La luna

Me inclino ante Dios en señal de gratitud,

Y me doy cuenta de que la luna

Está haciendo lo mismo.

Me inclino ante Dios con gran felicidad,

 Y veo de dónde obtienen su luz Los soles

Y los niños Y mi corazón.

Me inclino ante el Amigo en una profunda reverencia

Y descubro un maravilloso secreto que viaja en el aire:

Todo este Universo está tan bendecido

Y divinamente enloquecido como Yo,

E igualmente perdido en este Maravilloso Baile Sagrado.

Querido mío, Después de un viaje tan, tan largo, ¡Dios ha liberado otra Alma!  

Todo lo que Hafiz quiere hacer ahora

Es abrir una bella Taberna Donde este vino sagrado

De la Verdad, Sabiduría y Amor de Dios

Te sea ofrecido libremente

Por siempre jamás. 

Oh, inclínate ante Dios con gratitud,

Y algún día Tú verás como La luna está haciendo lo mismo.

La anciana que quiere comprar a Jose

Cuentan que, cuando vendieron a José, los egipcios manifestaron una ardiente simpatía hacia él. Como se presentaron muchos compradores, quisieron tener cinco o diez veces más que su peso en almizcle. Entre ellos se encontraba una anciana, con el corazón ensangrentado y que había hilado en esta ocasión algunas madejas de hilo. Toda emocionada llegó al centro de la reunión y dijo al corredor: "Véndeme a este cananeo; estoy loca por el deseo que experimento de poseer a este joven. He hilado diez madejas de hilo para pagar su precio; cógelas y véndeme a José, poniendo tu mano sobre la mía sin decir palabra".

El corredor se echó a reír y le dijo a la vieja: "Tu simplicidad te pierde; esta perla única no es para ti. En esta asamblea ofrecen cien tesoros para pagar su precio; ¿cómo, pues, querrías tú pagarlo con tus bolas de hilo? -"Yo sé bien -respondió la vieja-, que nadie me vendería a este joven por tan poco; pero me basta con que mis amigos y mis enemigos puedan decir:

`Esta anciana ha sido del número de los compradores de este joven',".

El teólogo en la agonía

Un sabio teólogo estaba agonizando y dijo: " ¡Ah! si yo hubiera sabido antes cómo -es más alto grado de honor el escuchar que el hablar, ¿habría perdido mi vida discurriendo? Aunque un discurso fuera tan excelente como el oro, más vale no decirlo". La acción es lo propio de los hombres dignos de su misión. ¿No vale más entregarse al amor divino en lugar de hablar? Si tuvieras, como los hombres espirituales, un tierno amor por la religión, encontrarías cierto lo que digo. Puesto que tu corazón es extraño al amor, todo lo que digo te parece fabuloso. Adormécete con abandono como el hombre que rechaza las prácticas exteriores de la religión y te recitaré mis agradables relatos. Si Attar te los ha hecho que te hayan encantado, el sueño te vendrá agradablemente. Duerme, pues, cómodamente: he derramado bastante aceite sobre la arena; he atado bastantes perlas al cuello de los cerdos. Bastante a menudo he preparado esta mesa y sin embargo me he levantado hambriento de ella. Bastante a menudo he amonestado a mi alma y no me ha obedecido; le he dado medicamentos y no le han hecho efecto.

Ibn ‘Arabî: La imaginación, el Mundo Imaginal y su escatología (primera parte)

Ibn Arabi es llamado al-Shaykh-al-Akbar, el “Maestro Supremo”, así como Mohyi’i-Dîn, “Vivificador de la religión”. Abû Bakr Mohammad ibnal-‘Arabî (abreviado como Ibn ‘Arabî en este libro) nace en Murcia en 1165 (560 de la Hégira) y fallece en Damasco en 1240 (638 H)1. Su obra es descomunal, no hay otro calificativo para un legado de más de cuatrocientos escritos que van desde un opúsculo hasta su obra cumbre, al-Fotûhât al-makkiya (Iluminaciones de La Meca) que si se editase al completo superaría varios miles de páginas.  Esta enciclopedia del esoterismo islámico, junto con su libro Fosûs al-Hikam (Las gemas de las sabidurías de los profetas o Los engarces de la Sabiduría), fueron obras totalmente inspiradas, nos dice Ibn ‘Arabî, letra por letra. 

Reunión de los pájaros

  Sé bienvenida, ¡oh abubilla! tú que has servido de guía al rey Salomón, tú que fuiste realmente la mensajera de todo valle; oh tú que has llegado felizmente a las fronteras del reino de Saba. Tú cuyo coloquio gorjeante con Salomón fue excelente, tú fuiste la confidente de los secretos de Salomón y obtuviste así una corona de gloria. Para ser la digna confidente de los secretos de Salomón, debes encerrar y mantener en los hierros al demonio "que quiere tentarte". Cuando hayas actuado así, entrarás detrás de la cortina del palacio de Salomón.

   Oh aguzanieve, que te pareces a Moisés, levántate y haz resonar tu canuto para celebrar el verdadero conocimiento de Dios. Como Moisés, has visto el fuego de lejos; eres realmente un pequeño Moisés en el monte Sinaí. Aléjate del brutal Faraón; llega en el tiempo propicio y sé el pájaro del monte Sinaí. Mi discurso es sin palabras, sin lengua y sin ruido; compréndelo sin inteligencia y óyelo sin oído. 

Círculos

La luna es de lo más feliz

Cuando está llena.

Y el sol siempre se ve

Como una moneda de oro sin estrenar.

Que acaba de ser pulida

Y puesta a volar

Por un Beso juguetón de Dios.

Y hay tanta diversidad de frutas

Que cuelgan llenitas y redondas

De ramas que asemejan las manos de  un escultor.

Anécdota sobre Nizam Ul Mulk

Cuando Nizam ul-Mulk estaba en la agonía, dijo: " ¡Oh Dios mío! me voy entre las manos del viento".

     ¡Oh creador y Señor mío! te ruego por los méritos de aquel que yo sé, haber dicho tus palabras, de aquel cuya ley he

aceptado, que he mantenido y amado. Me he dedicado a comprar tu favor y nunca te he vendido por nadie; he buscado con

diligencia

El joyero

Si un hombre ingenuo y desesperado

Trajese al único joyero del pueblo,

Una piedra preciosa Deseando venderla,

Los ojos del joyero Comenzarían a juguetear,

Como lo hace la mayoría de los ojos en el mundo cuando te miran. 

El rostro del joyero se mostraría sereno.

Él no querrá revelar el verdadero valor de la joya,

Sino que intentará mantener al hombre cautivo en su miedo y avaricia

Mientras calcula

El precio de la operación.

Pero un solo momento conmigo, querido mío,

Te mostrará Que no existe nada,

Nada Que Hafiz quiera de ti.

Cuando estás sentado frente a un maestro como yo, Incluso si eres un desastre,

Mis ojos cantan con Emoción-

Ellos pueden ver tu Valor Divino.

A la luz de la luna

La luna está radiante, luciérnaga brilla, el sueño pocas veces se interrumpe, sin embargo, la aflicción por este suerte descuidada interrumpe el sueño en mis ojos cansados.

El amanecer se yergue apesadumbrado conmigo, la mañana me urge a anunciar su arribo.

Oh, qué pena, una espina interior me detiene en mi ruta.

Brota una delicada rosa, que planté con mis manos y regué con mi vida, sus espinas se rompen dentro de mí.

Busco torpemente alrededor para abrir una puerta esperando inútilmente encontrar a alguien, un conglomerado de paredes y puertas se derrumba sobre mi cabeza.

La luna está radiante, la luciérnaga brilla, las llagas marcan un camino distante.

De pie ante la aldea un hombre singular, una mochila sobre su espalda, la mano sobre la aldaba, murmura: "La preocupación por esta suerte hace perder el sueño a mis ojos cansados".

El Sultán Mahmud y el ídolo de somnat

El ejército de Mahmud encontró en Somnat el ídolo llamado "Lat". Los hindúes se apresuraron a ofrecerle, para salvarlo, diez veces su peso en oro; pero Mahmud rechazó firme mente el venderlo e hizo encender un gran fuego para quemarlo. Uno de sus oficiales se permitió decirle: "No conviene destruir este ídolo, más vale aceptar lo que proponen y coger el oro que ofrecen". -"Yo temo -respondió Mahmud-, que el día de las cuentas supremas el Creador diga, ante el universo reunido: Escuchad lo que han hecho Azar y Mahmud: el primero ha esculpido ídolos y el segundo los ha vendido'."

Cuentan que cuando Mahmud hizo prender fuego al ídolo de los adoradores de fuego, salieron del interior de la estatua cien manns de piedras preciosas y Mahmud obtuvo así gratuitamente lo que era deseado. Mahmud dijo entonces: "Lat merecía este trato y Dios me ha recompensado mi acción"...

Hablar del dolor

Regresa, porque mi rostro es amarillo como las hojas del otoño

Con tus recuerdos, el compañero de mi corazón es un aliento frío

Si yo he vuelto a tí, es debido a mi necesidad

Si te produzco un dolor de cabeza, es debido a mi dolor

Entre los peregrinos del amor en esta llanura solo las lágrimas rojas son los verdaderos caminantes.

¿A quién se puede hablar del terreno de mi pensamiento, de tales gritos desconcertados, de furia y batallas sangrientas? 

Mi simpatizante y mi fiel compañero es solo el dolor

Pero salvo el dolor, ¿quién supo qué tipo de hombre fue este?...

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