo reírme hasta que la sangre

Fluya por mis labios.

Yo soy la flor letal,

El águila que golpea a su presa sin piedad.

Árabes,

Montañas de harina y placer,

Campos de balas ciegas,

¿queréis un poema sobre Palestina,

sobre conquista y sangre?

Yo soy un hombre extraño:

Tengo el pecho de lluvia

Y en mis ojos ausentes

Hay cuatro naciones heridas buscando su muerte.

Estaba hambriento,

Escuchando la triste música

Y dando vueltas en la cama cual gusano de seda

Cuando saltó la primera chispa.

Desierto: tú mientes.

¿Para quién es esta muerte púrpura

y la flor recogida bajo el puente?

¿Para quiénes son estas tumbas

inclinadas bajo las estrellas,

esta arena que nos das

cada año cual cárcel o poema?

Ayer regresó este héroe de labios delgados

Acompañado por el viento, los tristes cañones

Y su larga lanza brillando cual puñales desnudos.

Dadle un anciano o una prostituta,

Dadle estas estrellas y las arenas judías.

Allí

En medio de la frente

Donde cientos de palabras agonizan

Quiero la bala de gracia.

Hermanos,

He olvidado vuestros rasgos,

Aquellos seductores ojos.

¡Dios mío!

Cuatro continentes heridos en mi pecho.

Creía que conquistaría el mundo

Con mis ojos azules y mi mirada poética.

Líbano: mujer blanca bajo el agua,

Montañas de pechos y garras.

Grita, mudo,

Alza los brazos

Hasta que estallen las axilas

Y sígueme.

Yo soy el barco vacío,

El viento cubierto de campanas.

Sobre los rostros de las madres y los cautivos,

Sobre los versos y metros decadentes

Verteré fuentes de miel,

Escribiré sobre árboles o zapatos,

Rosas o muchachos.

Aléjate, desgracia,

Bello muchacho encorvado.

Mis dedos son largos cual agujas

Y mis ojos son dos héroes heridos.

Desde hoy no habrá versos.

Cuando te derriben, Líbano,

Y se acaben las noches de poesía y frivolidad

Dispararé la bala en mi garganta.

Pequeñas historias de Râbi’a.

“Un día la gente vio a Râbi’a corriendo apresurada con una antorcha en una mano y un cubo de agua en la otra; le preguntaron:

-Señora del Otro mundo, ¿a dónde vas? ¿Qué andas buscando?

Y ella contestó:

-Voy al cielo. Quiero prender fuego al Paraíso y apagar el fuego del Infierno. Así, Infierno y Paraíso desaparecerán y sólo quedará Aquel al que se busca. Entonces pensarán en Dios sin esperanza ni temor y, de este modo, Le adorarán verdaderamente. Pues, si no existiera la esperanza del Paraíso ni el temor al Infierno, ¿acaso no adorarían al Veraz? ¿No le obedecerían? ¿No le amarían a Él solo por Él solo?”

CIUDAD DEL ESPEJISMO

 

su tarde la quietud y las estrellas,

y su aurora una espera.

Los años se extienden ante nosotros: sangre y fuego,

les tiendo puentes

pero se vuelven un muro.

Y tú sigues en el abismo de tus profundos mares.

Me sumerjo sin tocarlos, me golpean las rocas,

descarnan las venas de mis manos, pido ayuda: "¡Wafiqa!

La criatura más cercana a mí eres tú, compañera

de los gusanos y las sombras".

Durante diez años he caminado hacia ti, amante que duermes

conmigo detrás de su muro, duermes en su mismo lecho,

y no tiene fin mi viaje

hacia ti, ¡ciudad del espejismo, destrucción de su vida!

Crucé Europa hacia Asia

mientras se ocultaba el día,

tú eres mi amante, ciudad alejada,

cerradas están sus puertas, tras ellas me detengo a escuchar.

La amada nocturna de San Juan de la Cruz se pudo haber llamado Laylà (segunda parte)

Embriagados por un amor que va más allá de los sentidos, Qays y estos legendarios enamorados islámicos perdieron la conciencia de sí mismos, dando una suprema lección de desasimiento a los místicos auténticos. También el persa Rumi ve concretamente cómo el contemplativo debe abrazar la «noche» metafórica que conduce a la intuición de la unidad esencial de Dios: «toma a Laylà sobre tu pecho, oh Machnún / la noche es el aposento del tawd [unidad de Dios], y el día es idolatría (shikr) y multiplicidad».  Rumi emplea, como muchos de sus correligionarios, un juego de palabras con el nombre femenino de Laylà, y, al hacerlo, no hace otra cosa que abrazar, simul- táneamente, la noche oscura de su propia alma. El cuerpo amado se le volatiliza en medio del abrazo y se le torna invisible: es un abrazo simultáneamente carnal y místico. 

Los poetas persas

Tal vez lo que más sorprende al viajero que se adentra en Irán sea descubrir cómo la poesía antigua está vigente y vive en la voz de los ciudadanos: obreros, taxistas, profesionistas, políticos y artistas saben y recitan poemas que fueron acuñados a partir del año mil. Es práctica común de los iraníes visitar los mausoleos de los poetas para leer sus versos y rendirles homenaje; los poetas son considerados, además de sabios maestros, verdaderos héroes culturales y orgullo de la nación. Se dice que el persa es la lengua de los mil poetas; sin duda lo es. Podríamos incluso decir que la poesía ha forjado la cultura persa. Es un factor de identidad que cruza grupos étnicos y clases sociales; refranes, dichos y anécdotas se desprenden de los textos de los poetas antiguos. De igual forma la música, la miniatura y la caligrafía siguen encontrando en la poesía su fuente de inspiración. ...

ABRAHAM Y EL ANGEL DE LA MUERTE

 Cuando el amigo de Dios estuvo en la agonía, no entró sin pena su alma a Azrail: "Retírate -le dijo-, y dile al Rey del

universo que no exija el alma de su amigo". Pero Dios altísimo dijo: "Si eres mi amigo, debes desear venir a encontrarme.

Habría que arrancar con la espada la vida del que sintiera darla por su amigo". Una persona que estaba presente dijo: " ¡Oh

 

EL MENDIGO ENAMORADO DE AYAZ

 Un mendigo se enamoró de Ayaz y esta noticia se extendió por todos lados. Cuando Ayaz iba a caballo por el camino, este

desgraciado, que estaba informado de ello, acudía.

    Cuando Ayaz, perfumado de almizcle, venía a la plaza, este libertino espiritual sólo lo miraba a él, como el jugador de

mazo mira a la bola. Contaron el hecho a Mahmud, a saber, que este mendigo estaba enamorado de Ayaz.

    Al día siguiente, cuando Ayaz apareció, este libertino acudió también, más enamorado que nunca. Miraba el rostro de

Ayaz; se hubiera dicho que el mazo iba a coger la bola. El sultán lo miró a hurtadillas y vio cómo el alma de Ayaz era como el

grano de cebada y el rostro de este hombre como el cascabillo que lo rodea. Vio que este mendigo tenía la espalda encorvada

como el mazo, que la cabeza le giraba como la bola del mazo y que iba errante por todos lados de la plaza, como la misma

bola. Mahmud lo llamó y le dijo: "Miserable mendigo, ¿quieres, pues, beber en la misma copa que el rey?" -"Aunque me

llames mendigo -respondió el derviche- no obstante no soy inferior a ti en el juego del amor. El amor y la pobreza van juntos;

el capital del amor es no tenerlo. Tú eres soberano y tu corazón está luminoso; pero, para el amor, es necesario un corazón

calcinado como el mío. Tú sólo tienes del amor un elemento más vulgar y eso es todo; ten paciencia pues un instante en el

dolor de la ausencia. A pesar de la unión de la que gozas, sabe tener el pie firme en el dolor de la ausencia, si verdaderamente

estás enamorado."

    El rey respondió: " ¡Oh, tú que estás sin noticias de la existencia! ¿Por qué pues miras la bola del mazo?" -"Es -respondió

el mendigo-, porque esta bola está en movimiento como yo y yo como ella. Ella conoce mi valor y yo el suyo; ambos hemos

caído en el mismo extravío. Existimos sin cabeza ni pie. Ella me conoce y yo la conozco y ambos podemos hablar del dolor

que el mazo nos hace experimentar; pero la bola es más feliz que yo, pues el caballo la toca de vez en cuando con el pie.

 

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